mayo 18, 2026

Una declaración de LID Perú

La Izquierda Diario Perú, vocero de la corriente dirigida por el PTS argentino, hizo pública el 8 de abril una declaración previa a las elecciones presidenciales y parlamentarias, que es posible responder mediante la idea marxista de que sin verdadero análisis clasista no es posible arribar a conclusiones clasistas, revolucionarias.  

Los partidos estalinistas como el PC peruano, no actúan con “incomprensión de clase” como allí se asegura, actúan con traición a su origen de clase, regidos siempre por una política ultra-oportunista en defensa de los apetitos económicos y sociales de sus dirigencias y sus burocracias sindicales. El PC, Patria Roja y otros vestigios del reformismo del siglo pasado, acabaron reconvertidos en abiertos defensores de programas liberales que podrían ser denominados keynesianos, si no fuera porque son tan solo parcialmente keynesianos. 

Y en relación a nuevos agrupamientos autocalificados “de izquierda”, es un sinsentido hablar sobre su incapacidad para la “independencia de clase”, como hace la declaración, pues son movimientos pequeñoburgueses electoralistas (Tierra y Libertad, Nuevo Perú, Perú Libre) y no organizaciones originadas en función de las luchas del movimiento obrero y de masas. Casos extremos constituyen membretes como Juntos por el Perú, Ahora Nación, Partido del Buen Gobierno y Primero la Gente, cuyos creadores, Simon/Sánchez, López Chau, Nieto y Pérez Tello, fueron en su momento altos políticos vinculados al Apra, a Kuczynski o al gobierno neoliberal de Castillo. Se trata de camarillas burguesas conectadas, por ejemplo, con cierto sector de activistas populares por medio de un arribismo clasemediero (Juntos por el Perú) o por medio de la burocracia sindical de la CGTP a través del PC (Ahora Nación). 

Visto ello, es insólito que LID Perú califique a todo ese espectro de “izquierda reformista”, afirmando que “no se deciden a romper con el orden existente” o que “renuncian a la autonomía histórica de los explotados”, como si se tratara de la izquierda estalinista o socialdemócrata latinoamericana del s. XX, que defendía un real estatismo capitalista para no adoptar una política revolucionaria. (En el colmo de la incoherencia, el movimiento Obras del reaccionario potentado radiotelevisivo Belmont es incluido en el listado). No, no estamos ante esa pasada izquierda. La de hoy es una seudoizquierda, expresión de círculos pequeñoburgueses y políticos burgueses, parcial pero notoriamente adherentes al neoliberalismo, asustados por las consecuencias que para sus propias fracciones de clases han representado las políticas ultra-neoliberales de los últimos 35 años.

En el mismo documento LID Perú plantea un programa de acción bajo el título Plan de Lucha, dejando de considerar una serie de objetivos fundamentales para un programa revolucionario, como son el desconocimiento de la deuda externa, la eliminación de los privilegios militares y eclesiásticos, la expropiación de todas las transnacionales y la ruptura con todas las instituciones imperialistas, la expropiación general de la gran burguesía, la estatización del comercio exterior, la lucha por la construcción del partido revolucionario de los trabajadores y de su Internacional comunista, y, desde luego, la lucha por un Gobierno Obrero, Campesino y Popular producto de una revolución socialista. 

No asumir un programa de acción en toda su coherencia anticapitalista significa, en última instancia, mantenerse en el reformismo radical hacia el Estado burgués, como queda probado con la consigna que corona ese programa propuesto, cual es la Asamblea Constituyente Libre y Soberana; una demanda demo-burguesa que no expresa la experiencia de las masas con la seudodemocracia desde 1980, a excepción del período 1992 – 2000, casi cuatro décadas, con una población hoy bastante decepcionada del régimen político de la clase dominante, manifestada en los actuales índices de ausentismo electoral (26 %) y voto blanco/nulo (17 %). Este estado de la conciencia social actual es además generalizable al conjunto de América Latina.

“Cuando las consignas democráticas se introducen sin un suficiente sustento en el nivel de conciencia y organicidad del movimiento de masas no contribuyen a movilizar revolucionariamente, sino al contrario, a desorientarlo de sus intereses históricos de poder, a mantenerlo subordinado a la política pequeñoburguesa institucional y al oportunismo de las burocracias.” (RP, 25.05.25). Como Trotsky enseñaba, las consignas e instituciones democráticas mal empleadas podían muy bien convertirse en un “dogal democrático echado al cuello del proletariado”; una demanda, en este caso la Asamblea Constituyente, cuyo uso y materialización va a representar mayor frustración y desmoralización en la vanguardia de la clase y en la clase en general. De hecho, ya todas las capillas seudoizquierdistas vienen agitándola durante años. En lugar de esta, los objetivos orgánicos clasistas se resumen en levantar una Asamblea Popular Nacional que exprese a todos los sectores trabajadores de la ciudad y el campo, en un proceso de construcción de poder que enfrente y termine derrotando estratégicamente a las instituciones del enemigo burgués, mediante la insurrección socialista.

18.05.26

Revolución Permanente   


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