noviembre 24, 2010

FRENTE ÚNICO DE LOS TRABAJADORES CONTRA TODA LA BURGUESÍA

En la lucha por la socialización de la economía del país. FRENTE ÚNICO DE LOS TRABAJADORES CONTRA TODA LA BURGUESÍA.

En la recta final del gobierno aprista, podemos constatar que los objetivos fundamentales de la clase dominante para este período se han ido cumpliendo. Especialmente la política privatizadora, proveniente de la dictadura fujimorista y del gobierno de Toledo, que ha dado otro salto exponencial mediante una ofensiva de concesiones de recursos naturales a empresas imperialistas y otros capitales extranjeros. Sólo para mencionar una cifra, hoy en día alrededor del 90 % de la amazonía peruana está concesionada y en situación parecida se encuentran la región andina y el resto del territorio.

Aunque contestada por reiteradas manifestaciones, huelgas y levantamientos populares, esta política reaccionaria ha sido sistemáticamente establecida, tanto por la alianza que mantienen el APRA, el Fujimorismo, PPC, Solidaridad Nacional, UPP, Perú Posible, Restauración Nacional y otros en el Congreso, como por la avalancha de Decretos Legislativos que esa mayoría parlamentaria delegó dictaminar al gobierno de Alan García en estos años. Dentro de esta legislación antipopular se encuentran también los decretos que criminalizan la protesta, la movilización, las paralizaciones, toda acción de respuesta a las agresiones económicas y políticas de la burguesía.

En estas condiciones ha llegado la movilización por la defensa de uno de los recursos más importantes que podría beneficiar a nuestros pueblos: el gas. La provincia cusqueña de La Convención llevó a cabo una huelga indefinida durante casi veinte días a partir del 27 de julio. Una huelga que recibió el apoyo masivo de la población de la región y la convocatoria de huelgas indefinidas semejantes en las provincias de Canchis y Espinar, que ya en meses y años anteriores habían desarrollado el mismo método de lucha. Estas huelgas, sin embargo, al no activarse en las trece provincias del Cusco y habiéndose lanzado des-sincronizadamente, no pudieron acabar con los planes del Gobierno, quedando aisladas y teniendo que suspenderse en base a falaces promesas y engaños del Ejecutivo a las organizaciones populares.

¿Por qué resulta tan sencillo que el Gobierno termine saliendo del aprieto y neutralizando la movilización de las masas? Porque son las propias direcciones burocráticas del movimiento de masas las que en este caso se oponen decididamente a una Huelga Regional Indefinida y a una Huelga Macroregional del Sur, reclamadas hace mucho por las bases trabajadoras. Se trata de la burocracia de la Federación Departamental de Trabajadores del Cusco (FDTC) en colusión con la alta dirección de la CGTP. Son quienes impiden adoptar ese combate a pesar de las firmes y superiores experiencias de huelgas indefinidas a lo largo del período aprista, como han sido por ejemplo, además de las descritas, las de Chumbivilcas, La Oroya, Moquegua, Bagua, Islay y Chala. A las direcciones sindicales burocráticas no les preocupa que estas luchas hayan sido la mejor expresión actual de la conciencia de los explotados y que sólo uniéndolas, fortaleciéndolas y extendiéndolas pueda arrancársele conquistas a la burguesía; no lo admitirán porque su única preocupación son los cargos públicos que pretenden obtener cada vez que llegan los procesos electorales.


Defender una política clasista y no servil

La lucha por el gas es la lucha por toda la riqueza nacional. No es únicamente el gas lo que está en cuestión, sino todos los recursos naturales y la riqueza generada por el pueblo trabajador de todas las regiones, riqueza que los gobiernos burgueses obsequian a los amos imperialistas al precio de su corrupción. Observemos los casos de las empresas estatales, para comprobar que la ofensiva privatizadora sigue en marcha y se pretende liquidar Sedapal, las eléctricas, Corpac, o Enapu (en la línea de la concesión fraudulenta del puerto de Paita).

No hay solución para los trabajadores sin la socialización de la economía, sin que todas las áreas productivas se encuentren en manos de un nuevo Estado de los Trabajadores. El capitalismo, el sistema de la propiedad privada de los medios de producción, significa siempre desempleo, sobreexplotación, salarios ínfimos y permanente pobreza. Es imprescindible acabar con esta economía capitalista en el país y para ello hay que expropiar las empresas imperialistas, los capitales extranjeros y los grandes capitales nacionales, sin retribución económica (pues son bienes que pertenecen legítimamente al pueblo), poniéndolos a funcionar bajo el control directo de sus trabajadores.

El único camino para alcanzar esta meta es luchar con una política que sea independiente de todos los sectores de la burguesía, no con la política colaboracionista y servil que ha caracterizado a las dirigencias del movimiento obrero y popular. Sólo la independencia política de los trabajadores, movilizándonos por nuestras propias reivindicaciones y programa, puede garantizar que habrá victorias. De lo contrario los resultados de las luchas beneficiarán, como hasta ahora, a ciertas fracciones de la clase dominante y no a los explotados.

El fin de las concesiones, la anulación de los TLCs, un salario que cubra la canasta familiar, la desaparición de los services, salud y educación públicas, gratuitas y de calidad, servicios públicos a precios populares, el desconocimiento de la deuda externa…, sólo serán conseguidos sin doblegarse ante los sectores burgueses que se autodefinen como “nacionalistas”, “democráticos”, “progresistas” o “centro-izquierdistas”, los cuales persiguen sus objetivos particulares y atacarán - tanto económica como represivamente - a las masas productoras desde los puestos que logren alcanzar en el actual Estado.

Sus objetivos no son los nuestros, sus métodos tampoco. No son sectores proletarios ni pretenden una sociedad socialista. No nos representan pero sí demandan desesperadamente nuestro apoyo electoral para preservar el Estado capitalista. Por eso el combate contra todos los opresores requiere de una firme táctica de Frente Único entre todos los trabajadores de la ciudad y del campo.


Frente Único combativo y no electoralismo tras el nacionalismo burgués

La responsabilidad de asegurar la unidad de las filas trabajadoras en todas partes, para combatir los proyectos de la burguesía y derrotarlos, corresponde siempre a las direcciones sindicales, especialmente por supuesto a los dirigentes de la central mayoritaria, la CGTP. Pero en lugar de cumplir ese rol, la burocracia del PC y Patria Roja, encabezada por Mario Huamán, ha invertido varios años en propiciar el oportunismo electorerista y rendirse ante el nacionalismo burgués de Ollanta Humala. Ha pretendido convertir artificialmente y por todos los medios, a este miembro de la élite militar y social, en un caudillo del movimiento obrero y popular. Lejos de defender los objetivos y métodos de clase, el propio Huamán, con esa política de postración, se ha hecho designar por la Federación de Construcción Civil para ocupar algún cupo en la futura plancha presidencial de Humala. Adicionalmente, el PC y Patria Roja han llevado a la Alcaldía de Lima a Fuerza Social de Susana Villarán, otra versión partidaria burguesa ya comprometida con los reaccionarios gobiernos privatizadores de Paniagua y Toledo, ahora en alianza con el movimiento pequeño burgués del sacerdote Arana. Para los gobiernos regionales de Arequipa, Cusco o Junín, ha sucedido algo semejante. Qué gran demostración claudicante y pro-burguesa de parte de la tradicional izquierda reformista.

En ese camino, además, la cúpula de la CGTP no ha optado nunca por impulsar la construcción de organismos de poder trabajador como las Asambleas Populares o los Comités de Lucha o Huelga provinciales. Menos por preparar algo superior a las reiteradas e inútiles manifestaciones o paros de un día, como sería una Huelga General Indefinida. Más bien ha llevado de fiasco en fiasco a la vanguardia del movimiento popular: la creación de la Coordinadora Político Social para favorecer al Partido Nacionalista, la destrucción de la iniciativa por una “Asamblea Nacional de los Pueblos” a causa de la propia pugna inter-burocrática PC vs. Patria Roja, la creación de una nueva sigla pro-PNP, el Frenvidas, absolutamente esposada de pies y manos por la política humalista burguesa. No es necesario ser muy zahorí para saber que ese mismo destino le espera al nuevo membrete “Comité Nacional de Lucha en defensa de la Soberanía, los Recursos Naturales y el Medio Ambiente”, abocado a buscar un Referéndum sobre el Gas que la burguesía puede fácilmente sabotear sin tener que resignarse a obedecer su resultado.

Sin voluntad para construir el poder de los trabajadores por medio de nuevos y masivos organismos que nos representen democráticamente en las luchas, a la dirigencia oportunista sólo le ocurre pretender la reforma del Estado de la burguesía mediante una Asamblea Constituyente que “refundaría la República” de los opresores. Este es el señuelo que presentan como panacea, escondiendo que jamás las conquistas históricas de los pueblos han provenido de la provisional existencia de ese tipo de entidades al servicio de la clase dominante, sino de la derrota política (y en algún momento militar) de este enemigo de clase. No de intentar refaccionar lo que hace casi doscientos años fundaron los antiguos oligarcas peruanos, sino de crear un Estado del proletariado por medio de la revolución social, lo que implica levantar un organismo de frente único que pueda ir convirtiéndose en el centro del nuevo Estado, una Asamblea Popular Nacional, opuesta a los poderes burgueses del Gobierno, el Congreso y el Poder Judicial. Al mismo tiempo, para que una táctica electoral tenga algún sentido progresivo clasista, la dirección de la CGTP, es decir el PC y Patria Roja, deben romper toda sujeción a cualquier partido burgués o pequeño burgués, llamando a crear una Candidatura del movimiento obrero y popular, con candidatos elegidos en asambleas democráticas de bases.

El camino del frente único, de la unidad combativa de los trabajadores, es un camino revolucionario, el camino de la Revolución Socialista. Por eso la clase obrera necesita su Partido revolucionario, lo mejor de sus activistas reunidos en torno a un programa de ruptura con el capitalismo y que impulse la alianza obrero – campesina para hacerse del poder político. Sólo así las pequeñas conquistas de hoy no acabarán perdiéndose como en el pasado y toda lucha tendrá un verdadero sentido histórico socialista. A trabajar por construir esa organización con un genuino programa comunista convocamos a nuestros compañeros de todas las luchas, trabajadores y estudiantes.

Publicado en Revolución Socialista # 6 (Noviembre 2010)

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