octubre 06, 2026

Gobierno y oposición reaccionarios

Cuatro son las bancadas opositoras burguesas y neoliberales en el Congreso, insólitamente a veces llamadas “bancadas de izquierda” por la gran prensa. De ellas, Juntos por el Perú es la única cuyo programa electoral llevaba algún atisbo de keynesianismo y en su política inicial hacia el régimen fujimorista busca algún nivel de emplazamiento. Es el caso de la frustrada censura al Ministro del Interior Astudillo -responsable inmediato del grado de violencia criminal en las calles- que no secundó la mayoría de los diputados de Obras, Buen Gobierno y Ahora Nación, liderados, como se sabe, por el potentado de prensa Belmont, exalcalde neoliberal de Lima, por Nieto, exministro de Cultura y Defensa de Kuczynski y por López Chau, exdirector del BCR elegido por el Congreso de mayoría aprista en el segundo gobierno de Alan García y que este año juró su cargo de senador mostrando el saludo aprista del brazo en alto.

César Astudillo ha sido Comandante General del Ejército (2017 – 2018) y Jefe del Comando Conjunto de las FFAA (2018 – 2021) durante los gobiernos de Kuczynski, Vizcarra, Merino y Sagasti. En la supuesta otra orilla, Roberto Sánchez es el Presidente de Juntos por el Perú desde el 2017, luego de haber sido su Secretario General cuando se denominaba Partido Humanista (2014 – 2017), del que era dirigente cuando su líder Yehude Simon ejercía como Premier de Alan García (2008 – 2009) y congresista de Kuczynski (2011). Como se puede constatar, este tipo de gobiernos y oposiciones pertenecen siempre al gran campo de la reacción burguesa.

Seguidamente una lista de otros once ministros fujimoristas con suficiente trayectoria gubernamental reaccionaria:

-  Juan Sheput (Trabajo), exministro de Trabajo con Toledo (2005), alto dirigente del partido PPK (2015 – 2020) y exministro de Trabajo con Manuel Merino (2020).

- Juan Carlos Requejo (Producción), viceministro de Pesquería (2014 – 2016) con Humala, viceministro de Pesca y Agricultura (2016 – 2018) con PPK y Vizcarra, viceministro de Trabajo (2020) con Vizcarra y viceministro de Mypes e Industria (2025 - 2026) con Jerí y Balcázar.

-  José Antonio Chang (Educación), exministro de Educación (2006 - 2011) y Premier (2010 – 2011) con Alan García.

-  Rogers Valencia (Comercio Exterior y Turismo), viceministro de Turismo (2016) con PPK, exministro de Comercio Exterior y Turismo (2018) y de Cultura (2018 – 2019) con Vizcarra.

- Guillermo Shinno (Energía y Minas), viceministro de Minas (2012) con Humala, gerente general de Minera Aruntani, directivo de Minera Apumayo y Minera Anabi.

-  Rafael Belaúnde (Defensa), ministro de Energía y Minas (2020) con Vizcarra.

-  Ernesto Álvarez (Justicia), alto dirigente del PPC, Premier de Jerí (2025).

-  María Seminario (Mujer), Directora de Promperú (2006 – 2010) y viceministra de Turismo (2010 – 2011) con Alan García, ministra de Comercio Exterior y Turismo (2020) con Merino.

-  Vladimiro Huaroc (Ambiente), Alto Comisionado de la Oficina Nacional de Diálogo (2012) con Humala, candidato de Fuerza Popular a la segunda vicepresidencia (2016), gerente de Gestión Social de Petroperú, nombrado por el Directorio de la empresa (2016

  - Carlos Espá (Exteriores), Director de Comunicaciones de la Embajada de los EEUU (2008 – 2023).

-   Rafael Rey (Transportes), exministro de Producción (2006 – 2008) y Defensa (2009 - 2010) con Alan García. Director del BCR elegido por el Congreso de mayoría fujimorista (2016 – 2021). Recientemente ha renunciado al cargo.

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Dos textos del Grupo Obrero Comunista (Aotearoa/Nueva Zelanda) sobre Rusia y China - abril 2008 y junio 2014

Fragmento de “¿Es Rusia imperialista?”, 06.10.2008, en el blog “Vivir el marxismo”:


“Rusia hoy

Si Rusia era imperialista en 1915, a pesar de su relativo atraso y su «red de relaciones sociales precapitalistas», el predominio del capital financiero francés (y en menor medida alemán y británico), y dado que la fusión del capital bancario e industrial bajo el control político del Estado estaba en pleno desarrollo, ¿podrían encontrarse estas mismas características en la Rusia actual, donde el capitalismo se ha restaurado y el Estado ruso desempeña un papel central en la organización de la economía? ¿Es Rusia una semicolonia, un Estado capitalista independiente o un Estado imperialista?

El factor crítico no es la inversión extranjera directa masiva ni la extracción de plusvalías por parte de otros imperialistas en Rusia. Tampoco es el carácter monopolístico de las corporaciones. Ni la centralidad del Estado. Ni la extracción de plusvalía dentro de la propia Rusia. Estas son características de todas las economías capitalistas en la época del imperialismo, especialmente de los países semicoloniales más débiles. El factor crítico es la sobreproducción de capital en Rusia, que plantea un problema de oportunidades insuficientes para la inversión rentable y que exige la exportación del capital excedente al extranjero, a los protectorados y semicolonias de Rusia, así como a otras potencias imperialistas, para recuperar las plusvalías.

El indicador clave para determinar si Rusia es imperialista hoy en día es su exportación neta de capital (y el retorno neto de excedentes de ganancias)

Según un informe de investigación del Deutsche Bank titulado "La inversión rusa en el exterior" (abril de 2008):

“En los últimos años, las multinacionales de mercados emergentes se han expandido cada vez más en el extranjero para mejorar su competitividad, es decir, su capacidad para sobrevivir y crecer maximizando sus beneficios. Esto se logra mediante la reducción de costos, la mejora de la eficiencia, la aplicación de nuevas tecnologías y el acceso a nuevos mercados y recursos.”

La exportación de capitales a los estados de la CEI de Asia Central, donde Rusia desempeña un papel dominante en la explotación de petróleo y gas, se ha extendido a Europa, Norteamérica y África. En los estados más grandes de la CEI, como Kazajistán y Turkmenistán, los recursos de petróleo y gas son extraídos por empresas conjuntas multinacionales y la mayor parte se exporta a través de Rusia. En otras palabras, Rusia ha logrado mantener su posición dominante en las ex repúblicas soviéticas de Asia Central a pesar de la independencia de estos estados y la apertura de sus economías a la inversión extranjera.

Según el Deutsche Bank:

“La expansión de las corporaciones rusas comenzó principalmente a los países miembros de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) en la década de 1990, extendiéndose posteriormente a los mercados desarrollados y continuando en África más recientemente. Las corporaciones rusas establecieron una posición destacada cerca de su mercado de origen debido a los vínculos ya existentes en la Unión Soviética, así como a la falta de inversores extranjeros de otros países. Armenia, Bielorrusia y Uzbekistán han representado la mayor parte de los flujos de inversión extranjera directa (IED) rusa hacia la CEI. Ejemplos de inversión rusa en la CEI incluyen al proveedor estatal de energía RAO UES, que ha invertido en cadenas de distribución de energía en Armenia, Georgia, Moldavia y Ucrania. Además, Gazprom controla activos de infraestructura en Kazajstán y Moldavia. Asimismo, los proveedores rusos de servicios de telecomunicaciones móviles compiten por el liderazgo en la CEI, habiendo invertido 1.380 millones de dólares en fusiones y adquisiciones desde 2001 y representando el 40% del mercado de telefonía móvil de la CEI. Sin embargo, la proporción de flujos de inversión directa rusa hacia los Estados miembros de la CEI muestra una tendencia a la baja: cayó a un promedio del 12% en el período 2004-2006 desde el 59% en 1997-99. Al mismo tiempo, es probable que estas cifras deban interpretarse con cautela, dado su considerable volatilidad. En 2004, Uzbekistán recibió el 85% de la inversión total en la CEI, mientras que Armenia representó el 78% en 2005. En 2006, los flujos de IED parecen haberse distribuido de manera más equitativa, con Tayikistán representando el 39%, Kazajstán el 33% y Ucrania el 26% de la inversión total en la CEI. En general, el fuerte crecimiento económico en la CEI debería convertirla en un mercado atractivo para la inversión directa rusa en el futuro.”

Bajo el mandato de Putin, el Estado ruso está asumiendo un papel protagónico en prácticamente todos los sectores de la economía. En el sector del petróleo y el gas, el Estado posee más del 60% de la industria, y las grandes empresas, Gazprom y Rosneft, son de propiedad mayoritariamente estatal. Si bien esto no es determinante por sí solo, la mayoría de los proyectos de petróleo y gas son empresas conjuntas (JV) donde las empresas rusas tienen el control y la mayor parte de la plusvalía, mientras que los operadores extranjeros son accionistas minoritarios que aportan nueva tecnología. Además, las principales petroleras rusas han intercambiado acciones o se han fusionado con empresas extranjeras para obtener participación en los mercados de refinación y distribución y acceder a nuevos recursos en el extranjero. Actualmente, Rusia tiene un PIB superior a los 2 billones de dólares y ocupa el sexto lugar entre las economías más grandes del mundo. Sus reservas de divisas rondan los 60 mil millones de dólares, ocupando el tercer lugar a nivel mundial. Pero, aún más importante, su inversión extranjera directa (IED) saliente asciende a unos 200 mil millones de dólares, cifra superior a la IED entrante, que ronda los 200 mil millones de dólares. Sin embargo, dos tercios de la IED entrante corresponden a operaciones de ida y vuelta, con capital ruso que regresa a través de Chipre y Luxemburgo, buscando obtener mayores beneficios que los que podría obtener en el extranjero. (Kari Hiuhto, 'Los magnates rusos realizan las mayores inversiones extranjeras directas'. BBC, 26/2/08.)

Conclusiones

Es importante señalar que el análisis de Lenin en “El imperialismo…” amplía el análisis de Marx sobre el capitalismo en “El Capital”. La producción de valor y plusvalía sigue siendo la base del desarrollo capitalista. Lenin aplicó las leyes del movimiento que Marx esbozó en la Ley general de la acumulación capitalista en “El Capital” 1 y que argumentó en “El Capital” 1, 2 y 3, al nivel concreto y complejo de la realidad que Marx había previsto en sus obras inconclusas sobre el Estado, el mercado mundial y las relaciones internacionales.

En “El Capital” 3, Marx argumentó que la expansión del capitalismo en las colonias crearía oportunidades para el intercambio desigual, pero que pronto daría lugar a la igualación del capital y a la aplicación de la ley del valor, y por ende, al desarrollo normal del capitalismo. Marx plantea esta idea en “El Capital” 3, donde el nivel de análisis abarca múltiples capitales, pero donde aún no se aplica el papel de la competencia al funcionamiento real del mercado mundial. Así, para Marx, el colonialismo/imperialismo no puede eludir las leyes de la dinámica ni rescatar al capitalismo de su destino como modo de producción transitorio, es decir, transitorio hacia el socialismo. Extender su análisis a la compleja realidad concreta no alteraría ni podría alterar estas leyes históricas.

Lenin parte de este análisis y demuestra sus conclusiones en el ámbito del mercado mundial. “El imperialismo…” constituye una prueba empírica de la teoría de Marx, concluyendo que representa la etapa más avanzada del capitalismo en la transición hacia el socialismo. Esto se debe a que la premisa de la competencia, planteada y mantenida como constante por Marx en “El Capital”, una vez liberada y observada en la realidad concreta, fue suplantada por el monopolio. El mercado, como mecanismo de asignación de capital, pasó a estar dominado por el centro de poder concentrado en manos de las instituciones de valor centralizado: el capitalismo monopolista de Estado. Esto significó que la competencia se trasladó del mercado a la esfera política de las relaciones internacionales entre Estados rivales. Lo que Marx consideraba una característica de la infancia del capitalismo, y una aberración en su madurez, el monopolio, se convirtió en la condición terminal del capitalismo en su etapa final.

El mercado mundial queda entonces subordinado a las relaciones internacionales entre estados de distinto poder. Las grandes potencias imperialistas son estados opresores que dominan política y económicamente a los países oprimidos. Es la dominación política de estos últimos la que determina si la plusvalía generada en ellos se acumula internamente o se exporta como «beneficios excedentes». En la mayoría de los casos, el carácter de un país en particular puede determinarse fácilmente.

En el caso de Rusia, como he argumentado anteriormente, la respuesta es más difícil debido a su estatus "único" previo a la revolución, y se complica aún más por su aislamiento del mercado mundial capitalista durante el período comprendido entre la revolución y la restauración del capitalismo en 1992. Sin embargo, Rusia no solo ha restaurado el capitalismo, sino que ha logrado mantener dentro de su esfera de influencia a las antiguas repúblicas socialistas más ricas en recursos. En ese sentido, ha forjado una esfera de influencia para su renovada expansión imperialista sobre la base de sus estrechos lazos dentro de la URSS, sin tener que competir directamente por la redistribución de la esfera de influencia de sus potencias imperialistas rivales. Ha utilizado este imperio en sus fronteras para construir una base económica para una agresiva expansión hacia las esferas de influencia de la UE y EE. UU., y más allá, hacia esos territorios centrales del imperialismo. El imperialismo ruso ha regresado con fuerza.”

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Fragmento de “¿Por qué Rusia y China son potencias imperialistas y no semicolonias capitalistas?”, 25.06.2014, en el blog “Vivir el marxismo”:


“Desarrollando la teoría de Lenin y Trotsky sobre la Rusia postsoviética y China

En la actualidad, se debate intensamente si Rusia y China son potencias imperialistas. Esto surge al hacerse evidente que las principales guerras locales y regionales del mundo, como la de Ucrania, son en realidad guerras subsidiarias entre las potencias imperialistas establecidas, lideradas por Estados Unidos, y las emergentes Rusia y China. Con el rápido auge de la rivalidad interimperialista entre los bloques liderados por Estados Unidos y China, esta cuestión se ha vuelto urgente, ya que implica una política de derrota para ambos bandos si son imperialistas, o la defensa de Rusia y/o China si no lo son. A diferencia de gran parte de la izquierda, que considera que los antiguos debates sobre los estados obreros ya no son relevantes, aquí sostenemos que las diferencias fundamentales surgidas en torno a los estados obreros hace casi un siglo persisten en la política revisionista del siglo XXI de las nuevas generaciones de mencheviques, que sustituyen la agencia revolucionaria del proletariado por la pequeña burguesía.

El enfoque habitual de los leninistas-trotskistas consiste en aplicar los criterios de Lenin del “imperialismo, la fase más avanzada del capitalismo”, que esencialmente se reduce a la sobreproducción de capital en las grandes potencias, la cual requiere la exportación de capital a colonias y semicolonias para aumentar la tasa de ganancia interna. El argumento se remonta a “El Capital” de Marx para establecer los fundamentos de la teoría y avanza para determinar si esta se aplica a Rusia y China en la actualidad. El problema, por lo tanto, se plantea en términos de si Rusia y China son imperialistas hoy en día según los criterios de Lenin. Sin embargo, una segunda pregunta importante que surge de este enfoque no es solo "si" esto es así, sino "cómo". Esto se debe a que, para ser coherentes con la teoría de Lenin, es necesario explicar más que la teoría que sustenta la exportación de capital y si Rusia y China cumplen con estos criterios. Lenin, además de explicar el auge del imperialismo, también argumentó que el mundo se había dividido entre las potencias imperialistas. Algunos han interpretado esto como que no hay espacio para que surjan nuevas potencias imperialistas, ¡y mucho menos antiguos estados obreros!

En resumen, la teoría de Lenin se basa en “El Capital” de Marx para postular el imperialismo como una etapa necesaria del capital financiero, derivada de su inherente tendencia a la crisis. Impulsadas por crisis de sobreproducción de capital interno que las llevan a exportar capital para acceder a materias primas y mano de obra baratas, las potencias imperialistas rivales se reparten el mercado mundial. A partir de ese momento, el mercado mundial solo puede ser redistribuido entre estas potencias mediante el comercio, las guerras políticas y militares, hasta que estas produzcan revoluciones capaces de derrotar al imperialismo y propiciar la transición del capitalismo al socialismo.

Por lo tanto, se deduce que la teoría no contempla el surgimiento de nuevas potencias imperialistas que escapen de la servidumbre colonial o semicolonial. Carecen de la condición previa para tal transición; es decir, carecen de una auténtica independencia política y económica del imperialismo. Son estados oprimidos y, como tales, seguirán oprimidos por una u otra potencia imperialista. Así pues, no solo debemos desarrollar la teoría de Lenin para explicar el surgimiento de Rusia y China como potencias imperialistas, sino que debemos demostrar «cómo» esto es posible. En este proceso, podemos desmantelar todas las teorías rivales que llegan a conclusiones falsas basadas en un método no marxista ni dialéctico, es decir, un método ecléctico y empirista burgués.

Primero debemos demostrar que la teoría de Lenin, al estar fundamentada en el método marxista, es lo suficientemente sólida como para explicar por qué Rusia y China pueden emerger como naciones imperialistas en la etapa final de la época imperialista. Es decir, lejos de ser excepciones a la regla, la confirman: que, en la época del imperialismo, solo los Estados-nación que han llevado a cabo revoluciones nacionales exitosas y se han independizado del imperialismo son capaces de transitar hacia este. La medida de la independencia no es la independencia política del neocolonialismo, sino la independencia económica obtenida mediante la expropiación de la propiedad imperialista y de la propiedad de la burguesía nacional compradora que actúa como agente del imperialismo.

La época imperialista

Podemos ilustrar esto brevemente repasando la historia de los estados imperialistas que existían cuando Lenin escribió “El imperialismo: fase superior del capitalismo”. Según su definición, los estados imperialistas son estados opresores que extraen superganancias de los estados oprimidos. Aquí mostraremos que aquellos que se volvieron imperialistas, como España, Italia, Gran Bretaña, Japón, Rusia y Estados Unidos, heredaron territorios precapitalistas y se expandieron mediante guerras de independencia o conquista. Todos estos países eran imperialistas en 1914. Se repartieron el mercado mundial y, desde entonces, ninguna colonia o semicolonia que haya logrado su "independencia política" ha conseguido liberarse del imperialismo, a menos que esa revolución fuera más allá de la revolución democrática burguesa y expropiara a la burguesía. Rusia es el caso clásico de una revolución obrera en la que la burguesía fue expropiada. Menos claras son las revoluciones nacionales posteriores a la Segunda Guerra Mundial en China, Vietnam y Cuba, que terminaron expropiando a la burguesía solo porque esta se negó a firmar la paz con un gobierno predominantemente campesino.

Aquellas colonias y semicolonias que sufrieron revoluciones nacionales que no lograron expropiar la propiedad capitalista e imperialista han permanecido como países oprimidos, sin haber conseguido liberarse del imperialismo. Dado que muchos consideran a algunos de ellos imperialistas (o subimperialistas), es importante demostrar por qué esto no puede ser así. Esta cuestión ha surgido principalmente en relación con los BRICS, es decir, el grupo formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Estos estados se agrupan porque, superficialmente, parecen similares. Son grandes países en desarrollo o emergentes que ejercen cierta influencia económica regional y exportan capital. Por esta razón, no solo Rusia y China parecen tener rasgos tanto semicoloniales como imperialistas, sino también India, Brasil e incluso Sudáfrica. Sin embargo, según los criterios de Lenin, solo Rusia y China cumplen con los requisitos, ya que son los únicos que tienen una historia de luchas de liberación nacional que expropiaron a la burguesía. India, Brasil y Sudáfrica nunca culminaron sus revoluciones nacionales y, por lo tanto, nunca alcanzaron el nivel de independencia de las potencias imperialistas existentes que les permitiera transitar hacia el imperialismo. Es decir, la acumulación de capital en esos países fue expropiada en gran medida por las potencias imperialistas, lo que les impidió desarrollar sus fuerzas productivas hasta el punto de provocar crisis de sobreproducción que derivaron en la exportación de capital.

Rusia y China son diferentes

En marcado contraste, Rusia y China sí completaron sus revoluciones nacionales para romper con el imperialismo hasta un punto suficiente para desarrollar las fuerzas productivas más allá de lo posible en una semicolonia capitalista. La única explicación posible para el crecimiento económico de Rusia y China fuera de la economía capitalista global es que eran economías planificadas poscapitalistas que acumularon un excedente social. Lo que distingue a Rusia y China del resto de los BRICS es su independencia como economías poscapitalistas, fuera de la esfera de influencia de cualquier potencia capitalista existente, lo que permitió a estos estados obreros degenerados desarrollarse independientemente de la ley del valor. Sin embargo, al mismo tiempo, su aislamiento casi total del mercado capitalista global los obligó a retroceder hacia el estancamiento económico, ya que la burocracia parasitaria consumió el excedente como ingreso privilegiado a expensas del desarrollo de las fuerzas productivas. Si bien este aislamiento y estancamiento finalmente condujeron a la restauración del capitalismo, su independencia del imperialismo les permitió escapar de la opresión semicolonial al reingresar al sistema capitalista global y realizar la transición al imperialismo.

Este análisis nos permite desarrollar la teoría de Lenin para la nueva situación de los restaurados antiguos estados obreros. Lo hacemos integrando la teoría de Lenin con la teoría de Trotsky sobre los estados obreros degenerados. Estos no son lo mismo que los clásicos "límites al crecimiento" que enfrentan las semicolonias capitalistas, promovidos por teóricos del desarrollo como Walt Rostow. Como Trotsky predijo, si la clase obrera no era capaz de organizar una revolución política para resistir las crecientes desigualdades distributivas resultantes del estancamiento del plan, la burocracia podría expropiar la propiedad obrera y restaurar la ley del valor para estimular el crecimiento económico y transformarse en una nueva clase capitalista. La reintroducción burocrática gradual de la Ley del Valor (LV) se convirtió en una transformación total del carácter de clase del Estado entre 1989 y 1992 en Rusia y China, cuando la burocracia decidió restaurar el capital y, dadas las leyes del movimiento del capital, creó las condiciones previas para el surgimiento necesario del imperialismo.

Veremos cómo diversas teorías empiristas no marxistas no logran explicar esta realidad concreta en Rusia y China hoy en día. Excluimos de este análisis a los Partidos Comunistas Estalinistas y sus corrientes asociadas. Defendieron la Unión Soviética (US) sin crítica alguna, y muchos aún la consideran, junto con China, «socialistas» (en la terminología de Stalin), a pesar de la penetración del capitalismo global. Limitamos el análisis a quienes se autodenominan trotskistas, en la tradición de la Cuarta Internacional. Nos centramos en estos grupos para demostrar que tanto la teoría del imperialismo de Lenin como la teoría del Estado obrero de Trotsky son necesarias en el caso de Rusia y China hoy, para probar que las teorías empiristas alternativas, basadas en impresiones o apariencias de la realidad concreta, no ofrecen una guía para la práctica revolucionaria. La consecuencia programática de este método burgués antimarxista es un programa burgués dirigido contra el programa revolucionario del proletariado.

Como argumentamos aquí, este método empirista conduce a la teoría y práctica de la negativa a defender los estados obreros o a luchar por la revolución política. En ambos casos, esta liquidación del programa trotskista contribuyó a la derrota de los estados obreros. Algunos lo reconocen como una derrota histórica, otros como una victoria sobre el estalinismo, pero ninguno admite su nefasto papel en la liquidación del programa trotskista de revolución mundial en defensa de los estados obreros. En los recientes debates sobre el papel del imperialismo en diversos conflictos alrededor del mundo, la gran mayoría de las corrientes reformistas y «centristas» rechazan la dialéctica marxista en favor de un método menchevique empirista y ecléctico. Esto rechaza al partido bolchevique como vanguardia proletaria y convierte la revolución socialista en un proceso evolutivo al estilo de Kautsky o Stalin, en el que la pequeña burguesía sustituye la capacidad revolucionaria del proletariado. Como argumentó Trotsky en “En defensa del marxismo” (IDOM), el empirismo es el método característico de los intelectuales pequeñoburgueses que seleccionan hechos de forma aislada para promover sus intereses como clase o casta que actúa como agente laboral del capital.”

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junio 07, 2026

JP y su coalición reaccionaria

Representando básicamente a capitales de una burguesía media afincada en la minería ilegal, el aparato electoral “Juntos por el Perú” postula siempre con un programa neoliberal, aunque incluye también pretensiones como: algún control estatal sobre el gas, petróleo y puertos, un impedimento a nuevas concesiones con beneficios especiales y un impuesto a las más altas ganancias de las principales corporaciones. En esta oportunidad, sin embargo, Sánchez ha establecido su propia “Hoja de Ruta” reaccionaria (al mismo estilo de Ollanta Humala el 2011) presentando un nuevo Plan de Gobierno todavía más neoliberal a una semana de la segunda vuelta. En este documento desaparecen aquellos pocos arrestos nacionalistas anteriores y permanece fundamentalmente la política de “mantener la estabilidad macroeconómica”, como manifiesta su equipo técnico. De forma transparente JP declara, por ejemplo, que busca un “Estado de economía de mercado abierta, respetuoso de los Tratados Internacionales de Libre Comercio, con normas amigables a la inversión privada interna y externa” y que “se mantendrán relaciones de amistad y cooperación… especialmente… con… los Estados Unidos, China, Europa, Corea, Japón y la India”, es decir, con la mayoría de los imperialismos y algunas de las principales potencias subordinadas a ellos. El texto de su actual Plan duplica en extensión al anterior porque incorpora secciones enteras de los planes -no solo del seudoizquierdista Venceremos-, sino también de sus nuevos socios burgueses de Ahora Nación, Obras y Primero La Gente, que han arrastrado también apoyos semejantes como el Partido Morado, Cooperación Popular y el vizcarrismo. Hoy: voto anticapitalista y antifascista. Vota nulo, en blanco o no acudas a votar.

07.06.26

Revolución Permanente


mayo 18, 2026

Una declaración de LID Perú

La Izquierda Diario Perú, vocero de la corriente dirigida por el PTS argentino, hizo pública el 8 de abril una declaración previa a las elecciones presidenciales y parlamentarias, que es posible responder mediante la idea marxista de que sin verdadero análisis clasista no es posible arribar a conclusiones clasistas, revolucionarias.  

Los partidos estalinistas como el PC peruano, no actúan con “incomprensión de clase” como allí se asegura, actúan con traición a su origen de clase, regidos siempre por una política ultra-oportunista en defensa de los apetitos económicos y sociales de sus dirigencias y sus burocracias sindicales. El PC, Patria Roja y otros vestigios del reformismo del siglo pasado, acabaron reconvertidos en abiertos defensores de programas liberales que podrían ser denominados keynesianos, si no fuera porque son tan solo parcialmente keynesianos. 

Y en relación a nuevos agrupamientos autocalificados “de izquierda”, es un sinsentido hablar sobre su incapacidad para la “independencia de clase”, como hace la declaración, pues son movimientos pequeñoburgueses electoralistas (Tierra y Libertad, Nuevo Perú, Perú Libre) y no organizaciones originadas en función de las luchas del movimiento obrero y de masas. Casos extremos constituyen membretes como Juntos por el Perú, Ahora Nación, Partido del Buen Gobierno y Primero la Gente, cuyos creadores, Simon/Sánchez, López Chau, Nieto y Pérez Tello, fueron en su momento altos políticos vinculados al Apra, a Kuczynski o al gobierno neoliberal de Castillo. Se trata de camarillas burguesas conectadas, por ejemplo, con cierto sector de activistas populares por medio de un arribismo clasemediero (Juntos por el Perú) o por medio de la burocracia sindical de la CGTP a través del PC (Ahora Nación). 

Visto ello, es insólito que LID Perú califique a todo ese espectro de “izquierda reformista”, afirmando que “no se deciden a romper con el orden existente” o que “renuncian a la autonomía histórica de los explotados”, como si se tratara de la izquierda estalinista o socialdemócrata latinoamericana del s. XX, que defendía un real estatismo capitalista para no adoptar una política revolucionaria. (En el colmo de la incoherencia, el movimiento Obras del reaccionario potentado radiotelevisivo Belmont es incluido en el listado). No, no estamos ante esa pasada izquierda. La de hoy es una seudoizquierda, expresión de círculos pequeñoburgueses y políticos burgueses, parcial pero notoriamente adherentes al neoliberalismo, asustados por las consecuencias que para sus propias fracciones de clases han representado las políticas ultra-neoliberales de los últimos 35 años.

En el mismo documento LID Perú plantea un programa de acción bajo el título Plan de Lucha, dejando de considerar una serie de objetivos fundamentales para un programa revolucionario, como son el desconocimiento de la deuda externa, la eliminación de los privilegios militares y eclesiásticos, la expropiación de todas las transnacionales y la ruptura con todas las instituciones imperialistas, la expropiación general de la gran burguesía, la estatización del comercio exterior, la lucha por la construcción del partido revolucionario de los trabajadores y de su Internacional comunista, y, desde luego, la lucha por un Gobierno Obrero, Campesino y Popular producto de una revolución socialista. 

No asumir un programa de acción en toda su coherencia anticapitalista significa, en última instancia, mantenerse en el reformismo radical hacia el Estado burgués, como queda probado con la consigna que corona ese programa propuesto, cual es la Asamblea Constituyente Libre y Soberana; una demanda demo-burguesa que no expresa la experiencia de las masas con la seudodemocracia desde 1980, a excepción del período 1992 – 2000, casi cuatro décadas, con una población hoy bastante decepcionada del régimen político de la clase dominante, manifestada en los actuales índices de ausentismo electoral (26 %) y voto blanco/nulo (17 %). Este estado de la conciencia social actual es además generalizable al conjunto de América Latina.

“Cuando las consignas democráticas se introducen sin un suficiente sustento en el nivel de conciencia y organicidad del movimiento de masas no contribuyen a movilizar revolucionariamente, sino al contrario, a desorientarlo de sus intereses históricos de poder, a mantenerlo subordinado a la política pequeñoburguesa institucional y al oportunismo de las burocracias.” (RP, 25.05.25). Como Trotsky enseñaba, las consignas e instituciones democráticas mal empleadas podían muy bien convertirse en un “dogal democrático echado al cuello del proletariado”; una demanda, en este caso la Asamblea Constituyente, cuyo uso y materialización va a representar mayor frustración y desmoralización en la vanguardia de la clase y en la clase en general. De hecho, ya todas las capillas seudoizquierdistas vienen agitándola durante años. En lugar de esta, los objetivos orgánicos clasistas se resumen en levantar una Asamblea Popular Nacional que exprese a todos los sectores trabajadores de la ciudad y el campo, en un proceso de construcción de poder que enfrente y termine derrotando estratégicamente a las instituciones del enemigo burgués, mediante la insurrección socialista.

18.05.26

Revolución Permanente   


La izquierda se agita en torno a las encuestas electorales (Argentina)

El ascenso rápido y pronunciado de la popularidad de Myriam Bregman (en adelante MB) y en ese marco la división del FITU alrededor del acto del 1° de mayo, han abierto una discusión que excede al FITU y abarca a varias agrupaciones de izquierda.

La discusión tiene varios ejes. ¿Es posible que MB sea presidente/a? ¿Debe lucharse políticamente por ese objetivo? ¿Con que programa y con qué organización política? ¿Cómo organizar la supuesta influencia creciente de la izquierda? ¿Qué es lo que realmente expresa la simpatía por Bregman y cuál es su magnitud?

Con los resultados de las encuestas, y a medida que Milei baja y Bregman sube, crece también la agitación interna en “la izquierda”. Sus dirigentes se guían más por las encuestas electorales que por los activistas y dirigentes obreros organizados. A pesar de que estos son pocos, lo cual está reflejando la situación reaccionaria que atravesamos desde hace años, de golpe, la realidad de los dirigentes del FITu empieza a cambiar de color. Faltando todavía 18 meses, todo empieza a girar en torno a las posibilidades electorales y del crecimiento partidario alrededor de las elecciones. Se entusiasman pensando que MB sería el mascaron de proa que arrastraría votos para todo el FITu y a sus partidos crecer en fuerza militante.

Lo que está claro es que en este momento “la izquierda” gira alrededor del MB y el PTS. Sin embargo, la propuesta del PTS no está muy clara. Hablan de un partido de la “nueva” clase trabajadora, y de un nuevo movimiento histórico, pero todavía no hay una propuesta concreta. Seguramente están evaluando como se posicionan los demás partidos del FITu.

El MST propone transformar al FITu en un partido único con tendencias, pero dice estar abierto a tomar la propuesta del PTS de impulsar un partido de trabajadores. Para el MST da igual. Ya antes se unieron con el peronista Pino Solanas, después con actual libertario Luis Juez y con el partido de la -en ese entonces- gobernadora de Tierra del Fuego Fabiana Ríos. Mucha amplitud y audacia oportunista en aras de los votos.

El PO que en su momento había planteado la necesidad de impulsar un “movimiento popular bajo banderas socialistas” -algo que nunca pasó de las notas de Prensa Obrera-, ahora propone una asamblea abierta de la izquierda. 

Todos plantean la necesidad de una unidad amplia de la izquierda. Al fin y al cabo, a pesar de las diferencias que ahora descubrió el PTS para justificar su acto aparte, tuvieron una gran coincidencia: todos fueron juntos a apoyar a CFK, que es la dirigente de un partido burgués que defiende el orden capitalista. Y MB fue la abanderada de ese oportunismo, disfrazado de oposición a la proscripción, subiendo a tomar “un cafecito” con Cristina.

El objetivo propuesto de difundir un programa “revolucionario”, choca con la realidad de que, desde su formación, el FITu carece de un programa revolucionario. No es que se trate de un programa limitado a pocas consignas como sugieren Casas y cía. El programa del FITu no es revolucionario porque no dice que hay que hacer con las FFAA y de represión, que son la columna vertebral del regimen burgués. ¿Como se haría para proceder a las expropiaciones? ¿cómo se enfrentaría al aparato represivo de la burguesía y las bandas contrarrevolucionarias? De ese problema que es fundamental para asegurar el poder de la clase trabajadora, tampoco se habla en la carta, pero sí se reclama que hay que discutir hasta el detalle las “formas institucionales de una democracia socialista”.

No hay ninguna posición seria frente al aparato represivo. Bregman ha dicho que “tenemos derecho a la rebelión”, como si las fuerzas represivas no existieran, desarmando cualquier posibilidad de que los trabajadores se acerquen a la necesidad de la autodefensa. En realidad, “la rebelión” que agita Bregman está limitada al derecho en el marco del régimen burgués, a una manifestación. Es como el “hagan lío” del difunto Papa Francisco. Tanto es así que hasta la CGT habla ahora de una “rebelión lúcida” y el FreSU de “unidad, lucha y rebeldía”.

Pero, además, el programa escrito se rebaja en la propaganda electoral. En sus apariciones mediáticas ni con tirabuzón sacan de la boca de MB la palabra “expropiación”. Lo más radical que dicen los parlamentarios del PTS es que hay que “afectar las ganancias” de las patronales. La “abolición del capitalismo” queda para los “días de fiesta” (actos del 1° de mayo). Será por eso que los “pares” de MB, diputados de partidos burgueses la despidieron con aplausos cuando cumplió su mandato en 2024; no justamente porque hayan sido ganados para la revolución socialista, sino porque reconocen en MB la adaptación al régimen parlamentario burgués.

MB no subió en las encuestas por propagandizar un programa revolucionario. Como ella misma lo dice, es reconocida porque su partido “representa los derechos de los trabajadores, las mujeres y los jóvenes”, están presentes apoyando todas las luchas, y “están siempre del mismo lado”, no venden sus votos en el parlamento. Es decir, lo que haría cualquier reformista honesto.

El PTS ahora es “el partido de Myriam Bregman”. Sigue los pasos del viejo MAS de los 80-90, cuando era conocido como “el partido de Zamora”. Ser reconocido como el partido del diputado o de la candidata, ya de por sí revela que la actividad politica principal es la electoral.

Así como ahora pretende hacerlo el PTS, el MAS también se propuso “superar” al peronismo, para lo cual en las elecciones de 1985 armó el Frente del Pueblo, que incluía un pequeño sector del peronismo que rompía con la estructura oficial.

El MAS de aquel entonces se construía alrededor de dos ejes paralelos: haciendo agrupaciones sindicales “democráticas” (no clasistas) con programas reivindicativos mínimos en las estructuras laborales y alrededor de la actividad electoral en el plano político. Era el partido que estaba en todas las luchas y era una oposición consecuente en el Congreso. Zamora -también surgido como abogado de los ddhh cuando todavía estaba la dictadura- era mucho mejor propagandista y polemista que Bregman. El MAS se hizo grande, llegando a contar entre 6 mil y 10 mil militantes, según la amplitud con la que se los considerara. Pero como esos militantes mayoritariamente fueron ganados en las campañas electorales, por la propaganda electoral y para la actividad electoral, o por un sindicalismo “naranja” en listas que podían incluir sectores de la burocracia opositora, resultó que, a la hora de la lucha de clases, cuando hubo que enfrentar las privatizaciones de Menem, se había formado un partido incapaz de derrotar a la burocracia sindical y al gobierno.

Aquel MAS llenó el estadio de Ferro, no el microestadio cubierto, sino el estadio de la cancha. Pero terminó estallando en múltiples pedazos en los años 90, porque después de llenar la Plaza de Mayo, terminó impotente agitando la convocatoria a una Asamblea Constituyente. El estallido fue más grande porque los dirigentes del MAS veían una “revolución política” en la URSS, cuando lo que estaba ocurriendo era la contrarrevolución burguesa, es decir lo opuesto. De allí provienen tanto el PTS como Aldo Casas.

Ahora no están inventando nada nuevo, quieren repetir el mismo camino que llevó a la bancarrota al viejo MAS.

Ya pasaron más de 30 años, pero las posiciones alrededor de esta discusión reafirman que hay personas, dirigentes y exdirigentes, que no han aprendido nada de la crisis y estallido del viejo MAS.

Aldo Casas, que es un revisionista de Lenin y Trotsky, vuelve incluso a la hipótesis de aquella dirección afiebrada del MAS de los 90 que creía que Zamora podía ganar las elecciones en la provincia de Buenos Aires y que se podría producir una revolución cuando no le fuera entregado el poder. Repite ahora, cuando las encuestas le dan al FITu/Bregman entre un 5 y un 10% de intención de voto, que “no se puede descartar la posibilidad de que una insurrección tenga lugar para defender al poder conquistado electoralmente”.

No solo no han aprendido nada, sino que lo han empeorado. Aldo Casas ha escrito una historia revisionista de la revolución rusa, y en esa base asienta sus proposiciones. Y el PTS, “actualizando” la teoría de la revolución permanente “en clave” gramsciana, descubre nuevamente la importancia de las consignas democrático-burguesas y en particular la de Asamblea Constituyente, tal como hizo Nahuel Moreno en los 80s,

Esta consigna, varias veces levantada por el PTS y otros partidos del FITu frente a las crisis capitalistas, por ejemplo, tanto en Chile como en Bolivia, demostró su utilidad para garantizar la recuperación del régimen burgués cuando está arrinconado por las movilizaciones obreras y populares. Recientemente MB volvió a decir que, si fuera elegida presidenta, en lugar de impulsar la organización de la clase trabajadora en organismos de lucha para que se hagan cargo no solo de sostener el gobierno, sino de tomar efectivamente el poder del Estado, convocaría a una Asamblea Constituyente, es decir, una institución del régimen burgués, que sería la vía opuesta a la de Lenin, sería una vía muerta, kautskista, pacífica y democrático-burguesa al socialismo.

Ignorando la existencia del centrismo para Casas todos los partidos de izquierda son revolucionarios, solamente porque eso dicen de sí mismos. Por eso quiere meter a todos los gatos -que en la noche son todos pardos- en la misma bolsa electoral de Myriam presidente, la nueva vía electoral y pacífica al socialismo.

En cambio, la linea de Lenin fue delimitar posiciones en el seno de “la izquierda” para forjar un partido revolucionario, de combate, no electoral. La lucha política intransigente de Lenin, tanto contra los oportunistas mencheviques como contra los populistas SR y los centristas kautskistas, que le valió el título de sectario de parte de gentes como los Casas de aquella época, fue la que forjó el partido que pudo hacer la revolución y luego organizar la Tercera Internacional.

Tanto Casas como el MST proponen una conjunción de partidos centristas y oportunistas en pos del objetivo electoral, sin tener en cuenta la experiencia del Syriza en Grecia (con cuyo presidente Tsipras se abrazó Bodart del MST), que integrado por partidos de izquierda y después de ganar las elecciones capituló brutalmente al FMI y al imperialismo europeo.

Tanto el MST como Casas omiten además las diferentes posiciones alrededor de la guerra europea dividen al FITu. Para Casas/MST es justa la lucha del “pueblo ucraniano” omitiendo que el gobierno de Zelensky es un peón de la OTAN, coalición imperialista que no solo provee las armas, sino que dirige la guerra y de la cual el pueblo ucraniano solo es carne de cañón. Pero el PTS pone sobre la mesa esta y otras diferencias recién a partir de que Bregman sube en las encuestas y quiere tomar distancia del FITu, mientras que hasta ahora en aras de un acuerdo electoral oportunista todo podía ser obviado. 

Tampoco hacen referencia a que posición tener frente a la dinámica actual de la lucha interimperialista que lleva a la tercera guerra mundial a corto plazo. ¡Pero qué importancia puede tener eso! Lo importante son las elecciones. Ambos se olvidan de que, por tener una caracterización totalmente equivocada, el MAS se estrelló contra la realidad internacional de la restauración capitalista en la URSS.

El FITu es un acuerdo electoral oportunista. No les importa forjar a la vanguardia en posiciones revolucionarias. Para ellos la independencia de clase es algo secundario. Violar ese principio no importa. Por eso el Fitu no podrá tener un programa revolucionario cuando hace apenas dos años IS rifó alegremente la independencia de clase ¡¡llamando a votar por Massa!! Pero el FITu no se rompió porque los demás partidos -más disimuladamente- llamaron a votar “contra Milei” que es lo mismo con otro nombre.

Por este camino ninguno de estos partidos ni juntos ni separados van a hacer ninguna revolución.

Antonio Bórmida

(Militante del Partido de la Causa Obrera - Argentina)

10.05.26

abril 10, 2026

Elecciones del 12 de abril: tampoco votar por la seudoizquierda liberal

Luis Villanueva es el actual Presidente de la CGTP y hasta hace poco (2024) Secretario General del Partido Comunista Peruano. Quien desee conocer por propia confesión la auténtica política practicada por esos liderazgos presuntamente marxistas, solo debe acudir a ciertos fragmentos de la entrevista que brindó a RPP TV el 26 de marzo pasado:

Villanueva: “Lo que quiero resaltar es mi creencia y fe en la democracia. (…) Soy un hombre de consensos, pregunte usted a los representantes de los gremios empresariales, de los gremios de trabajadores, he construido consensos no solamente con la Cámara Peruana de la Construcción, que es el sector donde yo soy el máximo dirigente de la Federación de Construcción Civil, sino allí están los dirigentes de la Confiep, de la Sociedad Nacional de Industrias, de la Cámara de Comercio.” / Periodista: “¿Qué pensaría usted, por ejemplo, si entra en la oficina de otro político de otro espectro ideológico y ve en la puerta una estatua de Videla o Pinochet…, le parece respetable?”  Villanueva: “Qué voy a pedir, esa es su posición de los señores, hay que respetar, (…) no debe molestarnos, más bien debemos conversar, discutir y ver las cosas positivas para de ello sacar lo bueno.”

Así las cosas, el máximo dirigente de la Confederación proletaria ejemplifica la permanente postración y servilismo de la burocracia sindical a los intereses de la clase dominante, ya no solo en su versión seudodemocrática burguesa, si no, escandalosamente, hasta en su versión fascista.

Villanueva postula el próximo domingo a la Vicepresidencia de la República por Ahora Nación, aparato electoral creado por su candidato Alfonso López Chau, exdirector del Banco Central de Reserva durante el segundo gobierno de Alan García y el Apra. En su Ideario, Ahora Nación afirma buscar un “Estado Democrático” y “Social”, pretender la “Justicia Social” y una “economía moderna y competitiva”, unificando los intereses del “obrero” y del “empresario”. Sucede que ya hasta en la misma Constitución capitalista el estado peruano se autodescribe precisamente como un “Estado democrático, social…”, con una “economía social de mercado” que el Ideario alude como justa y competitiva. No es necesario exigir mayor amplitud a la demagogia capitalista de López Chau, agitando como bandera el conocido, vacío y cínico lema de Alan García y el Apra: “Justicia Social”. Por si fuera poco, la sustentación de su identidad ideológica socio-económica proviene de una particular demagogia cultural: la apelación a una “identidad nacional” unificadora de todas las clases sociales, que se propondría culminar la “construcción de la nación peruana”. La vieja mistificación que genera un mito solidificador de las clases antagónicas: la “Nación” capitalista, con una referencia inevitable en este caso a la anterior retórica chauvinista del humalismo.

Ahora Nación reivindica a los teóricos burgueses Víctor Andrés Belaúnde, Haya de la Torre y, en su extrema desvergüenza, al comunista José Carlos Mariátegui, al tiempo que convoca a militar en sus filas, explícitamente, a “la gran empresa” y a la “oficialidad de las FFAA”, con la literal finalidad de aglutinar a la “centro-izquierda” peruana.

López Chau, el privatista que busca entregar el 49% de Petroperú a las transnacionales, no se diferencia de los otros dos candidatos que se hacen llamar “izquierdistas”, pero tan neoliberales como él. Roberto Sánchez de Juntos por el Perú (ex Partido Humanista Peruano), otro partido burgués, fue cómplice de Yehude Simon cuando este fungió de Primer Ministro aprista masacrador en Bagua el 2009, luego cuando fueron aliados de los reaccionarios Kuczynski, Acuña y PPC en la campaña del 2011, también cuando volvieron a apoyar a PPK en la campaña del 2016, sosteniendo seguidamente a Vizcarra y Sagasti, defendiendo, como López Chau, un “Estado Democrático” con “Justicia Social” en cada ocasión. Juntos por el Perú se integró al gobierno neoliberal de Castillo, Sánchez fue señalado por cobro de cupos siendo Ministro de Turismo, fue denunciado por la Fiscalía de la Nación por negociación incompatible y hoy JP se presenta a las elecciones como el partido castillista por excelencia. ¿Qué otros partidos se coludieron con el neoliberalismo castillista en 2021-2022? El PC aliado de López Chau, Nuevo Perú y Patria Roja, tres notorios carentes tan siquiera de una política de capitalismo de estado. Nuevo Perú pequeñoburgués y Patria Roja estalinista integran, con el movimiento de Bermejo, la alianza Venceremos (que representa Ronald Atencio), heredera directa de las dos anteriores candidaturas de Verónika Mendoza bajo la divisa “Estado Democrático” -capitalista- y “Justicia Social” (Plan de Gobierno 2021). En la misma línea seudoizquierdista electorera, Venceremos no plantea más que promulgar una “Nueva Constitución” obviamente capitalista y necesariamente neoliberal.

El pueblo trabajador no tiene candidatos en estas elecciones. La independencia política clasista no se abandona, no se obsequia, no se vende. Se levanta y se defiende para seguir luchando por el derribo del actual régimen fujimorista, por la expropiación sin pago de la gran burguesía y los imperialismos, el desconocimiento de la deuda externa, la estatización total del comercio exterior, el control proletario de la economía nacional, el conjunto de las demandas históricas del movimiento de masas y la construcción de un poder de los explotados hacia la revolución socialista, instaurando un gobierno obrero y popular. ¡Bótalos a todos por proteger al Estado Capitalista! ¡Conquistar un Estado de los Trabajadores! VOTA NULO.

08.04.26

Revolución Permanente




La reforma laboral: Una derrota importante para la clase trabajadora (PCO - Argentina)

El gobierno de Milei ha logrado imponer una derrota importante a la clase trabajadora. Claro que no estuvo solo en esta cruzada antiobrera, ha contado con muchos aliados, tanto de la burguesía local y sus representantes políticos (gobernadores y parlamentarios), como del FMI, capital financiero internacional, y del gobierno de Trump en particular. Sin esos apoyos el gobierno probablemente hubiera caído como consecuencia de una crisis financiera ya el año pasado, cuando perdió las elecciones en la provincia de Buenos Aires.

La burocracia cegetista terminó convocando un paro, forzada por las puteadas provenientes desde las bases. El carácter pasivo, “dominguero”, del paro convocado reveló cuál fue siempre su verdadera posición: dejar pasar la reforma a cambio de negociar las cuotas sindicales y el porcentaje de la obra social.

A pesar de que todavía hay un sector de trabajadores confundido por el discurso del gobierno, y del fuerte desprestigio de la CGT, el alto cumplimiento del paro refleja una bronca creciente por la situación social, ya que la inflación aumenta mes a mes y todos miran con preocupación la recesión económica que está provocado muchos despidos, y cierres de fábricas, agravada por la libre importación de todo tipo de productos, sobre todo de China.

La clase trabajadora ha sido traicionada -una vez más- por la burocracia peronista de la CGT. No es la primera vez, pero esta entregada es tan grande y fue hecha tan alevosamente, que no será olvidad fácilmente. El activismo se la va a hacer pagar cuando la clase trabajadora se recupere y vuelva a protagonizar un ascenso de las luchas.

La burocracia es el agente de la burguesía en el movimiento obrero. Los principales dirigentes de la CGT son asistentes asiduos a la embajada yanki y todos desde Pablo Moyano hasta Daher, se han sacado fotos de camaradería con el anterior embajador. Pero como dentro de la burguesía hay distintos intereses, que a veces entra en pugna, esas divisiones se reflejan también en el “campo” sindical.

Un sector de la burocracia se ha postulado en los últimos meses para formar un polo de protesta contra el gobierno. Así como a Menem le salió el MTA encabezado por Moyano, Milei tiene ahora al FreSU, encabezado por Furlán (UOM), Yofra (Aceiteros) y Aguiar (ATE), acompañados por las CTA.

Representan a la burguesía industrial y agropecuaria afectada por la crisis y políticamente responden al peronismo kirchnerista. Parecen más unidos por el espanto que por una homogeneidad de intereses, ya que mientras algunos de sus dirigentes protestan contra las importaciones, otros -como Yofra y Aguiar- se fotografían con el embajador chino.

Este sector le venía reclamando a la CGT que debía convocar a un paro con movilización cuando se tratara la ley. Pero la CGT convocó a una movilización sin paro el 11/2 y a un paro sin movilización el 19/2 cuando la reforma se iba a discutir en diputados.

El FreSU y la militancia de izquierda, llamaron a hacer el paro activo. Y si bien hubo muchas movilizaciones en ciudades del interior, y en la propia ciudad de Bs As, la Plaza del Congreso estuvo muy flaca y los asistentes se retiraron tempranamente para evitar la represión.

La “exigencia” de la izquierda a la CGT para que esta convoque a un paro es una política impotente, porque no se pueden conseguir peras de un olmo. Y menos cuando la situación de los trabajadores de base es de retroceso. Además, es sabido que un día de paro no iba a impedir la sanción de la reforma laboral, ya que esa ley tiene el apoyo de toda la burguesía.

Solo con una huelga general por tiempo indeterminado se podía derrotar la reforma. Eso es tan evidente que hasta algunos dirigentes sindicales como Yofra (Aceiteros) y Maturano (La Fraternidad) han planteado la necesidad de la huelga general, aunque ninguno tenga la verdadera voluntad de hacer nada para prepararla.

Por lo tanto, el resultado era previsible de antemano. Por parte de los dirigentes, las manifestaciones y huelgas solo han sido demostraciones políticas de oposición ante la muy probable consumación de la sanción, no una vía capaz de impedirla. Por parte de los trabajadores una expresión de bronca ante la actual situación.

Para derrotar al gobierno de Milei hace falta la huelga general hasta que caiga. Los trabajadores y activistas de base estamos muy lejos todavía de poder organizar semejante lucha. Debemos aprovechar las grietas entre sectores de la burguesía y la burocracia sindical. Pero siempre manteniendo nuestra independencia de clase, sin casarnos con ningún sector patronal o burocrático. Para ello debemos organizarnos en agrupaciones clasistas teniendo como perspectiva el desarrollo de la lucha y la construcción de nuestro propio partido político, un partido de trabajadores, para prepararnos para luchar por un gobierno de trabajadores.

Una vez aprobada en el Parlamento, ahora la lucha contra la reforma será por fábrica, establecimiento o sindicato en la medida que las patronales y los gobiernos vayan avanzando en su aplicación.

Empezó el segundo tiempo

Como quedó plasmado en la parodia de apertura del ciclo parlamentario, ahora el gobierno irá por más.   La ley de glaciares al servicio de las mineras, que contamina el medio ambiente y el agua, ya tiene la media sanción del Senado. La reforma tributaria, que va a afectar a los monotributistas. La reforma del código penal, que endurecerá las penas a los manifestantes. La oposición a estas leyes será parcial.

En cambio, la reforma previsional que podría volver a concentrar una fuerte oposición en la clase trabajadora quedaría para más adelante.

Por lo tanto, la caída del salario y la defensa de los puestos de laburo, serán, pues, los ejes por donde se van a desarrollar las próximas luchas.

Con la burocracia sindical totalmente entregada surgen procesos de lucha por la base de la clase trabajadora, como la reciente movilización autoconvocada por aumento de salario de docentes de Santa Fe, Catamarca o Chaco durante las paritarias, y en menor medida en sectores de trabajadores de la salud. También luchan para defender su fuente de laburo los obreros de Fate y los metalúrgicos de Rio Grande, Ushuaia. Pero todavía la fuerza no alcanza para revertir la actual situación reaccionaria.

Por lo pronto el gobierno se ha fortalecido. Mientras que cuando empezó su gobierno Milei se discutía en que mes iba a caer, ahora se discute quien va a ser el vicepresidente en su reelección. Sin embargo, ya empezó a abrirse una grieta entre el gobierno y la burguesía industrial, reflejada en las peleas de Milei con Rocca (Techint) y Madanes (FATE), quienes acusan la competencia desleal de las importaciones chinas.

La situación internacional si bien da un marco de avance reaccionario que favorece al gobierno, también lo amenaza con las turbulencias de inestabilidad económica. La guerra en Medio Oriente desatada por el ataque de EE-UU e Israel contra Irán, ya está provocando el alza del petróleo y el gas y con ello nuevas presiones inflacionarias e incertidumbre financiera, de la cual Argentina no estará exenta.

Todo esto indica que, a pesar de la reciente derrota, hay mucho combustible en el aire, capaz de inflamarse ante tantas chispas que nos depara el continuo ajuste del gobierno y la crisis del capitalismo mundial.

07.03.26 

Sobre el FUT

El frente único de los trabajadores, en cualquier parte del mundo, es siempre un programa de acción y una táctica de contenido auténticamente clasista, revolucionario. Sus reivindicaciones deben ser tanto democráticas como transicionales y socialistas. Es un frente contra el Capitalismo, no solo contra sus expresiones imperialistas y fascistas, sino contra todas las burguesías del mundo, las imperialistas y las semi-coloniales, estén dirigidas o no por fracciones fascistas. No incorpora organismos políticos burgueses o pequeñoburgueses nacionalistas o democratizantes, pues son enemigos de la revolución socialista. La unidad de acción contra el imperialismo o contra los regímenes dictatoriales corresponde a una táctica distinta, cuyo objetivo es golpear al enemigo más reaccionario en simultáneo con aquellas fracciones burguesas, táctica que no puede ser confundida con los objetivos estratégicos del frente único proletario. Por ello es equivocado denominar “frente antiimperialista” a la necesidad imperiosa de movilizar a todo el proletariado urbano y rural en la lucha revolucionaria. Si al frente único de clase se le titula “antiimperialista” se establece una similitud terminológica con alguna forma de frentepopulismo reformista, que utiliza la fraseología nacionalista para intentar mostrarse radical. No al frentepopulismo, ni con fracciones nacionalistas burguesas ni con cualquier burguesía imperialista.

“En consecuencia, la tarea precisa de la Internacional Comunista y de sus secciones será la de revelar a las masas la hipocresía de los dirigentes obreros que prefieren la unión con la burguesía a la unidad de los trabajadores revolucionarios...” “Por la unidad del frente proletario es preciso entender la unidad de todos los trabajadores deseosos de combatir al capitalismo...” ("Tesis sobre la unidad del frente proletario" - Cuarto Congreso de la Internacional Comunista, noviembre de 1922).


diciembre 30, 2025

Reorganizarse, combatir al régimen, derribarlo

De Boluarte a Jerí: el régimen del golpe fujimorista cumplió su tercer año restregándole al pueblo un relevo de fantoches y extendiendo el Estado de Emergencia en la capital por 30 días, como reaseguro contra cualquier respuesta popular a su designio de mayor empobrecimiento generalizado.

El régimen de las mafias empresariales y políticas maneja a su antojo y regocijo un país sumido por la gran burguesía, durante décadas, en el expolio, la corrupción, la criminalidad, la minería envenenante, el narcotráfico, la deforestación a mansalva y, ahora, la extorsión y el sicariato. ¿Cuáles son algunas de sus respuestas puntuales a la agudización de las grandes necesidades de las masas trabajadoras? Por ejemplo, la inminencia de un decreto de urgencia para una privatizadora “reestructuración definitiva” de Petroperú, descuartizada en los años ‘90 por la misma dictadura de hoy y posteriormente saboteada sin cesar por la misma clase dominante para pretextar su privatización. Por ejemplo, destinando miles de millones de soles a compras de vehículos y pertrechos de guerra, como aviones y submarinos de combate, estos últimos mediante un contrato con Corea del Sur, pieza clave del orden imperialista norteamericano en Asia; algo que la gran burguesía no descuida para seguir compartiendo el poder con la casta corrupta y asesina de las Fuerzas Armadas.

Nada menos que Trump, ha comunicado a su Congreso una iniciativa para designar al Perú como aliado estratégico no miembro de la OTAN, en línea con los acuerdos que EEUU mantiene con México, Colombia, Panamá o Chile sobre seguridad y defensa, comercio, narcotráfico o migración. Los cancilleres Marco Rubio (EEUU) y Hugo de Zela (Perú) se reunieron a inicios de este mes en Washington para declarar una “convergencia de prioridades en seguridad regional y defensa” derivada de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional aprobada por el gobierno estadounidense. A la semana siguiente, una delegación norteamericana de “especialistas en seguridad” arribó a Lima con la misión de “asesorar” al gobierno de Jerí y estrechar la coordinación estratégica.

En pocas palabras, Trump y su cúpula fascistoide han determinado un apoyo activo del Estado peruano a su intensa política para configurar un escenario de guerra mundial entre los bloques imperialistas occidental (OTAN) y oriental (China-Rusia). “Profundizar la relación económico-comercial” y “promover nuevas oportunidades de inversión en sectores estratégicos como minerales críticos e infraestructura” fueron, lógicamente, también parte del reafirmado lacayismo burgués, según declaración de la cancillería peruana, mientras a 2 mil kilómetros de sus propias costas la Guardia Costera de EEUU secuestra barcos cargados con petróleo venezolano y mientras su Aviación asesinó ya a más de cien tripulantes de botes con la directa complicidad de los gobiernos caribeños títeres de República Dominicana, Trinidad y Tobago, Granada y de los Países Bajos imperialistas mediante sus provincias de ultramar (Curazao, Aruba, Bonaire).

La burguesía y su predominante ala ultraderechista esperan ensalzar sin dificultad su constitucionalidad a partir de las elecciones de abril próximo, tras haber recurrido a la desfachatada trampa de reinstituir la bicameralidad explícitamente derrotada en el referéndum del 2018. Junto con ello buscarán revalidar una clara mayoría congresal que siga incluyendo un significativo número de representantes directos de sus diversas mafias. Pero eso nunca es todo. La burguesía también requiere siempre de una amortiguación institucional para sus planes reaccionarios, aquello que proveen con sobrado oportunismo las distintas cúpulas de las burocracias sindicales-populares y de los aparatos políticos proletarios y pequeñoburgueses. Fan zambullida, cuándo no, en el carnaval electorero, toda la seudoizquierda liberal disputa con patética fruición la atención de un pueblo oprimido del que lleva casi un siglo desertando, encuadrada esta vez en tres distintas facetas neoliberales: neo-ollantismo, castillismo y progresismo.

Los lánguidos restos del estalinismo tradicional, representados en el movimiento de masas por la alta burocracia de la CGTP, son los responsables históricos de la derrota del levantamiento del Sur y de otras provincias del Centro y del Norte en el 2023, pues se negaron, como siempre a lo largo de todo su bagaje de traiciones, a encabezar a la clase obrera y los explotados hacia el derribo del régimen de turno y el establecimiento de un poder proletario revolucionario que aplastase a la clase dominante asesina. Que la indiferencia o el repudio cuántas veces recibido por ellos desde los sectores más conscientes y combativos de los trabajadores, se vuelva a expresar una vez más y también electoralmente.

Fuera la dictadura fujimorista, esbirra del imperialismo.

Reforjar el movimiento de masas para construir auténticos organismos de poder clasista.

Comités unitarios de lucha, asambleas populares, frentes de defensa, columnas de autodefensa…, hacia una Asamblea Popular Nacional.

Forjar el partido revolucionario de la vanguardia trabajadora.

Luchar por un Gobierno Obrero y Popular.

30.12.25

Revolución Permanente




octubre 16, 2025

150 años de la "Crítica del Programa de Gotha"

En mayo de 1875 tendría lugar, en la ciudad de Gotha, el Congreso de unificación entre el Partido Obrero Socialdemócrata (marxista) y la Asociación General de Obreros Alemanes (lassalleana) para constituir el Partido Obrero Socialista de Alemania. Previamente, a inicios de mes, Marx envía un documento a la dirección del POS criticando firmemente el proyecto de Programa que luego quedaría aprobado en el Congreso. El texto llevaba como título “Glosas marginales al Programa del Partido Obrero alemán”, más tarde conocido como “Crítica del Programa de Gotha”. En él Marx se pronuncia acerca de las generalidades y ambigüedades provenientes del pensamiento de Lassalle, las formulaciones equivocadas y equívocas que confieren un sesgo reformista al Programa, encargándose de esclarecer la naturaleza de la dictadura del proletariado y de la sociedad comunista. Aquí fragmentos:

“‘En la medida en que el trabajo se desarrolla socialmente, convirtiéndose así en fuente de riqueza y de cultura, se desarrollan también la pobreza y el desamparo del obrero y la riqueza y la cultura de los que no trabajan’. Esta es la ley de toda la historia hasta hoy.” 

“Por ejemplo, el modo capitalista de producción descansa en el hecho de que las condiciones materiales de producción les son adjudicadas a los que no trabajan bajo la forma de propiedad del capital y propiedad del suelo, mientras la masa sólo es propietaria de la condición personal de producción, la fuerza de trabajo. Distribuidos de este modo los elementos de producción, la actual distribución de los medios de consumo es una consecuencia natural. Si las condiciones materiales de producción fuesen propiedad colectiva de los propios obreros, esto determinaría, por sí solo, una distribución de los medios de consumo distinta de la actual. El socialismo vulgar (y por intermedio suyo, una parte de la democracia) ha aprendido de los economistas burgueses a considerar y tratar la distribución como algo independiente del modo de producción, y, por tanto, a exponer el socialismo como una doctrina que gira principalmente en torno a la distribución.” 

“Después de la muerte de Lassalle, se había abierto paso en nuestro Partido la concepción científica de que el salario no es lo que parece ser, es decir, el valor -o el precio- del trabajo, sino sólo una forma disfrazada del valor, -o del precio- de la fuerza de trabajo. Con esto, se ha echado por la borda, de una vez para siempre, tanto la vieja concepción burguesa del salario, como toda crítica dirigida hasta hoy contra esta concepción, y se ha puesto en claro que el obrero asalariado sólo está autorizado a trabajar para mantener su propia vida, es decir, a vivir, si trabaja gratis durante cierto tiempo para el capitalista (y, por tanto, también para los que, con él, se embolsan la plusvalía); que todo el sistema de producción capitalista gira en torno a la prolongación de este trabajo gratuito alargando la jornada de trabajo o desarrollando la productividad, o sea, acentuando la tensión de la fuerza de trabajo, etc.; que, por tanto, el sistema del trabajo asalariado es un sistema de esclavitud, una esclavitud que se hace más dura a medida que se desarrollan las fuerzas productivas sociales del trabajo, esté el obrero mejor o peor remunerado.”

“La lucha de clases existente es sustituida por una frase de periodista: ‘el problema social’, para cuya ‘solución’ se ‘prepara el camino’. La ‘organización socialista de todo el trabajo’ no resulta del proceso revolucionario de transformación de la sociedad, sino que ‘surge’ de ‘la ayuda del Estado’, ayuda que el Estado presta a las cooperativas de producción ‘creadas’ por él y no por los obreros. ¡Esta fantasía de que con empréstitos del Estado se puede construir una nueva sociedad como se construye un nuevo ferrocarril es digna de Lassalle!”

“El que los obreros quieran establecer las condiciones de producción colectiva en toda la sociedad y ante todo en su propio país, en una escala nacional, sólo quiere decir que laboran por subvertir las actuales condiciones de producción, y eso nada tiene que ver con la fundación de sociedades cooperativas con la ayuda del Estado.”

“Pese a todo su cascabeleo democrático, el programa está todo él infestado hasta el tuétano de la fe servil de la secta lassalleana en el Estado; o -lo que no es nada mejor- de la superstición democrática; o es más bien un compromiso entre estas dos supersticiones, ninguna de las cuales tiene nada que ver con el socialismo. (…) Pero el Partido Obrero, aprovechando la ocasión, tenía que haber expresado aquí su convicción de que ‘la libertad de conciencia’ burguesa se limita a tolerar cualquier género de libertad de conciencia religiosa, mientras que él aspira, por el contrario, a liberar la conciencia de todo fantasma religioso. Pero, se ha preferido no salirse de los límites ‘burgueses’.”

“La libertad consiste en convertir al Estado, de órgano que está por encima de la sociedad, en un órgano completamente subordinado a ella…”

“Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado.

Pero el programa no se ocupa de esta última, ni del futuro régimen estatal de la sociedad comunista.

Sus reivindicaciones políticas no se salen de la vieja y consabida letanía democrática: sufragio universal, legislación directa, derecho popular, milicia del pueblo, etc. Son un simple eco del Partido Popular burgués, de la Liga por la Paz y la Libertad. Son, todas ellas, reivindicaciones que, cuando no están exageradas hasta verse convertidas en ideas fantásticas, están ya realizadas. Sólo que el Estado que las ha puesto en práctica no cae dentro de las fronteras del Imperio alemán, sino en Suiza, en los Estados Unidos, etc.”

“Hasta la democracia vulgar, que ve en la república democrática el reino milenario y no tiene la menor idea de que es precisamente bajo esta última forma de Estado de la sociedad burguesa donde se va a ventilar definitivamente por la fuerza de las armas la lucha de clases; hasta ella misma está hoy a mil codos de altura sobre esta especie de democratismo que se mueve dentro de los límites de lo autorizado por la policía y vedado por la lógica. (…) ‘el Partido Obrero Alemán exige como base económica del Estado: un impuesto único y progresivo sobre la renta’, etc. Los impuestos son la base económica de la máquina de gobierno y nada más. En el Estado del futuro, existente ya en Suiza, esta reivindicación está casi realizada. El impuesto sobre la renta presupone las diferentes fuentes de ingresos de las diferentes clases sociales, es decir, la sociedad capitalista.”

“En el seno de una sociedad colectivista, basada en la propiedad común de los medios de producción, los productores no cambian sus productos; el trabajo invertido en los productos no se presenta aquí, tampoco, como valor de estos productos, como una cualidad material, inherente a ellos, pues aquí, por oposición a lo que sucede en la sociedad capitalista, los trabajos individuales no forman ya parte integrante del trabajo común mediante un rodeo, sino directamente. La expresión ‘el fruto del trabajo’, ya hoy recusable por su ambigüedad, pierde así todo sentido.

De lo que aquí se trata no es de una sociedad comunista que se ha desarrollado sobre su propia base, sino de una que acaba de salir precisamente de la sociedad capitalista y que, por tanto, presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña procede. Congruentemente con esto, en ella el productor individual obtiene de la sociedad -después de hechas las obligadas deducciones- exactamente lo que ha dado. Lo que el productor ha dado a la sociedad es su cuota individual de trabajo. Así, por ejemplo, la jornada social de trabajo se compone de la suma de las horas de trabajo individual; el tiempo individual de trabajo de cada productor por separado es la parte de la jornada social de trabajo que él aporta, su participación en ella. La sociedad le entrega un bono consignando que ha rendido tal o cual cantidad de trabajo (después de descontar lo que ha trabajado para el fondo común), y con este bono saca de los depósitos sociales de medios de consumo la parte equivalente a la cantidad de trabajo que rindió. La misma cuota de trabajo que ha dado a la sociedad bajo una forma, la recibe de esta bajo otra distinta.

Aquí reina, evidentemente, el mismo principio que regula el intercambio de mercancías, por cuanto éste es intercambio de equivalentes. Han variado la forma y el contenido, porque bajo las nuevas condiciones nadie puede dar sino su trabajo, y porque, por otra parte, ahora nada puede pasar a ser propiedad del individuo, fuera de los medios individuales de consumo. Pero, en lo que se refiere a la distribución de estos entre los distintos productores, rige el mismo principio que en el intercambio de mercancías equivalentes: se cambia una cantidad de trabajo, bajo una forma, por otra cantidad igual de trabajo, bajo otra forma distinta.”

“Por eso, el derecho igual sigue siendo aquí, en principio, el derecho burgués, (…) El derecho de los productores es proporcional al trabajo que han rendido; la igualdad, aquí, consiste en que se mide por el mismo rasero: por el trabajo. (…) Este derecho igual es un derecho desigual para trabajo desigual. (…) En el fondo es, por tanto, como todo derecho, el derecho de la desigualdad.”

“Prosigamos: unos obreros están casados y otros no; unos tienen más hijos que otros, etc., etc. A igual rendimiento y, por consiguiente, a igual participación en el fondo social de consumo, unos obtienen de hecho más que otros, unos son más ricos que otros, etc. Para evitar todos estos inconvenientes, el derecho no tendría que ser igual, sino desigual.

Pero estos defectos son inevitables en la primera fase de la sociedad comunista, tal y como brota de la sociedad capitalista después de un largo y doloroso alumbramiento. El derecho no puede ser nunca superior a la estructura económica ni al desarrollo cultural de la sociedad por ella condicionado.

En una fase superior de la sociedad comunista, cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo, y con ella, la oposición entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués y la sociedad podrá escribir en su bandera: ¡De cada cual, según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades!”