El
gobierno de Milei ha logrado imponer una derrota importante a la clase
trabajadora. Claro que no estuvo solo en esta cruzada antiobrera, ha contado
con muchos aliados, tanto de la burguesía local y sus representantes políticos
(gobernadores y parlamentarios), como del FMI, capital financiero
internacional, y del gobierno de Trump en particular. Sin esos apoyos el
gobierno probablemente hubiera caído como consecuencia de una crisis financiera
ya el año pasado, cuando perdió las elecciones en la provincia de Buenos Aires.
La
burocracia cegetista terminó convocando un paro, forzada por las puteadas
provenientes desde las bases. El carácter pasivo, “dominguero”, del paro
convocado reveló cuál fue siempre su verdadera posición: dejar pasar la reforma
a cambio de negociar las cuotas sindicales y el porcentaje de la obra social.
A
pesar de que todavía hay un sector de trabajadores confundido por el discurso
del gobierno, y del fuerte desprestigio de la CGT, el alto cumplimiento
del paro refleja una bronca creciente por la situación social, ya que la
inflación aumenta mes a mes y todos miran con preocupación la recesión
económica que está provocado muchos despidos, y cierres de fábricas, agravada
por la libre importación de todo tipo de productos, sobre todo de China.
La
clase trabajadora ha sido traicionada -una vez más- por la burocracia peronista
de la CGT. No es la primera vez, pero esta entregada es tan grande y fue hecha
tan alevosamente, que no será olvidad fácilmente. El activismo se la va a hacer
pagar cuando la clase trabajadora se recupere y vuelva a protagonizar un
ascenso de las luchas.
La
burocracia es el agente de la burguesía en el movimiento obrero. Los
principales dirigentes de la CGT son asistentes asiduos a la embajada yanki y
todos desde Pablo Moyano hasta Daher, se han sacado fotos de camaradería con el
anterior embajador. Pero como dentro de la burguesía hay distintos intereses,
que a veces entra en pugna, esas divisiones se reflejan también en el “campo”
sindical.
Un
sector de la burocracia se ha postulado en los últimos meses para formar un
polo de protesta contra el gobierno. Así como a Menem le salió el MTA
encabezado por Moyano, Milei tiene ahora al FreSU, encabezado por Furlán (UOM),
Yofra (Aceiteros) y Aguiar (ATE), acompañados por las CTA.
Representan
a la burguesía industrial y agropecuaria afectada por la crisis y políticamente
responden al peronismo kirchnerista. Parecen más unidos por el espanto que por
una homogeneidad de intereses, ya que mientras algunos de sus dirigentes protestan
contra las importaciones, otros -como Yofra y Aguiar- se fotografían con el
embajador chino.
Este
sector le venía reclamando a la CGT que debía convocar a un paro con
movilización cuando se tratara la ley. Pero la CGT convocó a una movilización
sin paro el 11/2 y a un paro sin movilización el 19/2 cuando la reforma se iba
a discutir en diputados.
El
FreSU y la militancia de izquierda, llamaron a hacer el paro activo. Y si bien
hubo muchas movilizaciones en ciudades del interior, y en la propia ciudad de
Bs As, la Plaza del Congreso estuvo muy flaca y los asistentes se retiraron
tempranamente para evitar la represión.
La
“exigencia” de la izquierda a la CGT para que esta convoque a un paro es una
política impotente, porque no se pueden conseguir peras de un olmo. Y menos
cuando la situación de los trabajadores de base es de retroceso. Además, es
sabido que un día de paro no iba a impedir la sanción de la reforma laboral, ya
que esa ley tiene el apoyo de toda la burguesía.
Solo
con una huelga general por tiempo indeterminado se podía derrotar la
reforma. Eso es tan evidente que hasta algunos dirigentes sindicales como Yofra
(Aceiteros) y Maturano (La Fraternidad) han planteado la necesidad de la huelga
general, aunque ninguno tenga la verdadera voluntad de hacer nada para
prepararla.
Por
lo tanto, el resultado era previsible de antemano. Por parte de los dirigentes,
las manifestaciones y huelgas solo han sido demostraciones políticas de
oposición ante la muy probable consumación de la sanción, no una vía capaz de
impedirla. Por parte de los trabajadores una expresión de bronca ante la actual
situación.
Para
derrotar al gobierno de Milei hace falta la huelga general hasta que caiga. Los
trabajadores y activistas de base estamos muy lejos todavía de poder organizar
semejante lucha. Debemos aprovechar las grietas entre sectores de la burguesía
y la burocracia sindical. Pero siempre manteniendo nuestra independencia de
clase, sin casarnos con ningún sector patronal o burocrático. Para ello debemos
organizarnos en agrupaciones clasistas teniendo como perspectiva el desarrollo
de la lucha y la construcción de nuestro propio partido político, un partido de
trabajadores, para prepararnos para luchar por un gobierno de trabajadores.
Una
vez aprobada en el Parlamento, ahora la lucha contra la reforma será por
fábrica, establecimiento o sindicato en la medida que las patronales y los
gobiernos vayan avanzando en su aplicación.
Empezó el segundo tiempo
Como
quedó plasmado en la parodia de apertura del ciclo parlamentario, ahora el
gobierno irá por más. La ley de
glaciares al servicio de las mineras, que contamina el medio ambiente y el
agua, ya tiene la media sanción del Senado. La reforma tributaria, que va a
afectar a los monotributistas. La reforma del código penal, que endurecerá las
penas a los manifestantes. La oposición a estas leyes será parcial.
En
cambio, la reforma previsional que podría volver a concentrar una fuerte
oposición en la clase trabajadora quedaría para más adelante.
Por
lo tanto, la caída del salario y la defensa de los puestos de laburo, serán,
pues, los ejes por donde se van a desarrollar las próximas luchas.
Con
la burocracia sindical totalmente entregada surgen procesos de lucha por la
base de la clase trabajadora, como la reciente movilización autoconvocada por
aumento de salario de docentes de Santa Fe, Catamarca o Chaco durante las
paritarias, y en menor medida en sectores de trabajadores de la salud. También
luchan para defender su fuente de laburo los obreros de Fate y los metalúrgicos
de Rio Grande, Ushuaia. Pero todavía la fuerza no alcanza para revertir la
actual situación reaccionaria.
Por
lo pronto el gobierno se ha fortalecido. Mientras que cuando empezó su gobierno
Milei se discutía en que mes iba a caer, ahora se discute quien va a ser el
vicepresidente en su reelección. Sin embargo, ya empezó a abrirse una grieta
entre el gobierno y la burguesía industrial, reflejada en las peleas de Milei
con Rocca (Techint) y Madanes (FATE), quienes acusan la competencia desleal de
las importaciones chinas.
La
situación internacional si bien da un marco de avance reaccionario que favorece
al gobierno, también lo amenaza con las turbulencias de inestabilidad
económica. La guerra en Medio Oriente desatada por el ataque de EE-UU e Israel
contra Irán, ya está provocando el alza del petróleo y el gas y con ello nuevas
presiones inflacionarias e incertidumbre financiera, de la cual Argentina no
estará exenta.
Todo
esto indica que, a pesar de la reciente derrota, hay mucho combustible en el
aire, capaz de inflamarse ante tantas chispas que nos depara el continuo ajuste
del gobierno y la crisis del capitalismo mundial.
07.03.26
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