octubre 17, 2011
octubre 14, 2011
FRENTE ÚNICO POR LA ESTATIZACIÓN SIN PAGO DEL GRAN CAPITAL
FRENTE UNICO DE LOS TRABAJADORES
POR LA ESTATIZACION SIN PAGO DEL GRAN CAPITAL
PARA CREAR TRABAJO DIGNO Y ACABAR CON LA POBREZA
Hace poco más de dos meses entró en funciones el actual gobierno de coalición entre la alianza electoral Gana Perú (Partido Nacionalista + partidos tradicionales de izquierda) y Perú Posible. Producto de este acuerdo la alianza vencedora ha obtenido un amplio respaldo en el Congreso y algunos importantes cuadros toledistas forman parte de este gobierno: Gral. Daniel Mora - Ministro de Defensa, Kurt Burneo – Ministro de la Producción (ex Jefe del Equipo Económico de PP, Viceministro de Hacienda de Toledo, Presidente del Directorio del Banco de la Nación y del Banco Central de Reserva), Rudecindo Vega - Ministro de Trabajo (ex Ministro de Vivienda de PP). Junto a ellos, otros notables personajes de la política burguesa como: Salomón Lerner Ghitis (Viceministro de Comercio Exterior durante la dictadura de Morales Bermúdez, asesor presidencial de Alejandro Toledo) encabeza el Consejo de Ministros y Miguel Castilla Rubio es Ministro de Economía (ex - funcionario del Banco Mundial y de la Corporación Andina de Fomento durante el gobierno aprista, asesor del Ministerio de Economía en 2006 y Viceministro de Hacienda en 2010). Rudecindo Vega no dudó un momento en declarar a la prensa que en su Ministerio “no habrá políticas pro trabajador” (15 de agosto - Diario oficial El Peruano). La participación en este Ministerio de Pablo Checa Ledesma (ex Secretario General adjunto de la CGTP) resulta muy significativa acerca del rol obsecuente que cumple la más alta burocracia sindical.
La cristalización de la convergencia PNP – PP, que abarca los ámbitos regional, parlamentario y Ejecutivo, no sorprendió finalmente a nadie. Dos semanas antes de la primera vuelta electoral del 10 abril, la candidatura del nacionalismo burgués había difundido el documento “Compromiso de Ollanta Humala con el pueblo peruano”, luego desarrollado en la llamada “Hoja de Ruta” (mayo). En esta última Gana Perú convocaba a un “Gobierno de Concertación Nacional”.
Como explicamos oportunamente (en Revolución Socialista Nº 7, mayo 2011), el “Compromiso” del mes de marzo representó el desnudamiento del humalismo como opción neoliberal y su juramento de importantes beneficios al ala derecha de la burguesía peruana, particularmente en forma de novedosa alianza con el partido de Toledo, ex-gobierno antipopular y pro-imperialista de ingrata recordación. Ese texto prometía respaldar la rapiña del gran capital nacional y transnacional, respetar los Tratados de Libre Comercio y los contratos perjudiciales para el país, gobernar de la mano con los capitalistas y las altas cúpulas sindicales, al mismo tiempo que declaraba sus intenciones de mejorar la salud, la educación, los salarios y algunos servicios por medio de un nuevo impuesto a las empresas mineras. Meses después comprobamos de sobra tanto las realidades como la demagogia del discurso: el gobierno ha garantizado el mantenimiento del despojo transnacional, ha asegurado a los empresarios de la CONFIEP la conservación de todos sus privilegios, ha aplicado un pequeño impuesto minero que no podrá solucionar las gravísimas carencias populares, pero eso sí, ha deslizado algunas migajas legales a cambio de que hoy las burocracias de la CGTP y la CUT sofoquen las demandas de sus bases y se sumerjan en una completa servidumbre hacia los políticos humalistas. Entretanto, si continuamos revisando las falsas promesas iniciales, constatamos que ni ha bajado el precio del gas ni habrá 250 pobres soles de jubilación para todos.
Asistencialismo y postración oportunista
En países como el Perú, donde existe una enorme masa sumida en la absoluta miseria, los programas gubernamentales asistencialistas han demostrado ser bastante efectivos para mantener cierto nivel de popularidad entre la población, pero nulos para elevar de verdad el nivel general de vida y solucionar la gravísima carencia de trabajo productivo. La experiencia del régimen fujimorista así lo demuestra y por lo visto la administración humalista pretende replicarla. Si Fujimori creó el Ministerio de la Presidencia como organismo que centralizó la distribución de las migajas hacia los más pobres (además de ser un foco de megacorrupción), Ollanta Humala en su primer mensaje anunció que creará con idéntico propósito el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social. En los gobiernos de Toledo y García se aplicaron los mismos métodos, incluyendo los programas de trabajo temporal, sobre-explotador y sin derechos.
Al mismo tiempo, Humala también anunció la creación de un “Consejo Económico y Social”, organismo que estaría integrado por “representantes del empresariado, los trabajadores y la sociedad civil…”. Esta nueva instancia de conciliación de clases en nada resultará favorable para el proletariado peruano. Por el contrario será un espacio de adormecimiento y engaño hacia donde la burocracia sindical buscará desviar las luchas de los trabajadores para someterlas a los intereses de la patronal, continuando así su larga tradición de traición a las bases.
A todas las circunstancias anteriores se ha llegado mediante el atajo electoral oportunista de estas burocracias (dirigencias de la CGTP y la CUT) y las burocracias políticas del proletariado (PC, Patria Roja), que suplicaron su participación en las candidaturas nacionalistas para fracasar estrepitosamente. Al convertirse el nacionalismo en un montaje electoral competitivo, los partidos reformistas y las cúpulas sindicales decidieron asumir el papel de aliados menores, subordinando los objetivos del movimiento obrero y popular a los intereses de la facción humalista de la burguesía. Una y otra vez obstaculizaron el desarrollo político independiente de los trabajadores y montaron diversos aparatos al servicio del candidato Humala, tales como la “Coordinadora Política y Social” (CPS) que el mismo PNP terminó repudiando o la falsa “Asamblea Nacional de los Pueblos” (2008). Esta política servil extravió al movimiento de masas, le impidió plantearse la gran tarea de construir una alternativa política clasista y ocasionó que una porción importante del movimiento terminara asumiendo equivocadamente al nacionalismo como una expresión progresista que abriría el camino hacia transformaciones “profundas” en el país. Esta ha sido la nefasta función de las direcciones reformistas tradicionales. En cuanto a la juventud estudiantil, fue incapaz de optar por una pauta distinta. El activismo voluntarista y ecléctico convirtió a los núcleos y colectivos de “izquierda” (“marxistas”, “socialistas”, “comunistas”…) en diminutos satélites sujetos a la órbita del reformismo pro-burgués del PC y Patria Roja.
Combate clasista: la única alternativa
El movimiento de la clase obrera y el pueblo fracasa cuando se subordina a fuerzas sociales y políticas ajenas y opuestas a sus intereses históricos. Sólo la independencia de su lucha le garantiza la victoria de sus reivindicaciones en el proceso de conquistar el poder político. Pero es la capa privilegiada de sus dirigentes la que siempre confunde y engaña a los trabajadores para que abandonen su combatividad. Ante ello debemos reafirmarnos en la necesidad imperiosa de movilización por esta Plataforma clasista:
1. Fin de la política privatizadora: Ningún concesionamiento más.
2. Nacionalización sin pago de las transnacionales y la gran empresa, bajo control de sus trabajadores.
3. Estatización de todo el comercio exterior del país.
4. Control directo de todas las empresas estatales por sus trabajadores.
5. Anulación de los Tratados de Libre Comercio.
6. Salud y educación públicas, gratuitas y de calidad, bajo control de las organizaciones populares.
7. Salario que cubra la canasta familiar.
8. Completa estabilidad laboral. Nombramiento de todos los contratados.
9. Desaparición de los services.
10. Plan general de obras públicas para un pleno empleo de calidad.
11. Gas, combustibles y servicios públicos a precios populares.
12. Acceso universal a la vivienda.
13. Tierra y financiamiento para el campesinado.
14. Desconocimiento de la Deuda Externa.
15. Ruptura con los gobiernos imperialistas, con el FMI, el Banco Mundial, el BID, la OMC, la APEC.
Luchar por esta plataforma implica actuar en frente único obrero y popular. Todas las organizaciones de trabajadores de la ciudad y del campo caben unitariamente en esta táctica contra la clase dominante y sus gobiernos, incluyendo a este gobierno actual que jamás estará dispuesto a conceder nuestras reivindicaciones, única forma de construir una sociedad sin explotadores ni explotados. Es la dirigencia de la CGTP la que tiene el deber de encabezar esta lucha por las más altas demandas de los oprimidos, en vez de subordinarse servilmente a la élite burguesa del Partido Nacionalista. Las direcciones de la CGTP y la CUT, así como el PC y Patria Roja, tienen la obligación de romper con esa élite y admitir lo que el pueblo trabajador exige en el país: movilización frontal por nuestros derechos. Pero para esto hay que empezar por no desdibujar la realidad pretendiendo cegar a los trabajadores, como hacen Mario Huamán y la cúpula de la CGTP cuando hablan de los “cambios” que el gobierno estaría haciendo. No hay tal cosa, la política del humalismo es la misma que la de sus predecesores y además se encuentra en contubernio con ellos. Si buscamos trabajo masivo y digno para empezar a acabar con la pobreza, el combate de masas es entonces el único camino.
Una vez más el problema de dirección del movimiento obrero salta a la vista como el principal obstáculo para el desarrollo de formas más avanzadas de lucha contra el sistema explotador. Por ello es preciso que los sectores esclarecidos y comprometidos del proletariado superen su actual dispersión para convertirse en un referente, siendo capaces de agruparse en una vanguardia política revolucionaria, un partido marxista que pueda acabar con el Estado de la burguesía y conducirnos a un Estado de trabajadores. De lo contrario nuevamente tendremos a una gran legión desorientada cuando sus esperanzas en el gobierno nacionalista burgués se hayan diluido.
Desplacemos a la actual burocracia sindical para democratizar la CGTP y la CUT. Construyamos una Central clasista unificada de masas. Adoptemos un programa revolucionario de acción para luchar por la organización de un poder opuesto al poder de los explotadores. Impulsemos Asambleas Populares para reunir en todas partes a las verdaderas fuerzas proletarias de la transformación socialista.
12 de octubre de 2011
Colectivo Revolución Permanente en el Perú
POR LA ESTATIZACION SIN PAGO DEL GRAN CAPITAL
PARA CREAR TRABAJO DIGNO Y ACABAR CON LA POBREZA
Hace poco más de dos meses entró en funciones el actual gobierno de coalición entre la alianza electoral Gana Perú (Partido Nacionalista + partidos tradicionales de izquierda) y Perú Posible. Producto de este acuerdo la alianza vencedora ha obtenido un amplio respaldo en el Congreso y algunos importantes cuadros toledistas forman parte de este gobierno: Gral. Daniel Mora - Ministro de Defensa, Kurt Burneo – Ministro de la Producción (ex Jefe del Equipo Económico de PP, Viceministro de Hacienda de Toledo, Presidente del Directorio del Banco de la Nación y del Banco Central de Reserva), Rudecindo Vega - Ministro de Trabajo (ex Ministro de Vivienda de PP). Junto a ellos, otros notables personajes de la política burguesa como: Salomón Lerner Ghitis (Viceministro de Comercio Exterior durante la dictadura de Morales Bermúdez, asesor presidencial de Alejandro Toledo) encabeza el Consejo de Ministros y Miguel Castilla Rubio es Ministro de Economía (ex - funcionario del Banco Mundial y de la Corporación Andina de Fomento durante el gobierno aprista, asesor del Ministerio de Economía en 2006 y Viceministro de Hacienda en 2010). Rudecindo Vega no dudó un momento en declarar a la prensa que en su Ministerio “no habrá políticas pro trabajador” (15 de agosto - Diario oficial El Peruano). La participación en este Ministerio de Pablo Checa Ledesma (ex Secretario General adjunto de la CGTP) resulta muy significativa acerca del rol obsecuente que cumple la más alta burocracia sindical.
La cristalización de la convergencia PNP – PP, que abarca los ámbitos regional, parlamentario y Ejecutivo, no sorprendió finalmente a nadie. Dos semanas antes de la primera vuelta electoral del 10 abril, la candidatura del nacionalismo burgués había difundido el documento “Compromiso de Ollanta Humala con el pueblo peruano”, luego desarrollado en la llamada “Hoja de Ruta” (mayo). En esta última Gana Perú convocaba a un “Gobierno de Concertación Nacional”.
Como explicamos oportunamente (en Revolución Socialista Nº 7, mayo 2011), el “Compromiso” del mes de marzo representó el desnudamiento del humalismo como opción neoliberal y su juramento de importantes beneficios al ala derecha de la burguesía peruana, particularmente en forma de novedosa alianza con el partido de Toledo, ex-gobierno antipopular y pro-imperialista de ingrata recordación. Ese texto prometía respaldar la rapiña del gran capital nacional y transnacional, respetar los Tratados de Libre Comercio y los contratos perjudiciales para el país, gobernar de la mano con los capitalistas y las altas cúpulas sindicales, al mismo tiempo que declaraba sus intenciones de mejorar la salud, la educación, los salarios y algunos servicios por medio de un nuevo impuesto a las empresas mineras. Meses después comprobamos de sobra tanto las realidades como la demagogia del discurso: el gobierno ha garantizado el mantenimiento del despojo transnacional, ha asegurado a los empresarios de la CONFIEP la conservación de todos sus privilegios, ha aplicado un pequeño impuesto minero que no podrá solucionar las gravísimas carencias populares, pero eso sí, ha deslizado algunas migajas legales a cambio de que hoy las burocracias de la CGTP y la CUT sofoquen las demandas de sus bases y se sumerjan en una completa servidumbre hacia los políticos humalistas. Entretanto, si continuamos revisando las falsas promesas iniciales, constatamos que ni ha bajado el precio del gas ni habrá 250 pobres soles de jubilación para todos.
Asistencialismo y postración oportunista
En países como el Perú, donde existe una enorme masa sumida en la absoluta miseria, los programas gubernamentales asistencialistas han demostrado ser bastante efectivos para mantener cierto nivel de popularidad entre la población, pero nulos para elevar de verdad el nivel general de vida y solucionar la gravísima carencia de trabajo productivo. La experiencia del régimen fujimorista así lo demuestra y por lo visto la administración humalista pretende replicarla. Si Fujimori creó el Ministerio de la Presidencia como organismo que centralizó la distribución de las migajas hacia los más pobres (además de ser un foco de megacorrupción), Ollanta Humala en su primer mensaje anunció que creará con idéntico propósito el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social. En los gobiernos de Toledo y García se aplicaron los mismos métodos, incluyendo los programas de trabajo temporal, sobre-explotador y sin derechos.
Al mismo tiempo, Humala también anunció la creación de un “Consejo Económico y Social”, organismo que estaría integrado por “representantes del empresariado, los trabajadores y la sociedad civil…”. Esta nueva instancia de conciliación de clases en nada resultará favorable para el proletariado peruano. Por el contrario será un espacio de adormecimiento y engaño hacia donde la burocracia sindical buscará desviar las luchas de los trabajadores para someterlas a los intereses de la patronal, continuando así su larga tradición de traición a las bases.
A todas las circunstancias anteriores se ha llegado mediante el atajo electoral oportunista de estas burocracias (dirigencias de la CGTP y la CUT) y las burocracias políticas del proletariado (PC, Patria Roja), que suplicaron su participación en las candidaturas nacionalistas para fracasar estrepitosamente. Al convertirse el nacionalismo en un montaje electoral competitivo, los partidos reformistas y las cúpulas sindicales decidieron asumir el papel de aliados menores, subordinando los objetivos del movimiento obrero y popular a los intereses de la facción humalista de la burguesía. Una y otra vez obstaculizaron el desarrollo político independiente de los trabajadores y montaron diversos aparatos al servicio del candidato Humala, tales como la “Coordinadora Política y Social” (CPS) que el mismo PNP terminó repudiando o la falsa “Asamblea Nacional de los Pueblos” (2008). Esta política servil extravió al movimiento de masas, le impidió plantearse la gran tarea de construir una alternativa política clasista y ocasionó que una porción importante del movimiento terminara asumiendo equivocadamente al nacionalismo como una expresión progresista que abriría el camino hacia transformaciones “profundas” en el país. Esta ha sido la nefasta función de las direcciones reformistas tradicionales. En cuanto a la juventud estudiantil, fue incapaz de optar por una pauta distinta. El activismo voluntarista y ecléctico convirtió a los núcleos y colectivos de “izquierda” (“marxistas”, “socialistas”, “comunistas”…) en diminutos satélites sujetos a la órbita del reformismo pro-burgués del PC y Patria Roja.
Combate clasista: la única alternativa
El movimiento de la clase obrera y el pueblo fracasa cuando se subordina a fuerzas sociales y políticas ajenas y opuestas a sus intereses históricos. Sólo la independencia de su lucha le garantiza la victoria de sus reivindicaciones en el proceso de conquistar el poder político. Pero es la capa privilegiada de sus dirigentes la que siempre confunde y engaña a los trabajadores para que abandonen su combatividad. Ante ello debemos reafirmarnos en la necesidad imperiosa de movilización por esta Plataforma clasista:
1. Fin de la política privatizadora: Ningún concesionamiento más.
2. Nacionalización sin pago de las transnacionales y la gran empresa, bajo control de sus trabajadores.
3. Estatización de todo el comercio exterior del país.
4. Control directo de todas las empresas estatales por sus trabajadores.
5. Anulación de los Tratados de Libre Comercio.
6. Salud y educación públicas, gratuitas y de calidad, bajo control de las organizaciones populares.
7. Salario que cubra la canasta familiar.
8. Completa estabilidad laboral. Nombramiento de todos los contratados.
9. Desaparición de los services.
10. Plan general de obras públicas para un pleno empleo de calidad.
11. Gas, combustibles y servicios públicos a precios populares.
12. Acceso universal a la vivienda.
13. Tierra y financiamiento para el campesinado.
14. Desconocimiento de la Deuda Externa.
15. Ruptura con los gobiernos imperialistas, con el FMI, el Banco Mundial, el BID, la OMC, la APEC.
Luchar por esta plataforma implica actuar en frente único obrero y popular. Todas las organizaciones de trabajadores de la ciudad y del campo caben unitariamente en esta táctica contra la clase dominante y sus gobiernos, incluyendo a este gobierno actual que jamás estará dispuesto a conceder nuestras reivindicaciones, única forma de construir una sociedad sin explotadores ni explotados. Es la dirigencia de la CGTP la que tiene el deber de encabezar esta lucha por las más altas demandas de los oprimidos, en vez de subordinarse servilmente a la élite burguesa del Partido Nacionalista. Las direcciones de la CGTP y la CUT, así como el PC y Patria Roja, tienen la obligación de romper con esa élite y admitir lo que el pueblo trabajador exige en el país: movilización frontal por nuestros derechos. Pero para esto hay que empezar por no desdibujar la realidad pretendiendo cegar a los trabajadores, como hacen Mario Huamán y la cúpula de la CGTP cuando hablan de los “cambios” que el gobierno estaría haciendo. No hay tal cosa, la política del humalismo es la misma que la de sus predecesores y además se encuentra en contubernio con ellos. Si buscamos trabajo masivo y digno para empezar a acabar con la pobreza, el combate de masas es entonces el único camino.
Una vez más el problema de dirección del movimiento obrero salta a la vista como el principal obstáculo para el desarrollo de formas más avanzadas de lucha contra el sistema explotador. Por ello es preciso que los sectores esclarecidos y comprometidos del proletariado superen su actual dispersión para convertirse en un referente, siendo capaces de agruparse en una vanguardia política revolucionaria, un partido marxista que pueda acabar con el Estado de la burguesía y conducirnos a un Estado de trabajadores. De lo contrario nuevamente tendremos a una gran legión desorientada cuando sus esperanzas en el gobierno nacionalista burgués se hayan diluido.
Desplacemos a la actual burocracia sindical para democratizar la CGTP y la CUT. Construyamos una Central clasista unificada de masas. Adoptemos un programa revolucionario de acción para luchar por la organización de un poder opuesto al poder de los explotadores. Impulsemos Asambleas Populares para reunir en todas partes a las verdaderas fuerzas proletarias de la transformación socialista.
12 de octubre de 2011
Colectivo Revolución Permanente en el Perú
mayo 22, 2011
Una vez más, independencia clasista para organizarnos, luchar y derrotar a la burguesía
Dos victorias, focalizadas pero significativas, le arrancó el movimiento obrero y popular a la burguesía en las últimas semanas. La población de la provincia de Islay (Arequipa) obtuvo el abandono gubernamental del proyecto Tía María de la transnacional Southern, y los mineros de Casapalca consiguieron imponer sus demandas salariales y laborales a su patronal. Ambas victorias como resultado de huelgas indefinidas movilizadas, combativas, garantizadas unitaria y masivamente, en las que el gobierno aprista de contubernio con el fujimorismo, el PPC y sus aliados, una vez más apaleó, detuvo, tiroteó y asesinó.
De esta manera resuelta y a pesar de la represión, organizaciones como el Frente de Defensa del Tambo y el Sindicato de Casapalca, mostraron que las sacrificadas masas luchadoras exigen de los dirigentes firmeza para poder vencer. Unas vez más las huelgas que no son simbólicas, limitadas y falsamente “preventivas” le demostraron a la dirección burocrática de la CGTP cuál es el único lenguaje que el enemigo de clase comprende. Haciendo realidad el frente único para la batalla y no para la conciliación, los trabajadores de la ciudad y el campo brindaron una gran lección a la burocracia sindical.
Mientras esto sucedía, la dirigencia y el aparato de la Central estaban muy ocupados respaldando al nacionalismo burgués en la campaña electoral. Finalmente, años de una política de sumisión ante el gobierno y de oportunismo servilista ante la minoritaria fracción nacionalista de la burguesía, han arrojado resultados: en el Perú el movimiento de masas continúa golpeado, todavía desestructurado y sin perspectivas, e incluso los trabajadores carecemos de alternativa electoral propia que levante una plataforma programática clasista.
La falacia del “campo popular”
La dirección reformista de la CGTP (el PC y Patria Roja), difunde constantemente la idea de la existencia de un campo político “popular” al que pertenecerían, además de la izquierda, el Partido Nacionalista, Fuerza Social, entre otros. Esta es una pretensión artificiosa, nada más falso. Existen partidos y grupos pertenecientes al movimiento de los trabajadores y existen partidos creados por su dirigencia desde fuera de las filas y de los objetivos de las masas. A esta última categoría corresponden justamente el PNP y FS.
En el caso del Humalismo, representa una variante de la vieja corriente tan presente en la historia contemporánea de América Latina, Asia y África, conocida como nacionalismo burgués. Algunos ejemplos actuales en nuestra región son los gobiernos de Chávez, Morales, Correa, y otros más obsecuentes al imperialismo como los de Lula, Kirchner, Bachelet o Mujica. Humala, que empezó orientándose al chavismo, ha devenido un seguidor de los segundos.
Esta concepción pro-burguesa que convoca a confundir banderas con organizaciones de la clase contraria, adjudicándoles para ello adjetivos como “democráticas” o “progresistas”, es tan vieja como los llamados “frentes populares” que sirvieron - en Europa y ciertos países cercanos como Chile - para llevar al movimiento de masas a la derrota total en su lucha por el poder de los trabajadores. En nuestra historia podemos observar los estragos de esta línea en el apoyo sucesivo del PC a los oligarcas Prado, Bustamente y Belaúnde, luego a la dictadura militar velasquista, y en el apoyo de la izquierda a Fujimori en 1990 y a Toledo el 2001.
La falacia del “capitalismo democrático”
El programa del PNP siempre tuvo un carácter capitalista hasta la médula (ver declaración del CRPP en la página 5), pero fue sólo a trece días de las elecciones del 10 de abril cuando se suplantó sorpresivamente todos los planteamientos anteriores por un documento llamado “Compromiso de Ollanta Humala con el Pueblo Peruano”. En éste se concentran los postulados y medidas que el candidato de la Alianza Gana Perú ofrece para obtener el voto de las masas. Aquí un resumen:
- Fomentar la inversión privada, nacional y extranjera.
- Respetar los Tratados de Libre Comercio, los contratos con las transnacionales y la legislación que los ampara.
- Establecer esta política por medio de un pacto entre el gobierno y las organizaciones de los empresarios y los trabajadores.
- Mejorar la educación, la salud, la infraestructura, el salario, las condiciones de trabajo y el crédito.
- Garantizar el consumo masivo del gas.
- Imponer un impuesto a las “sobreganancias” mineras y reducir los impuestos a los combustibles y otros rubros.
- Crear un plan pensionario universal para mayores de 65 años.
- Enfrentar la corrupción.
Veamos.
La alianza del PNP y algunos partidos tradicionales de la izquierda, como el PC y el Partido Socialista, ofrece un gobierno que en palabras mismas del vocero nacionalista Nicolás Lynch (ex marxista y ex ministro neoliberal de Toledo) sería “capitalista democrático”. Gobernaría para defender la economía capitalista que explota a los trabajadores y al Estado burgués que los oprime, pero buscando mejorar en alguna medida las condiciones de vida de las masas (este sería su lado democrático).
Lo primero que debe decirse acerca de esta pretensión “capitalista democrática” del nacionalismo burgués y del reformismo, es que tal cosa es imposible. La economía capitalista impide permanentemente la satisfacción de las necesidades fundamentales del pueblo trabajador (exceptuando las migajas) y provocando su respuesta sindical y política, razón por la que el Estado de los explotadores necesita perpetuar la falta de derechos y libertades, obstaculizando la organización y la movilización que puedan arrancar conquistas económicas, reprimiendo ferozmente y eliminando así toda posibilidad de verdadera democracia.
La consabida inversión empresarial, con su entraña de transnacionalización y de legislación nacional pro-imperialista, no significa otra cosa que el capitalismo más rancio, hoy en día denominado “neoliberal”. Ese es el sistema y el Estado que Ollanta Humala y sus aliados defienden y quieren sostener por medio de un pacto entre los capitalistas, su gobierno y la burocracia sindical de la CGTP y la CUT. Por eso es lógico que no pretendan molestar al imperialismo y a otros países importantes, deshaciendo los colonialistas Tratados de Libre Comercio que firmaron los anteriores gobiernos reaccionarios.
El resto de la nueva plataforma es la tradicional declaración de buenas intenciones, donde destacan las tres únicas medidas concretas que promete el humalismo: habrá gas para todos (¿le creemos? ¿y cuál será su precio?), habrá un nuevo impuesto a las compañías mineras (¿de cuánto se habla? ¿tendrá alguna significación?) y habrá jubilación para todos (mediante un programa de 250 miserables soles). Las transnacionales mineras, petroleras, gasíferas, de comunicaciones y servicios, saquean el país y el nacionalismo le dice a nuestro pueblo: “no voy a hacer justicia recuperando lo que te pertenece ni respetando la riqueza que produces, sólo voy a aliviarte un poquito con las limosnas de tus expoliadores”. Esto se llama - desde hace muchos siglos - vasallaje, y en este caso concreto genuflexión ante el pirata foráneo, connivencia, cipayismo. Educación y salud públicas, gratuitas y de calidad, infraestructura generalizada y salarios de acuerdo a las necesidades, nada de esto puede lograrse sin expropiar al capital transnacional y a la gran burguesía, por eso el nacionalismo (a diferencia de su Plan de Gobierno) prefiere aclarar muy bien que no piensa realizarlo. Por último, la propia corrupción es imposible de combatir sin expropiar al gran capital que lo corrompe todo.
Diremos que lo descrito se asemeja demasiado, es importante recordarlo, a la política aprista de los años ’40, época en que abandonaba su nacionalismo radical pequeñoburgués para pasar a proponerse como alternativa burguesa de gobierno. El nacionalismo humalista no es pues sino un aprismo refrito de hace más de sesenta años.
La nueva debacle electoral del reformismo y de la burocracia sindical
Patético fue, por decir lo menos, el espectáculo electoral brindado por los partidos reformistas tradicionales, en particular por el PC y Patria Roja – MNI. Luego de arrastrase durante años tras el nacionalismo, no obtuvieron más que el ofrecimiento de un puesto en su lista. Al PC le tocó el premio consuelo de la candidatura al Parlamento Andino para su Secretario General Roberto de la Cruz, aunque también consiguió colocar a Fidel Ríos y a Carmela Sifuentes, el primero por la fantasmal Lima para Todos y la segunda invitada como Presidenta de la CGTP. Ninguno salió elegido.
El caso del MNI fue más escandaloso todavía. Habiendo pactado desesperadamente con Fuerza Social para llevar a la Alcaldía a una neoliberal ministra de Paniagua como Susana Villarán, la felicidad oportunista no le duró nada, pues fue expulsado de cualquier futura coalición por su aliado mismo. Habiéndose colocado tras Rodríguez Cuadros en un primer momento y no pudiendo ya volver sobre la oferta nacionalista que el resto de la izquierda aceptó, colapsó entonces toda la aventura electorera y así concluyó su “gran unidad” con el enemigo de clase. Ulteriormente, resentida con el nacionalismo y en contra de sus convicciones pro-burguesas, Patria Roja maldijo en todos los tonos a Gana Perú y llamó a votar nulo, para luego volverse sobre sí mismo y participar ahora de la campaña de Ollanta.
Esos son los partidos que dominan la CGTP. Viejos servidores de los intereses políticos de fracciones burguesas menores o en ascenso. Quienes han colocado al movimiento obrero y de masas a los pies de un partido financiado por un sector de la burguesía peruana sionista y acaudillado por un Comandante Contrasubversivo, y quienes han llevado a la Central a apoyar oficialmente a una opción burguesa, cuando irónicamente jamás apoyó oficialmente a ninguna candidatura que se reivindicara socialista. Mario Huamán, Olmedo Auris y las cúpulas del PC y Patria Roja, tendrán que responder por todo esto ante las bases trabajadoras. En el colmo del fracaso, de los cinco candidatos sindicales que se aprobó apoyar en las listas de Gana Perú, sólo Wilder Ruiz de Azucarera Andahuasi logró un escaño. Las candidaturas de Sifuentes y Cortez, principales dirigentes de la CGTP, no entusiasmaron ni siquiera a las bases, menos aún a otros sectores de trabajadores en Lima.
Combatir al fujimorismo en frente único de independencia clasista
El crecimiento electoral del fujimorismo mafioso y ultraderechista no es un dato menor de la situación actual. Es el resultado de un lógico desencanto por la democracia burguesa en sectores de las grandes masas empobrecidas, a los que la dirección del movimiento proletario no les ha ofrecido una solución clasista y revolucionaria. Allí está el caldo de cultivo de la manipulación fujimorista de un sector de las masas, en el paso de los años de democracia antipopular y luchas intencionalmente descoordinadas y frustradas por una dirigencia claudicante y bomberil. Los votos fujimoristas de los ’90 (provenientes de sectores que alguna vez en los ‘80 enorgullecieron al reformismo) migraron primero a la demagogia toledista, luego a la demagogia alanista y hoy están retornando al fujimorismo, sin que la dirección del movimiento obrero haya hecho nada por darles un cauce clasista alternativo.
Los trabajadores debemos ejercer nuestro derecho a exigirle a la dirección de la CGTP que movilice urgentemente a todas sus bases a nivel nacional contra la amenaza política fujimontesinista. Habida cuenta de la tradicional debilidad electoral de los partidos de la gran burguesía como el PPC, del fracaso de nuevas opciones como Castañeda y del reiterado hundimiento de Perú Posible, la fracción mayoritaria de la clase dominante está virando nuevamente hacia el fujimorismo, como carta que asegure la inmovilidad de la política económica y represiva del toledismo y del aprismo. La dirección de la CGTP tiene, en este momento, la responsabilidad gigantesca de iniciar la movilización de los trabajadores organizados de la ciudad y del campo, para frenar la reconstitución política del acuerdo de los años ‘90 entre la mayoría burguesa y la mafia fujimorista.
Pero este no es más que un objetivo inmediato. En realidad no es posible conjurar el peligro fujimorista sin levantar una alternativa organizada de masas contra todas las opciones burguesas, incluyendo al Partido Nacionalista. Tarde o temprano, en los siguientes años o en los siguientes meses, la reacción enfilará contra el movimiento popular en forma de fujimorismo y sus aliados. En ese momento, si la clase obrera no ha sido capaz, a causa de las traiciones de su dirección, de ponerse a la cabeza de los explotados organizados, las consecuencias serán muy funestas. Sin política proletaria independiente y sin política de frente único de los trabajadores para combatir y vencer (y no para conciliar), los trabajadores no nos construiremos como poder alternativo al poder de la burguesía y no podremos conquistar nuestros objetivos. Uno de estos objetivos centrales es la expropiación - sin pago y bajo control obrero - del gran capital nacional y de las transnacionales, para satisfacer de verdad las grandes necesidades de las masas trabajadoras. Sea cual sea el nuevo gobierno, al servicio de la lucha por este objetivo estratégico y de la adopción de un programa revolucionario, debemos poner toda nuestra capacidad de organización.
Para afrontar esas tareas la dirección de la CGTP debe abandonar de inmediato la sumisión al nacionalismo burgués. En estas circunstancias es también más importante que nunca la propia sustitución de esa dirección burocrática por dirigentes de base honestos y luchadores que puedan adoptar en su momento un programa clasista y garantizar el combate sin cuartel contra la burguesía. El encuentro de ese programa con una nueva generación dirigente en un próximo período, podrá abrir la posibilidad de construir un partido de los trabajadores revolucionarios, que se fije como objetivo la revolución socialista en el Perú.
Mayo 2011
Colectivo Revolución Permanente en el Perú
(Publicado en Revolución Socialista # 7 - mayo 2011)
De esta manera resuelta y a pesar de la represión, organizaciones como el Frente de Defensa del Tambo y el Sindicato de Casapalca, mostraron que las sacrificadas masas luchadoras exigen de los dirigentes firmeza para poder vencer. Unas vez más las huelgas que no son simbólicas, limitadas y falsamente “preventivas” le demostraron a la dirección burocrática de la CGTP cuál es el único lenguaje que el enemigo de clase comprende. Haciendo realidad el frente único para la batalla y no para la conciliación, los trabajadores de la ciudad y el campo brindaron una gran lección a la burocracia sindical.
Mientras esto sucedía, la dirigencia y el aparato de la Central estaban muy ocupados respaldando al nacionalismo burgués en la campaña electoral. Finalmente, años de una política de sumisión ante el gobierno y de oportunismo servilista ante la minoritaria fracción nacionalista de la burguesía, han arrojado resultados: en el Perú el movimiento de masas continúa golpeado, todavía desestructurado y sin perspectivas, e incluso los trabajadores carecemos de alternativa electoral propia que levante una plataforma programática clasista.
La falacia del “campo popular”
La dirección reformista de la CGTP (el PC y Patria Roja), difunde constantemente la idea de la existencia de un campo político “popular” al que pertenecerían, además de la izquierda, el Partido Nacionalista, Fuerza Social, entre otros. Esta es una pretensión artificiosa, nada más falso. Existen partidos y grupos pertenecientes al movimiento de los trabajadores y existen partidos creados por su dirigencia desde fuera de las filas y de los objetivos de las masas. A esta última categoría corresponden justamente el PNP y FS.
En el caso del Humalismo, representa una variante de la vieja corriente tan presente en la historia contemporánea de América Latina, Asia y África, conocida como nacionalismo burgués. Algunos ejemplos actuales en nuestra región son los gobiernos de Chávez, Morales, Correa, y otros más obsecuentes al imperialismo como los de Lula, Kirchner, Bachelet o Mujica. Humala, que empezó orientándose al chavismo, ha devenido un seguidor de los segundos.
Esta concepción pro-burguesa que convoca a confundir banderas con organizaciones de la clase contraria, adjudicándoles para ello adjetivos como “democráticas” o “progresistas”, es tan vieja como los llamados “frentes populares” que sirvieron - en Europa y ciertos países cercanos como Chile - para llevar al movimiento de masas a la derrota total en su lucha por el poder de los trabajadores. En nuestra historia podemos observar los estragos de esta línea en el apoyo sucesivo del PC a los oligarcas Prado, Bustamente y Belaúnde, luego a la dictadura militar velasquista, y en el apoyo de la izquierda a Fujimori en 1990 y a Toledo el 2001.
La falacia del “capitalismo democrático”
El programa del PNP siempre tuvo un carácter capitalista hasta la médula (ver declaración del CRPP en la página 5), pero fue sólo a trece días de las elecciones del 10 de abril cuando se suplantó sorpresivamente todos los planteamientos anteriores por un documento llamado “Compromiso de Ollanta Humala con el Pueblo Peruano”. En éste se concentran los postulados y medidas que el candidato de la Alianza Gana Perú ofrece para obtener el voto de las masas. Aquí un resumen:
- Fomentar la inversión privada, nacional y extranjera.
- Respetar los Tratados de Libre Comercio, los contratos con las transnacionales y la legislación que los ampara.
- Establecer esta política por medio de un pacto entre el gobierno y las organizaciones de los empresarios y los trabajadores.
- Mejorar la educación, la salud, la infraestructura, el salario, las condiciones de trabajo y el crédito.
- Garantizar el consumo masivo del gas.
- Imponer un impuesto a las “sobreganancias” mineras y reducir los impuestos a los combustibles y otros rubros.
- Crear un plan pensionario universal para mayores de 65 años.
- Enfrentar la corrupción.
Veamos.
La alianza del PNP y algunos partidos tradicionales de la izquierda, como el PC y el Partido Socialista, ofrece un gobierno que en palabras mismas del vocero nacionalista Nicolás Lynch (ex marxista y ex ministro neoliberal de Toledo) sería “capitalista democrático”. Gobernaría para defender la economía capitalista que explota a los trabajadores y al Estado burgués que los oprime, pero buscando mejorar en alguna medida las condiciones de vida de las masas (este sería su lado democrático).
Lo primero que debe decirse acerca de esta pretensión “capitalista democrática” del nacionalismo burgués y del reformismo, es que tal cosa es imposible. La economía capitalista impide permanentemente la satisfacción de las necesidades fundamentales del pueblo trabajador (exceptuando las migajas) y provocando su respuesta sindical y política, razón por la que el Estado de los explotadores necesita perpetuar la falta de derechos y libertades, obstaculizando la organización y la movilización que puedan arrancar conquistas económicas, reprimiendo ferozmente y eliminando así toda posibilidad de verdadera democracia.
La consabida inversión empresarial, con su entraña de transnacionalización y de legislación nacional pro-imperialista, no significa otra cosa que el capitalismo más rancio, hoy en día denominado “neoliberal”. Ese es el sistema y el Estado que Ollanta Humala y sus aliados defienden y quieren sostener por medio de un pacto entre los capitalistas, su gobierno y la burocracia sindical de la CGTP y la CUT. Por eso es lógico que no pretendan molestar al imperialismo y a otros países importantes, deshaciendo los colonialistas Tratados de Libre Comercio que firmaron los anteriores gobiernos reaccionarios.
El resto de la nueva plataforma es la tradicional declaración de buenas intenciones, donde destacan las tres únicas medidas concretas que promete el humalismo: habrá gas para todos (¿le creemos? ¿y cuál será su precio?), habrá un nuevo impuesto a las compañías mineras (¿de cuánto se habla? ¿tendrá alguna significación?) y habrá jubilación para todos (mediante un programa de 250 miserables soles). Las transnacionales mineras, petroleras, gasíferas, de comunicaciones y servicios, saquean el país y el nacionalismo le dice a nuestro pueblo: “no voy a hacer justicia recuperando lo que te pertenece ni respetando la riqueza que produces, sólo voy a aliviarte un poquito con las limosnas de tus expoliadores”. Esto se llama - desde hace muchos siglos - vasallaje, y en este caso concreto genuflexión ante el pirata foráneo, connivencia, cipayismo. Educación y salud públicas, gratuitas y de calidad, infraestructura generalizada y salarios de acuerdo a las necesidades, nada de esto puede lograrse sin expropiar al capital transnacional y a la gran burguesía, por eso el nacionalismo (a diferencia de su Plan de Gobierno) prefiere aclarar muy bien que no piensa realizarlo. Por último, la propia corrupción es imposible de combatir sin expropiar al gran capital que lo corrompe todo.
Diremos que lo descrito se asemeja demasiado, es importante recordarlo, a la política aprista de los años ’40, época en que abandonaba su nacionalismo radical pequeñoburgués para pasar a proponerse como alternativa burguesa de gobierno. El nacionalismo humalista no es pues sino un aprismo refrito de hace más de sesenta años.
La nueva debacle electoral del reformismo y de la burocracia sindical
Patético fue, por decir lo menos, el espectáculo electoral brindado por los partidos reformistas tradicionales, en particular por el PC y Patria Roja – MNI. Luego de arrastrase durante años tras el nacionalismo, no obtuvieron más que el ofrecimiento de un puesto en su lista. Al PC le tocó el premio consuelo de la candidatura al Parlamento Andino para su Secretario General Roberto de la Cruz, aunque también consiguió colocar a Fidel Ríos y a Carmela Sifuentes, el primero por la fantasmal Lima para Todos y la segunda invitada como Presidenta de la CGTP. Ninguno salió elegido.
El caso del MNI fue más escandaloso todavía. Habiendo pactado desesperadamente con Fuerza Social para llevar a la Alcaldía a una neoliberal ministra de Paniagua como Susana Villarán, la felicidad oportunista no le duró nada, pues fue expulsado de cualquier futura coalición por su aliado mismo. Habiéndose colocado tras Rodríguez Cuadros en un primer momento y no pudiendo ya volver sobre la oferta nacionalista que el resto de la izquierda aceptó, colapsó entonces toda la aventura electorera y así concluyó su “gran unidad” con el enemigo de clase. Ulteriormente, resentida con el nacionalismo y en contra de sus convicciones pro-burguesas, Patria Roja maldijo en todos los tonos a Gana Perú y llamó a votar nulo, para luego volverse sobre sí mismo y participar ahora de la campaña de Ollanta.
Esos son los partidos que dominan la CGTP. Viejos servidores de los intereses políticos de fracciones burguesas menores o en ascenso. Quienes han colocado al movimiento obrero y de masas a los pies de un partido financiado por un sector de la burguesía peruana sionista y acaudillado por un Comandante Contrasubversivo, y quienes han llevado a la Central a apoyar oficialmente a una opción burguesa, cuando irónicamente jamás apoyó oficialmente a ninguna candidatura que se reivindicara socialista. Mario Huamán, Olmedo Auris y las cúpulas del PC y Patria Roja, tendrán que responder por todo esto ante las bases trabajadoras. En el colmo del fracaso, de los cinco candidatos sindicales que se aprobó apoyar en las listas de Gana Perú, sólo Wilder Ruiz de Azucarera Andahuasi logró un escaño. Las candidaturas de Sifuentes y Cortez, principales dirigentes de la CGTP, no entusiasmaron ni siquiera a las bases, menos aún a otros sectores de trabajadores en Lima.
Combatir al fujimorismo en frente único de independencia clasista
El crecimiento electoral del fujimorismo mafioso y ultraderechista no es un dato menor de la situación actual. Es el resultado de un lógico desencanto por la democracia burguesa en sectores de las grandes masas empobrecidas, a los que la dirección del movimiento proletario no les ha ofrecido una solución clasista y revolucionaria. Allí está el caldo de cultivo de la manipulación fujimorista de un sector de las masas, en el paso de los años de democracia antipopular y luchas intencionalmente descoordinadas y frustradas por una dirigencia claudicante y bomberil. Los votos fujimoristas de los ’90 (provenientes de sectores que alguna vez en los ‘80 enorgullecieron al reformismo) migraron primero a la demagogia toledista, luego a la demagogia alanista y hoy están retornando al fujimorismo, sin que la dirección del movimiento obrero haya hecho nada por darles un cauce clasista alternativo.
Los trabajadores debemos ejercer nuestro derecho a exigirle a la dirección de la CGTP que movilice urgentemente a todas sus bases a nivel nacional contra la amenaza política fujimontesinista. Habida cuenta de la tradicional debilidad electoral de los partidos de la gran burguesía como el PPC, del fracaso de nuevas opciones como Castañeda y del reiterado hundimiento de Perú Posible, la fracción mayoritaria de la clase dominante está virando nuevamente hacia el fujimorismo, como carta que asegure la inmovilidad de la política económica y represiva del toledismo y del aprismo. La dirección de la CGTP tiene, en este momento, la responsabilidad gigantesca de iniciar la movilización de los trabajadores organizados de la ciudad y del campo, para frenar la reconstitución política del acuerdo de los años ‘90 entre la mayoría burguesa y la mafia fujimorista.
Pero este no es más que un objetivo inmediato. En realidad no es posible conjurar el peligro fujimorista sin levantar una alternativa organizada de masas contra todas las opciones burguesas, incluyendo al Partido Nacionalista. Tarde o temprano, en los siguientes años o en los siguientes meses, la reacción enfilará contra el movimiento popular en forma de fujimorismo y sus aliados. En ese momento, si la clase obrera no ha sido capaz, a causa de las traiciones de su dirección, de ponerse a la cabeza de los explotados organizados, las consecuencias serán muy funestas. Sin política proletaria independiente y sin política de frente único de los trabajadores para combatir y vencer (y no para conciliar), los trabajadores no nos construiremos como poder alternativo al poder de la burguesía y no podremos conquistar nuestros objetivos. Uno de estos objetivos centrales es la expropiación - sin pago y bajo control obrero - del gran capital nacional y de las transnacionales, para satisfacer de verdad las grandes necesidades de las masas trabajadoras. Sea cual sea el nuevo gobierno, al servicio de la lucha por este objetivo estratégico y de la adopción de un programa revolucionario, debemos poner toda nuestra capacidad de organización.
Para afrontar esas tareas la dirección de la CGTP debe abandonar de inmediato la sumisión al nacionalismo burgués. En estas circunstancias es también más importante que nunca la propia sustitución de esa dirección burocrática por dirigentes de base honestos y luchadores que puedan adoptar en su momento un programa clasista y garantizar el combate sin cuartel contra la burguesía. El encuentro de ese programa con una nueva generación dirigente en un próximo período, podrá abrir la posibilidad de construir un partido de los trabajadores revolucionarios, que se fije como objetivo la revolución socialista en el Perú.
Mayo 2011
Colectivo Revolución Permanente en el Perú
(Publicado en Revolución Socialista # 7 - mayo 2011)
Elecciones 2010 - 2011: Un enfoque marxista. Segunda vuelta: Humala y Fujimori, la cuestión del mal menor
A la luz de las últimas contiendas presidenciales y parlamentarias es posible distinguir dos grandes tendencias electorales entre las masas; por un lado tenemos a la gran mayoría de trabajadores, carentes de organización y políticamente desorientados, quienes al parecer son capaces de brindar su apoyo emocional a casi cualquier candidatura incluso aquellas que cuentan con nefastos precedentes de gobierno (Fujimorismo - Fuerza 2011 (1), Toledismo, etc.). Luego encontramos a los trabajadores organizados (en sindicatos, partidos reformistas) que además de ser un sector mucho menos numeroso padece el influjo de dirigentes reformistas serviles al nacionalismo burgués (Gana Perú (2)).
La arremetida fujimorista:
El fujimorismo constituye el más reciente referente de extremo autoritarismo y corrupción en el país. Sin embargo, una porción importante del electorado peruano ha optado por brindarle su voto, esto al menos en los sectores más deprimidos podría significar una forma de añoranza hacia los intensos programas asistencialistas (3) implementados en los noventa, mismos que demostraron ser bastante efectivos para anestesiar y ganar la simpatía de la población en pobreza extrema. También durante este funesto periodo el desangramiento del pueblo en manos de las fuerzas represivas del Estado, así como la corrupción de funcionarios públicos llegó a niveles insospechados mientras la dirección del movimiento obrero con su pasividad permitía que se conculcaran una serie de derechos de los trabajadores, esto en el marco de las reformas económicas neoliberales impuestas por el fujimorismo.
En las postrimerías de los 90 una legión de trabajadores y estudiantes tomaron las calles y plazas en repetidas oportunidades estas jornadas de lucha contribuyeron a la caída del régimen ultrareaccionario de Alberto Fujimori, lamentablemente la ausencia de una dirección política clasista permitió que la facción burguesa no fujimorista capitalizara fácilmente el derrocamiento del dictador; inmediatamente la burguesía “demócrata” nombró a Valentín Paniagua como presidente interino del “gobierno de Transición” (2000 – 2001) el cual mantuvo la línea privatista de Fujimori y sirvió de antesala a las nefastas administraciones de Toledo (2001 - 2006) y García (2006 – 2011).
Ha transcurrido poco más de una década desde que cayera el régimen corrupto (4) y sanguinario (5) de “El Chino” Fujimori y su asesor “El Doc” Montesinos y nos golpea la posibilidad electoral de que su heredera Keiko Fujimori Higuchi (Fuerza 2011) tome las riendas del Estado burgués, frente a esta amenaza para algunos el nacionalismo podría parecer “el mal menor”, pero lo cierto es que sólo se trata de la confirmación purulenta de que los trabajadores nada pueden esperar de la “democracia” burguesa, conclusión que se expresa en la consigna por el “voto viciado”.
“Gana Perú” ¿La opción progresista?
Dentro del movimiento de masas las ilusiones respecto al supuesto carácter progresista del nacionalismo burgués se dan en dos sentidos: 1.- La burguesía nacionalista conseguirá dominar las leyes del capital gracias a una fuerte presencia del Estado (burgués) permitiendo que la riqueza se reparta con justicia (entre patrones y trabajadores). 2.- Las reformas nacionalistas crearán condiciones favorables para luchar por el socialismo. ¡Ambas utopías! La historia demuestra que el nacionalismo, con la oportuna asistencia del stalinismo en sus diversas vertientes, consiguió contener o desviar procesos revolucionarios que ponían en riesgo el orden de explotación burgués manteniendo a los trabajadores sumidos en la miseria.
El Partido Nacionalista Peruano, núcleo de lo que hoy se denomina “Gana Perú”, comenzó siendo una típica expresión política de la burguesía nacionalista que aspira a llegar al poder para conseguir una mayor capacidad de maniobra frente a los capitalistas extranjeros. Débil como el resto de la burguesía nacional desde el principio buscó ganar la simpatía del movimiento obrero y popular a través de un programa que prometía convertir al Estado burgués en protector de los explotados y arbitro del mercado. ¡Burdas patrañas! Jamás las reformas nacionalistas, sean como extensas expropiaciones del capital foráneo o como moderadas intervenciones estatales, han significado una mejora sustancial del nivel de vida de los trabajadores ya que el nacionalismo por su carácter de clase siempre defenderá la propiedad privada de los medios de producción y la explotación de los trabajadores en beneficio de la burguesía.
El capitalismo siendo un sistema económico mundial siempre le dejó a los regímenes nacionalistas un espacio de maniobra reducido por lo que tarde o temprano estaban obligados a transar con los ejes imperialistas. En la actual coyuntura electoral este hecho objetivo tiene su correlato en el prematuro cambio de discurso del comandante Ollanta Humala quien ofendiendo el sentido común de los electores acuñó su ya famosa frase: “nacionalizar no es estatizar”. Es decir, “Gana Perú” no cuestiona el orden vigente, no combate al imperialismo, simplemente busca implementar pequeñas reformas ya que siendo una expresión política burguesa sólo garantiza la continuidad de la explotación de los trabajadores.
“Gana Perú´ pretende conquistar los votos que necesita para llegar al poder seduciendo a las masas con promesas demagógicas (trabajo y salarios dignos, salud y educación gratuita y de calidad, soberanía sobre los recursos naturales, etc. etc.) imposibles de cumplir dentro del marco capitalista, ofreciéndoles además migajas denigrantes e irrisorias como la “Pensión 65”. Desde esta tribuna hemos insistido una y otra vez en que los trabajadores deben abandonar toda esperanza en el nacionalismo burgués contradiciendo la tendencia hoy imperante dentro del movimiento obrero y popular; en este momento frente a la pretendida “polarización electoral” nos mantenemos consecuentes y promovemos el voto viciado como forma de rechazo hacia toda variante de dominación burguesa.
La burocracia sindical se mantiene servil al nacionalismo burgués:
[(…) La CGTP reitera su congratulación a Gana Perú por el triunfo de Ollanta Humala pero lo compromete a mantener como sus banderas en la segunda vuelta la solución a los problemas nacionales postergados por los gobiernos neoliberales, como la óptima distribución de la riqueza y el respeto a los derechos humanos y laborales, entre otros. DEPARTAMENTO DE PRENSA Y COMUNICACIONES DE LA CGTP. Lima, 11 de abril de 2011]
En Perú como en otros países los herederos del stalinismo aun continúan enquistados en la dirección de las organizaciones proletarias, es así que la burocracia sindical de la CGTP en lugar de plantear una plataforma de lucha clasista ha venido desviando la disposición combativa de las masas con inútiles movilizaciones de un día, promoviendo engañosas reformas burguesas como la Asamblea Constituyente (6) o el incremento tributario para el capital foráneo (entre otras), manteniendo al movimiento obrero peruano sujeto a los intereses del partido nacionalista, supuestamente la opción más “progresista” y “democrática”, anulando así toda posibilidad de desarrollo político independiente.
[Foto Carmela Sifuentes – Presidenta del a CGTP -“Si soy elegida congresista de la República, estaré con Gana Perú y Ollanta Humala durante los cinco años, desde el comienzo hasta el final” (Publicado en La República, 7 de febrero de 2011)]
La actual dirección de la CGTP con el aval de la Asamblea de Delegados (12 de febrero) llegó al extremo de apoyar a varios representantes sindicales candidatos (7) al parlamento por “Gana Perú” actitud que constituye un flagrante atentado contra la imprescindible independencia política del proletariado. Por si fuera poco la burocracia sindical se viene haciendo de la “vista gorda” frente a la vertiginosa “derechización” de los nacionalistas quienes para la segunda vuelta buscan reforzar su frente popular pactando con algunos sectores de la burguesía que ellos mismos habían catalogado como “continuistas” y “neoliberales” (8).
[“Cuando hablo de nacionalización es un concepto político no económico. Hablo de construir una nación, pero no me refiero a estatizar empresas”. (Entrevista Ollanta Humala Diario "El Comercio" 26 de diciembre de 2010)]
[“Vamos a respetar los acuerdos suscritos por el Estado, nos gusten o no" (Diario "La República" 24 de marzo de 2011)]
[“Para la segunda vuelta vamos a consensuar, vamos a dialogar con algunas fuerzas que han estado en la lid electoral... Especialmente con la agrupación de Alejandro Toledo (…) También conversaremos con Luis Castañeda y Pedro Pablo Kuczynski.”] (Entrevista a Omar Chehade, candidato a la segunda vicepresidencia por Gana Perú, Diario "La República" 12 de abril de 2011)
Las tareas de la vanguardia obrera:
Las tareas planteadas no han cambiado y mucho menos están sujetas al resultado de las elecciones burguesas, ya que la única vía posible que tienen los explotados para emanciparse es su organización política en torno a un programa independiente de la burguesía. Por ello debemos continuar batallando para erradicar toda forma de reformismo en las organizaciones del movimiento obrero y popular, dedicando al mismo tiempo nuestros mejores esfuerzos a la creación de núcleos marxistas que permitan la formación de cuadros frescos y honestos, vibrantes continuadores del Bolchevismo.
Notas
1. FUERZA 2011, es la más reciente denominación del fujimorismo que en sus inicios se llamó “Cambio 90” agrupación que jamás tuvo vida orgánica y fue desactivada después de las elecciones de 1990. En 1995 reapareció sólo para las elecciones como “Nueva Mayoría”. En 2000 se renombra otra vez como “Perú al 2000” falsificando más de un millón de firmas para inscribirse en el Jurado Nacional de Elecciones.
2. GANA PERÚ; Alianza electoral conformada en diciembre de 2010 por el Partido Nacionalista Peruano y los partidos de izquierda: Partido Comunista Peruano, Partido Socialista, Partido Socialista Revolucionario, Movimiento Político Voz Socialista y un sector de "Lima para Todos".
3. Asistencialismo Fujimorista, durante el gobierno de Alberto Fujimori se implementaron una serie de programas asistencialistas con el propósito de mantener la popularidad del régimen. Uno de los más escandalosos fue el denominado PRONAA (Programa Nacional de Ayuda Alimentaria) que distribuía alimentos con fines políticos.
4. Corrupción Fujimorista, según el Procurador Anticorrupción Pedro Gamarra la red de corrupción de A. Fujimori habría robado al Estado peruano unos 6 mil millones de dólares, de los cuales sólo se han recuperado 184 millones. (Fuente: Diario La República 9 de abril de 2010)
5. El gobierno de A. Fujimori continuó la política represiva de sus antecesores (F. Belaunde y A. García) que luego de 20 años cobraría la vida de más de 23 mil personas. Fujimori y su asesor V. Montesinos ordenaron el extermino, tortura y ensañamiento de sus opositores acusándolos de subversión.
6. La lucha por una Asamblea Constituyente sería progresista siempre y cuando el movimiento de los explotados se encontrase en una situación social y política sumamente desventajosa, tal como sucede hoy en Irán y los países árabes, en este caso por ejemplo podría servir, si se plantea de la manera correcta, para concientizar y movilizar a las masas. Sin embargo, en Perú la situación es distinta ya que existen condiciones para impulsar la formación de organismos de poder proletario como sería una Asamblea Popular Nacional.
7. Algunos representante sindicales que candidatearon al parlamento por “Gana Perú” recibiendo el apoyo de la CGTP fueron: Carmela Sifuentes (Presidenta de la CGTP), Manuel Cortez (Secretario de Organización de la CGTP), Manuel Dammert (Representante de los trabajadores portuarios - ENAPU - ante la Autoridad Nacional Portuaria), Roberto de la Cruz (Dirigente de la FENDUP) y Wilder Ruíz (Dirigente de la azucarera Andahuasi).
8. Entre los “técnicos” de derecha reclutados por “Gana Perú” se encuentran: Kurt Burneo (jefe del plan económico de Perú Posible), Luis Arias Minaya (ex jefe de la Sunat), Carlos Herrera Descalzi (ex Ministro de Energía y Minas 2000), Oswaldo de Rivero (Consultor de la ONU).
27 de abril 2011
Carlos García M.
(Publicado en Revolución Socialista # 7 - mayo 2011)
La arremetida fujimorista:
El fujimorismo constituye el más reciente referente de extremo autoritarismo y corrupción en el país. Sin embargo, una porción importante del electorado peruano ha optado por brindarle su voto, esto al menos en los sectores más deprimidos podría significar una forma de añoranza hacia los intensos programas asistencialistas (3) implementados en los noventa, mismos que demostraron ser bastante efectivos para anestesiar y ganar la simpatía de la población en pobreza extrema. También durante este funesto periodo el desangramiento del pueblo en manos de las fuerzas represivas del Estado, así como la corrupción de funcionarios públicos llegó a niveles insospechados mientras la dirección del movimiento obrero con su pasividad permitía que se conculcaran una serie de derechos de los trabajadores, esto en el marco de las reformas económicas neoliberales impuestas por el fujimorismo.
En las postrimerías de los 90 una legión de trabajadores y estudiantes tomaron las calles y plazas en repetidas oportunidades estas jornadas de lucha contribuyeron a la caída del régimen ultrareaccionario de Alberto Fujimori, lamentablemente la ausencia de una dirección política clasista permitió que la facción burguesa no fujimorista capitalizara fácilmente el derrocamiento del dictador; inmediatamente la burguesía “demócrata” nombró a Valentín Paniagua como presidente interino del “gobierno de Transición” (2000 – 2001) el cual mantuvo la línea privatista de Fujimori y sirvió de antesala a las nefastas administraciones de Toledo (2001 - 2006) y García (2006 – 2011).
Ha transcurrido poco más de una década desde que cayera el régimen corrupto (4) y sanguinario (5) de “El Chino” Fujimori y su asesor “El Doc” Montesinos y nos golpea la posibilidad electoral de que su heredera Keiko Fujimori Higuchi (Fuerza 2011) tome las riendas del Estado burgués, frente a esta amenaza para algunos el nacionalismo podría parecer “el mal menor”, pero lo cierto es que sólo se trata de la confirmación purulenta de que los trabajadores nada pueden esperar de la “democracia” burguesa, conclusión que se expresa en la consigna por el “voto viciado”.
“Gana Perú” ¿La opción progresista?
Dentro del movimiento de masas las ilusiones respecto al supuesto carácter progresista del nacionalismo burgués se dan en dos sentidos: 1.- La burguesía nacionalista conseguirá dominar las leyes del capital gracias a una fuerte presencia del Estado (burgués) permitiendo que la riqueza se reparta con justicia (entre patrones y trabajadores). 2.- Las reformas nacionalistas crearán condiciones favorables para luchar por el socialismo. ¡Ambas utopías! La historia demuestra que el nacionalismo, con la oportuna asistencia del stalinismo en sus diversas vertientes, consiguió contener o desviar procesos revolucionarios que ponían en riesgo el orden de explotación burgués manteniendo a los trabajadores sumidos en la miseria.
El Partido Nacionalista Peruano, núcleo de lo que hoy se denomina “Gana Perú”, comenzó siendo una típica expresión política de la burguesía nacionalista que aspira a llegar al poder para conseguir una mayor capacidad de maniobra frente a los capitalistas extranjeros. Débil como el resto de la burguesía nacional desde el principio buscó ganar la simpatía del movimiento obrero y popular a través de un programa que prometía convertir al Estado burgués en protector de los explotados y arbitro del mercado. ¡Burdas patrañas! Jamás las reformas nacionalistas, sean como extensas expropiaciones del capital foráneo o como moderadas intervenciones estatales, han significado una mejora sustancial del nivel de vida de los trabajadores ya que el nacionalismo por su carácter de clase siempre defenderá la propiedad privada de los medios de producción y la explotación de los trabajadores en beneficio de la burguesía.
El capitalismo siendo un sistema económico mundial siempre le dejó a los regímenes nacionalistas un espacio de maniobra reducido por lo que tarde o temprano estaban obligados a transar con los ejes imperialistas. En la actual coyuntura electoral este hecho objetivo tiene su correlato en el prematuro cambio de discurso del comandante Ollanta Humala quien ofendiendo el sentido común de los electores acuñó su ya famosa frase: “nacionalizar no es estatizar”. Es decir, “Gana Perú” no cuestiona el orden vigente, no combate al imperialismo, simplemente busca implementar pequeñas reformas ya que siendo una expresión política burguesa sólo garantiza la continuidad de la explotación de los trabajadores.
“Gana Perú´ pretende conquistar los votos que necesita para llegar al poder seduciendo a las masas con promesas demagógicas (trabajo y salarios dignos, salud y educación gratuita y de calidad, soberanía sobre los recursos naturales, etc. etc.) imposibles de cumplir dentro del marco capitalista, ofreciéndoles además migajas denigrantes e irrisorias como la “Pensión 65”. Desde esta tribuna hemos insistido una y otra vez en que los trabajadores deben abandonar toda esperanza en el nacionalismo burgués contradiciendo la tendencia hoy imperante dentro del movimiento obrero y popular; en este momento frente a la pretendida “polarización electoral” nos mantenemos consecuentes y promovemos el voto viciado como forma de rechazo hacia toda variante de dominación burguesa.
La burocracia sindical se mantiene servil al nacionalismo burgués:
[(…) La CGTP reitera su congratulación a Gana Perú por el triunfo de Ollanta Humala pero lo compromete a mantener como sus banderas en la segunda vuelta la solución a los problemas nacionales postergados por los gobiernos neoliberales, como la óptima distribución de la riqueza y el respeto a los derechos humanos y laborales, entre otros. DEPARTAMENTO DE PRENSA Y COMUNICACIONES DE LA CGTP. Lima, 11 de abril de 2011]
En Perú como en otros países los herederos del stalinismo aun continúan enquistados en la dirección de las organizaciones proletarias, es así que la burocracia sindical de la CGTP en lugar de plantear una plataforma de lucha clasista ha venido desviando la disposición combativa de las masas con inútiles movilizaciones de un día, promoviendo engañosas reformas burguesas como la Asamblea Constituyente (6) o el incremento tributario para el capital foráneo (entre otras), manteniendo al movimiento obrero peruano sujeto a los intereses del partido nacionalista, supuestamente la opción más “progresista” y “democrática”, anulando así toda posibilidad de desarrollo político independiente.
[Foto Carmela Sifuentes – Presidenta del a CGTP -“Si soy elegida congresista de la República, estaré con Gana Perú y Ollanta Humala durante los cinco años, desde el comienzo hasta el final” (Publicado en La República, 7 de febrero de 2011)]
La actual dirección de la CGTP con el aval de la Asamblea de Delegados (12 de febrero) llegó al extremo de apoyar a varios representantes sindicales candidatos (7) al parlamento por “Gana Perú” actitud que constituye un flagrante atentado contra la imprescindible independencia política del proletariado. Por si fuera poco la burocracia sindical se viene haciendo de la “vista gorda” frente a la vertiginosa “derechización” de los nacionalistas quienes para la segunda vuelta buscan reforzar su frente popular pactando con algunos sectores de la burguesía que ellos mismos habían catalogado como “continuistas” y “neoliberales” (8).
[“Cuando hablo de nacionalización es un concepto político no económico. Hablo de construir una nación, pero no me refiero a estatizar empresas”. (Entrevista Ollanta Humala Diario "El Comercio" 26 de diciembre de 2010)]
[“Vamos a respetar los acuerdos suscritos por el Estado, nos gusten o no" (Diario "La República" 24 de marzo de 2011)]
[“Para la segunda vuelta vamos a consensuar, vamos a dialogar con algunas fuerzas que han estado en la lid electoral... Especialmente con la agrupación de Alejandro Toledo (…) También conversaremos con Luis Castañeda y Pedro Pablo Kuczynski.”] (Entrevista a Omar Chehade, candidato a la segunda vicepresidencia por Gana Perú, Diario "La República" 12 de abril de 2011)
Las tareas de la vanguardia obrera:
Las tareas planteadas no han cambiado y mucho menos están sujetas al resultado de las elecciones burguesas, ya que la única vía posible que tienen los explotados para emanciparse es su organización política en torno a un programa independiente de la burguesía. Por ello debemos continuar batallando para erradicar toda forma de reformismo en las organizaciones del movimiento obrero y popular, dedicando al mismo tiempo nuestros mejores esfuerzos a la creación de núcleos marxistas que permitan la formación de cuadros frescos y honestos, vibrantes continuadores del Bolchevismo.
Notas
1. FUERZA 2011, es la más reciente denominación del fujimorismo que en sus inicios se llamó “Cambio 90” agrupación que jamás tuvo vida orgánica y fue desactivada después de las elecciones de 1990. En 1995 reapareció sólo para las elecciones como “Nueva Mayoría”. En 2000 se renombra otra vez como “Perú al 2000” falsificando más de un millón de firmas para inscribirse en el Jurado Nacional de Elecciones.
2. GANA PERÚ; Alianza electoral conformada en diciembre de 2010 por el Partido Nacionalista Peruano y los partidos de izquierda: Partido Comunista Peruano, Partido Socialista, Partido Socialista Revolucionario, Movimiento Político Voz Socialista y un sector de "Lima para Todos".
3. Asistencialismo Fujimorista, durante el gobierno de Alberto Fujimori se implementaron una serie de programas asistencialistas con el propósito de mantener la popularidad del régimen. Uno de los más escandalosos fue el denominado PRONAA (Programa Nacional de Ayuda Alimentaria) que distribuía alimentos con fines políticos.
4. Corrupción Fujimorista, según el Procurador Anticorrupción Pedro Gamarra la red de corrupción de A. Fujimori habría robado al Estado peruano unos 6 mil millones de dólares, de los cuales sólo se han recuperado 184 millones. (Fuente: Diario La República 9 de abril de 2010)
5. El gobierno de A. Fujimori continuó la política represiva de sus antecesores (F. Belaunde y A. García) que luego de 20 años cobraría la vida de más de 23 mil personas. Fujimori y su asesor V. Montesinos ordenaron el extermino, tortura y ensañamiento de sus opositores acusándolos de subversión.
6. La lucha por una Asamblea Constituyente sería progresista siempre y cuando el movimiento de los explotados se encontrase en una situación social y política sumamente desventajosa, tal como sucede hoy en Irán y los países árabes, en este caso por ejemplo podría servir, si se plantea de la manera correcta, para concientizar y movilizar a las masas. Sin embargo, en Perú la situación es distinta ya que existen condiciones para impulsar la formación de organismos de poder proletario como sería una Asamblea Popular Nacional.
7. Algunos representante sindicales que candidatearon al parlamento por “Gana Perú” recibiendo el apoyo de la CGTP fueron: Carmela Sifuentes (Presidenta de la CGTP), Manuel Cortez (Secretario de Organización de la CGTP), Manuel Dammert (Representante de los trabajadores portuarios - ENAPU - ante la Autoridad Nacional Portuaria), Roberto de la Cruz (Dirigente de la FENDUP) y Wilder Ruíz (Dirigente de la azucarera Andahuasi).
8. Entre los “técnicos” de derecha reclutados por “Gana Perú” se encuentran: Kurt Burneo (jefe del plan económico de Perú Posible), Luis Arias Minaya (ex jefe de la Sunat), Carlos Herrera Descalzi (ex Ministro de Energía y Minas 2000), Oswaldo de Rivero (Consultor de la ONU).
27 de abril 2011
Carlos García M.
(Publicado en Revolución Socialista # 7 - mayo 2011)
mayo 19, 2011
El éxito del Voto Blanco y Nulo. Lo que la burguesía pretende esconder.
Aunque las motivaciones de la votación en blanco y viciado son siempre de procedencia diversa, su crecimiento es a menudo y en todas partes, un síntoma de rechazo al status quo electoral que resulta de la dominación ideológica y política de los partidos de la burguesía. Sabido es que la “democracia” burguesa constituye la dictadura de la clase dominante sobre el resto de la sociedad. En consecuencia, en el plano electoral, esta clase impone mecanismos que aseguran la supervivencia y el éxito de sus principales partidos. Todo el financiamiento, la legislación, los medios de comunicación, la educación, los privilegios sociales, concurren para garantizar la victoria de las listas capitalistas, y sólo a veces la evolución de la conciencia del pueblo logra expresarse en el voto masivo por partidos del movimiento de los trabajadores o, de ser el caso, por las referidas opciones blanco o nulo. Cuando esta última circunstancia empieza a ser relevante, la burguesía utiliza todo su poder mediático para ocultar la nueva realidad. Es lo que ha venido sucediendo con los últimos procesos electorales en el Perú.
Para graficarlo tomaremos básicamente las cifras oficiales de los votos emitidos en las Elecciones Regionales del 3 octubre de 2010. Tomaremos entonces los votos emitidos, todos los votos depositados en las ánforas (vale decir los porcentajes reales, considerando a todos aquellos que acudieron a votar), y no sólo los votos válidos, que no consideran los votos blancos y nulos (y cuyos porcentajes se utilizan para asignar los cargos elegidos). Sobre esto recordemos, por ejemplo, que es frecuente escuchar a voceros políticos de la burguesía hacer afirmaciones basados en el “x % de los peruanos”, refiriéndose a cifras de votos válidos. Esta es una manera muy clásica de mentir. Los votos válidos no indican porcentajes del censo electoral (las personas mayores de 18 años) y menos de “los peruanos” en general. Incluso considerando los votos emitidos no hay que olvidar que en todas las elecciones existe un porcentaje del censo electoral que no acude a votar, por lo que deja de expresar su voluntad en las urnas. Como ejemplo del ausentismo diremos que el porcentaje del censo que no votó el pasado 3 de octubre, ni en las Elecciones Presidenciales del 10 de abril, fue de 16.468 % y 16.292 % respectivamente.
Como constatamos en los cuadros siguientes, el 22.399 % del censo electoral votó en blanco o viciado en las Elecciones para Presidente Regional del 3 de octubre de 2010. Es una cifra muy alta si consideramos los porcentajes obtenidos generalmente por las listas en disputa. En 7 regiones (incluida Lima – Provincias) la suma de los votos blancos y nulos ocuparon el primer lugar. Se impusieron a todas las listas. En otras ocho regiones se situaron en segundo lugar y en cinco más en la tercera ubicación. En regiones como Cajamarca, Puno o San Martín se alcanzaron cifras de 30.366 %, 28.631 % y 28.504 % para la suma de los blancos y nulos. En las Elecciones Municipales del mismo día, se registró en Lima Metropolitana un porcentaje de blancos y nulos de 10.96 %, que representó la tercera posición en la ciudad.
Finalmente, otros datos muy significativos. Insertamos el cuadro con las cifras (siempre en votos emitidos) de las Elecciones Presidenciales del 10 de abril de este año, donde los votos blancos y nulos alcanzaron la quinta colocación (12.291 %) a poco más de sólo un punto de la candidatura de Toledo. El mismo día resultaron en la primera ubicación de las Elecciones Congresales (23.125 %) y también en las del Parlamento Andino (donde rozaron el 40 % de la votación: 39.292 %). La cifra de votos blancos y nulos al Congreso fue de 3,862,259 y la de Gana Perú 3,245,083. Cerca de 4 millones de peruanos rechazaron todas las listas al Congreso y más de 6 millones y medio lo hicieron con todas las del Parlamento Andino, este último un engendro diseñado por algunas burguesías sudamericanas para ampliar su burocracia de lujo y negociar beneficios mutuos.
Esta realidad continuará mientras no exista una alternativa electoral en la que las masas productoras confíen de verdad, sabiendo que procede de sus filas y expresa los verdaderos intereses y proyectos de los explotados. Una opción representativa del movimiento obrero y popular, con candidatos elegidos en asambleas populares de lugares de trabajo, barrios y ciudades. Mientras tal opción no exista, o no existan al menos candidaturas presentadas por organizaciones de masas como la CGTP, los revolucionarios continuaremos llamando a votar nulo, contra todos los partidos de la clase dominante.
Elecciones Regionales 2010
Votos Emitidos - Cifras oficiales de la ONPE
Puno
1.- Blancos: 15.927 % + Nulos: 12.577 % = 28.504 %
2.- Raíces: 16.684 %
3.- Aquí: 10.868 %
Cajamarca
1.- Blancos: 17.166 % + Nulos: 13.200 % = 30.366 %
2.- Afirmación Social: 21.418 %
3.- Fuerza Social Cajamarca: 8.911 %
Lima
1.- Blancos: 12.913 % + Nulos: 10.966 % = 23.879 %
2.- Concertación: 18.105 %
3.- Patria Joven: 9.658 %
Tumbes
1.- Blancos: 11.487 % + Nulos: 7.787 % = 19.274 %
2.- Faena: 14.952 %
3.- Luchemos por Tumbes: 12.966 %
Ancash
1.- Blancos: 14.321 % + Nulos: 12.319 % = 26.640 %
2.- Cuenta Conmigo: 23.955 %
3.- Alianza para el Progreso: 6.844 %
Ica
1.- Blancos: 9.936 % + Nulos: 8.817 % =18.753 %
2.- Frente Regional Progresista: 17.174 %
3.- Fuerza 2011: 16.967 %
Huánuco
1.- Blancos: 14.540 % + Nulos: 8.925 % = 23.465 %
2.- Somos Perú: 22.419 %
3.- Hechos y no Palabras: 19.627 %
Lambayeque
1.- Alianza para el Progreso: 22.581 %
2.- Blancos: 10.168 % + Nulos: 11.099 % = 21.267 %
3.- Apra: 15.055 %
Madre de Dios
1.- Bloque Popular: 19.310 %
2.- Blancos: 10.007 % + Nulos: 7.323 % = 17.330 %
3.- Amor por Madre de Dios: 16.711 %
Apurímac
1.-Poder Popular Andino: 25.321 %
2.- Blancos: 14.071 % + Nulos: 9.255 % = 23.326 %
3.- Kallpa: 16.835 %
San Martín
1.- Nueva Amazonía: 31.186 %
2.- Blancos: 18.099 % + Nulos: 10.532 % = 28.631 %
3.- Apra: 21. 475 %
Amazonas
1.- Juntos por Amazonas: 22.834 %
2.- Blancos: 11.793 % + Nulos: 6.136 % = 17.929 %
3.- Surge Amazonas: 15.222 %
Cusco
1.- Gran Alianza Nacionalista: 26.176 %
2.- Blancos: 13.469 % + Nulos: 8.086 % = 21.555 %
3.- PAN: 20.174 %
Huancavelica
1.- Trabajando para todos: 24.516 %
2.- Blancos: 13.053 % + Nulos: 6.536 % = 19.589 %
3.- Ayni: 17.896 %
Junín
1.- Perú Libre: 26.874 %
2.- Blancos: 10.670 % + Nulos: 8.934 % = 19.604 %
3.- Fuerza 2011: 11.397 %
Ayacucho
Blancos: 11.346 % + Nulos: 9.251 % = 20.597 %
Ucayali
Blancos: 9.640 % + Nulos: 9.509 % = 19.149 %
Loreto
Blancos: 8.681 % + Nulos: 9.932 % =18.613 %
La Libertad
Blancos: 11.990 % + Nulos: 6.362 % = 18.352 %
Arequipa
Blancos: 9.997 % + Nulos: 7.111 % = 17.108 %
Elecciones Municipales 2010
Lima
1.- Fuerza Social: 34.185 %
2.- PPC: 33.439 %
3.- Blancos: 3.882 % + Nulos: 7.078 % = 10.96 %
Elecciones Presidenciales 2011
Gana Perú = 27.803 %
Fuerza 2011 = 20.656 %
Alianza por el Gran cambio = 16.236 %
Perú Posible = 13.710 %
Blancos: 8.849 % + Nulos: 3.442 % = 12.291 %
Alianza Solidaridad Nacional = 8.624 %
Sergio Bravo M.
(Publicado en Revolución Socialista # 7 - mayo 2011)
Para graficarlo tomaremos básicamente las cifras oficiales de los votos emitidos en las Elecciones Regionales del 3 octubre de 2010. Tomaremos entonces los votos emitidos, todos los votos depositados en las ánforas (vale decir los porcentajes reales, considerando a todos aquellos que acudieron a votar), y no sólo los votos válidos, que no consideran los votos blancos y nulos (y cuyos porcentajes se utilizan para asignar los cargos elegidos). Sobre esto recordemos, por ejemplo, que es frecuente escuchar a voceros políticos de la burguesía hacer afirmaciones basados en el “x % de los peruanos”, refiriéndose a cifras de votos válidos. Esta es una manera muy clásica de mentir. Los votos válidos no indican porcentajes del censo electoral (las personas mayores de 18 años) y menos de “los peruanos” en general. Incluso considerando los votos emitidos no hay que olvidar que en todas las elecciones existe un porcentaje del censo electoral que no acude a votar, por lo que deja de expresar su voluntad en las urnas. Como ejemplo del ausentismo diremos que el porcentaje del censo que no votó el pasado 3 de octubre, ni en las Elecciones Presidenciales del 10 de abril, fue de 16.468 % y 16.292 % respectivamente.
Como constatamos en los cuadros siguientes, el 22.399 % del censo electoral votó en blanco o viciado en las Elecciones para Presidente Regional del 3 de octubre de 2010. Es una cifra muy alta si consideramos los porcentajes obtenidos generalmente por las listas en disputa. En 7 regiones (incluida Lima – Provincias) la suma de los votos blancos y nulos ocuparon el primer lugar. Se impusieron a todas las listas. En otras ocho regiones se situaron en segundo lugar y en cinco más en la tercera ubicación. En regiones como Cajamarca, Puno o San Martín se alcanzaron cifras de 30.366 %, 28.631 % y 28.504 % para la suma de los blancos y nulos. En las Elecciones Municipales del mismo día, se registró en Lima Metropolitana un porcentaje de blancos y nulos de 10.96 %, que representó la tercera posición en la ciudad.
Finalmente, otros datos muy significativos. Insertamos el cuadro con las cifras (siempre en votos emitidos) de las Elecciones Presidenciales del 10 de abril de este año, donde los votos blancos y nulos alcanzaron la quinta colocación (12.291 %) a poco más de sólo un punto de la candidatura de Toledo. El mismo día resultaron en la primera ubicación de las Elecciones Congresales (23.125 %) y también en las del Parlamento Andino (donde rozaron el 40 % de la votación: 39.292 %). La cifra de votos blancos y nulos al Congreso fue de 3,862,259 y la de Gana Perú 3,245,083. Cerca de 4 millones de peruanos rechazaron todas las listas al Congreso y más de 6 millones y medio lo hicieron con todas las del Parlamento Andino, este último un engendro diseñado por algunas burguesías sudamericanas para ampliar su burocracia de lujo y negociar beneficios mutuos.
Esta realidad continuará mientras no exista una alternativa electoral en la que las masas productoras confíen de verdad, sabiendo que procede de sus filas y expresa los verdaderos intereses y proyectos de los explotados. Una opción representativa del movimiento obrero y popular, con candidatos elegidos en asambleas populares de lugares de trabajo, barrios y ciudades. Mientras tal opción no exista, o no existan al menos candidaturas presentadas por organizaciones de masas como la CGTP, los revolucionarios continuaremos llamando a votar nulo, contra todos los partidos de la clase dominante.
Elecciones Regionales 2010
Votos Emitidos - Cifras oficiales de la ONPE
Puno
1.- Blancos: 15.927 % + Nulos: 12.577 % = 28.504 %
2.- Raíces: 16.684 %
3.- Aquí: 10.868 %
Cajamarca
1.- Blancos: 17.166 % + Nulos: 13.200 % = 30.366 %
2.- Afirmación Social: 21.418 %
3.- Fuerza Social Cajamarca: 8.911 %
Lima
1.- Blancos: 12.913 % + Nulos: 10.966 % = 23.879 %
2.- Concertación: 18.105 %
3.- Patria Joven: 9.658 %
Tumbes
1.- Blancos: 11.487 % + Nulos: 7.787 % = 19.274 %
2.- Faena: 14.952 %
3.- Luchemos por Tumbes: 12.966 %
Ancash
1.- Blancos: 14.321 % + Nulos: 12.319 % = 26.640 %
2.- Cuenta Conmigo: 23.955 %
3.- Alianza para el Progreso: 6.844 %
Ica
1.- Blancos: 9.936 % + Nulos: 8.817 % =18.753 %
2.- Frente Regional Progresista: 17.174 %
3.- Fuerza 2011: 16.967 %
Huánuco
1.- Blancos: 14.540 % + Nulos: 8.925 % = 23.465 %
2.- Somos Perú: 22.419 %
3.- Hechos y no Palabras: 19.627 %
Lambayeque
1.- Alianza para el Progreso: 22.581 %
2.- Blancos: 10.168 % + Nulos: 11.099 % = 21.267 %
3.- Apra: 15.055 %
Madre de Dios
1.- Bloque Popular: 19.310 %
2.- Blancos: 10.007 % + Nulos: 7.323 % = 17.330 %
3.- Amor por Madre de Dios: 16.711 %
Apurímac
1.-Poder Popular Andino: 25.321 %
2.- Blancos: 14.071 % + Nulos: 9.255 % = 23.326 %
3.- Kallpa: 16.835 %
San Martín
1.- Nueva Amazonía: 31.186 %
2.- Blancos: 18.099 % + Nulos: 10.532 % = 28.631 %
3.- Apra: 21. 475 %
Amazonas
1.- Juntos por Amazonas: 22.834 %
2.- Blancos: 11.793 % + Nulos: 6.136 % = 17.929 %
3.- Surge Amazonas: 15.222 %
Cusco
1.- Gran Alianza Nacionalista: 26.176 %
2.- Blancos: 13.469 % + Nulos: 8.086 % = 21.555 %
3.- PAN: 20.174 %
Huancavelica
1.- Trabajando para todos: 24.516 %
2.- Blancos: 13.053 % + Nulos: 6.536 % = 19.589 %
3.- Ayni: 17.896 %
Junín
1.- Perú Libre: 26.874 %
2.- Blancos: 10.670 % + Nulos: 8.934 % = 19.604 %
3.- Fuerza 2011: 11.397 %
Ayacucho
Blancos: 11.346 % + Nulos: 9.251 % = 20.597 %
Ucayali
Blancos: 9.640 % + Nulos: 9.509 % = 19.149 %
Loreto
Blancos: 8.681 % + Nulos: 9.932 % =18.613 %
La Libertad
Blancos: 11.990 % + Nulos: 6.362 % = 18.352 %
Arequipa
Blancos: 9.997 % + Nulos: 7.111 % = 17.108 %
Elecciones Municipales 2010
Lima
1.- Fuerza Social: 34.185 %
2.- PPC: 33.439 %
3.- Blancos: 3.882 % + Nulos: 7.078 % = 10.96 %
Elecciones Presidenciales 2011
Gana Perú = 27.803 %
Fuerza 2011 = 20.656 %
Alianza por el Gran cambio = 16.236 %
Perú Posible = 13.710 %
Blancos: 8.849 % + Nulos: 3.442 % = 12.291 %
Alianza Solidaridad Nacional = 8.624 %
Sergio Bravo M.
(Publicado en Revolución Socialista # 7 - mayo 2011)
mayo 11, 2011
1 de Mayo
El orden mundial tiembla en Africa del Norte y Medio Oriente.
La voracidad por las ganancias causa una catástrofe nuclear en Japón.
La Revolución Socialista es imprescindible en todas partes.
La marcha del capitalismo en declive hacia la barbarie
Los últimos años han confirmado una serie de análisis socialistas científicos formulados por Marx, Engels, Luxemburgo, Lenin y Trotsky.
La crisis bancaria de 2007-2008 en los Estados Unidos y en Europa Occidental, la crisis económica mundial del 2009, la reciente crisis de la deuda pública de varios países europeos y de los Estados Unidos, ilustran que el capitalismo genera inevitablemente crisis y desempleo.
El regreso de las medidas proteccionistas, la competencia entre potencias imperialistas por las materias primas, las tierras cultivables y el agua dulce, se exacerba. La continuación de las operaciones militares en Afganistán, en Irak y ahora en Libia, la ocupación de Haití, los bloqueos a Cuba e Irán, las amenazas recurrentes contra Irán y Corea del Norte, la intervención militar directa de Francia en Costa de Marfil, la invasión de la Franja de Gaza el 2008 por Israel, ponen de manifiesto que el capitalismo en declive genera la opresión y la guerra.
El recalentamiento climático, las devastaciones de la contaminación, la deforestación, la desertización, la catástrofe petrolífera causada por la ineptitud de la transnacional BP en Estados Unidos el 2010, la catástrofe nuclear causada en 2011 por la negligencia de Tepco y la complicidad del Estado japonés que la ha beneficiado, ponen de manifiesto que la ruta de la ganancia capitalista amenaza al medio ambiente.
El ascenso del militarismo, la xenofobia, el clericalismo, el racismo, la hipertrofia de los aparatos represivos, los ataques a las libertades democráticas, la persecución a las minorías religiosas, la caza a los emigrantes, ilustran que el capitalismo se volvió antidemocrático y reaccionario.
Después del hundimiento de la URSS y de la restauración del capitalismo en China, la instauración de una dinastía y el hambre en Corea del Norte, así como el desmembramiento de la economía colectivizada en Cuba, confirman que el socialismo es imposible en un único país, sobre todo en manos de una burocracia oficial privilegiada. Sólo el derribo de esta casta procapitalista por los trabajadores podría salvar las conquistas de la revolución y abrir la vía al socialismo.
La regulación del capitalismo y de las finanzas es un mito. El rescate a los bancos de una parte, la austeridad para los trabajadores del otro, confirman que el Estado no es neutral, sino que está al servicio de la burguesía. La política de los nuevos partidos burgueses ecologistas y de los viejos partidos obreros ("laboristas", "socialistas" y "comunistas") cuando administran lealmente el Estado burgués (en algunos países de América, de Europa o de Oceanía) o cuando sus miembros están a la cabeza de las organizaciones internacionales del capital (como el FMI y la OMC), ha probado que el capitalismo no puede reformarse. Así pues, la huelga de los controladores aéreos de España fue prohibida por el Gobierno del PSOE que militarizó los aeropuertos, a la manera de Reagan y Thatcher.
En los centros imperialistas las masas resisten, pero las direcciones reformistas las sabotean
En todas partes del mundo existe una resistencia a las tentativas de la burguesía imperialista de cargar el fardo de la crisis sobre los hombros del proletariado, los campesinos y la juventud. Los centros imperialistas no ha sido la excepción.
En Estados Unidos, los trabajadores, sobre todo de origen latino, otra vez se manifestaron contra las nuevas leyes antiinmigrantes y los trabajadores públicos de Wisconsin se manifestaron para defender sus empleos y los derechos sindicales. En Grecia los trabajadores asalariados fueron a la huelga, se movilizaron y a veces se enfrentaron a la policía antidisturbios; en Francia los asalariados resistieron en masa los ataques contra las jubilaciones; en Portugal hubo huelgas en el sector público; en España tuvieron lugar gigantescas manifestaciones. En Gran Bretaña los estudiantes y luego los trabajadores se manifestaron. En China, las protestas contra los promotores inmobiliarios y las huelgas de obreros por aumentos de salarios se multiplicaron.
Todas las luchas defensivas de la clase obrera y la juventud chocaron con la resistencia feroz de la clase explotadora, su Estado y su Gobierno. Generalmente, las direcciones de la clase obrera, las burocracias sindicales ayudadas por los partidos reformistas y sus suplentes centristas, alegaron el interés nacional, pretendieron negociar con el Gobierno burgués, capitularon ante sus amenazas, ante sus policías y sus tribunales, se negaron a llamar a la huelga general y a la autodefensa, dispersaron la energía en "días de acción" simbólicos o incluso en hipotéticas elecciones.
El orden mundial es sacudido en África del Norte y Asia del Oeste
En los países dominados, numerosas luchas trabajadoras se han desarrollado, como en Bolivia, en Sudáfrica y en Bengladesh. En particular, los acontecimientos de África septentrional tuvieron una dimensión mundial. La ola revolucionaria que comenzó a finales de 2010 en Túnez y se extendió a toda la región, fue anunciada por el movimiento kabyle en Argelia el 2001, la resistencia palestina el 2008, las manifestaciones en Irán el 2009. Las protestas estallaron contra las condiciones de vida insoportables causada por el desempleo, los incrementos de los precios de los alimentos, contra la incapacidad de las burguesas nacionales de desarrollar el país y contra el carácter despótico de los regímenes existentes, sean resultantes del nacionalismo panárabe (Túnez, Egipto, Libia, Siria, Cisjordania, Argelia, Yemen...), de las monarquías establecidas por los antiguos colonizadores franceses o británicos (Bahrein, Marruecos, Arabia Saudí...) o del nacionalismo clerical (Gaza).
El estalinismo, la socialdemocracia y los liquidadores de la IV Internacional capitularon durante los años 1960 y 1970 ante la pretendida "revolución árabe" y sus dictadores burgueses. La burocracia de la URSS y los partidos sometidos a ella pretendieron impedir la revolución proletaria (que se habría extendido por el mundo y en consecuencia habría amenazado a la burocracia oficial de la URSS) defendiendo una supuesta revolución por etapas y, en la práctica, sometiendo el proletariado a la burguesía. Espontaneísmo y adaptación a las guerrillas y a las dictaduras caracterizaron tanto a la corriente pablista de SI-SU-LIT como la corriente healysta del CI: Pablo fue miembro del gobierno de Ben Bela, Healy recibió dinero de Hussein y Gadhafi. Todos los regímenes "socialistas" que pretendieron unificar al "mundo árabe" y modernizar su país, no solamente oprimieron a las minorías nacionales, sino que aceptaron las fronteras coloniales y capitularon cada vez más ante la religión. La historia acaba de dar su veredicto: en Túnez, en Egipto, en Libia, en Yemen y en Siria, las masas se lanzaron al asalto de las dictaduras mafiosas. Lo harán más pronto o más tarde en Argelia.
En Túnez, el sucesor de Bourguiba, Ben Ali (miembro de la pretendida "Internacional Socialista"), estaba vinculado al imperialismo francés. En Egipto, el sucesor del coronel Nasser, Moubarak, (igualmente miembro de la Internacional « socialista ») se sometía al imperialismo norteamericano y en consecuencia colaboraba con Israel. En Libia, Gadhafi ha colaborado abiertamente desde hace más de una década con el imperialismo: privatización de empresas, apertura a grupos capitalistas italianos y norteamericanos, persecusión a cuenta de la Unión Europea a los trabajadores negros que quieren emigrar a Europa. A partir de la instauración de su dictadura, aunque desafiaba al imperialismo, el coronel Gadhafi prohibió las organizaciones trabajadoras, incluidos los sindicatos, mantuvo el sistema tribal y suministó un numeroso proletariado immigrante (1 millón en una población de 6,6 millones) a la explotación salvaje de la burguesía local. En 1995 expulsó a 10.000 refugiados palestinos.
En Gaza y Cisjordania una parte de la juventud desafió a las dos caras de la burguesía palestina, Hamas y Fatah, a pesar de la represión, reclamando la unidad de acción contra la colonización sionista que continúa en Cisjordania y Jerusalén.
El Ejército burgués y los "gobiernos de transición" contra el movimiento de masas
Ante los ascensos revolucionarios que combinaban manifestaciones masivas y huelgas de los asalariados en Túnez y Egipto, el imperialismo norteamericano dio la señal al Estado Mayor del Ejército para destituir al déspota odiado y así bloquear la aparición de un gobierno obrero y campesino por medio de gobiernos de transición constituidos con antiguos dignatarios del régimen, opositores "democráticos" vinculados al imperialismo o incluso con islamistas rebautizados "moderados" para las circunstancias.
En Libia, cuando las masas se inspiraron en las rebeliones vecinas de Túnez y Egipto y se alzaron en todo el país, hasta en los barrios populares de Trípoli, los imperialistas franceses y británicos apostaron a un gobierno análogo. El "Consejo Nacional Transitorio" llamó en su ayuda a las potencias imperialistas.
En ausencia de organización independiente de las masas, incluso embrionaria, y en ausencia de un partido proletario arraigado en ellas, sectores de la burguesía y de la burocracia estatal han conducido el movimiento resultante de la crisis económica y del odio a la dictadura. Ninguna organización levantó el programa al que aspiran los trabajadores de las ciudades y del campo, así como una gran parte de la juventud: Asamblea Constituyente, separación de la religión y el Estado, derechos sindicales, entrega de las tierras a los campesinos, confiscación de las grandes empresas, igualdad de los inmigrantes, emancipación de las mujeres..., que habría cuestionado no solamente el régimen totalitario, sino las supervivencias tribales y la propiedad capitalista. La demanda de una Asamblea Constituyente plantea objetivamente la cuestión de la legitimidad del poder y conduce a asumir la necesidad imperiosa de una insurrección de masas para tomar el poder. Todas estas banderas corresponden a la concepción de la revolución como un proceso ininterrumpido, permanente, que supone el cumplimiento de tareas democráticas y socialistas desde un gobierno obrero y campesino.
Ante la intromisión de las principales fuerzas armadas de la OTAN, Gadhafi encontró un cierto apoyo popular. Tanto más que Arabia Saudí, monarquía absoluta, régimen islamista y socio de los Estados Unidos, restableció el orden en Bahrein, sin que los derechos del pueblo conmuevan a Cameron, Sarkozy y Obama. Del mismo modo, el Ejército iraquí acaba de destrozar a los refugiados iraníes del campo de Ashraf.
En Túnez, Egipto, Libia, se ha verificado la teoría de la revolución permanente: la burguesía es incapaz de desempeñar en nuestro tiempo un papel revolucionario. Las clases trabajadoras de las ciudades y el campo, los jóvenes que luchan por un futuro decente, son traicionados por los charlatanes burgueses y pequeño burgueses que intentan prohibirles el poder y hacerles abandonar la lucha. El aparato del Estado en general, y el Ejército en particular, no está situado por encima de las clases, sino que es siempre una herramienta de la clase dominante. Los soldados conscriptos, los pequeños campesinos, los pequeños comerciantes, los artesanos, fluctúan entre las clases principales. Están dispuestos a apoyar al movimiento obrero si éste es capaz de abrir una perspectiva y de proporcionarle una dirección revolucionaria.
Contra la intervención imperialista en Libia, Afganistán, Irak, Líbano, en Haití, en Costa de Marfil, por la revolución proletaria
Cualquier país oprimido tiene derecho a resistir la intervención militar de las grandes potencias, incluidos Libia e Irán. Para ayudar a juventud y a los trabajadores de Libia, los trabajadores de Norteamérica y la Europa Occidental no pueden darle ninguna confianza a sus propios gobiernos que están al servicio de los grandes grupos capitalistas, que destruyen todas las conquistas sociales anteriores y que apoyan a la contrarrevolución en todas partes del mundo, a las monarquías clericales y a las peores dictaduras. Deben exigir que las organizaciones de masas de origen obrero, los sindicatos y partidos, se pronuncien a favor de la apertura de las fronteras a los trabajadores y a los estudiantes de todo el África, se posicionen contra toda intervención militar en Libia y en los otros países de la región, por la evacuación inmediata de Irak y Afganistán, por el cierre de las bases militares norteamericanas, francesas y británicas de toda la cuenca Mediterránea, por el levantamiento del bloqueo a Irán, por la destrucción del muro del apartheid sionista y el derecho al retorno de todos los refugiados palestinos. La lucha resuelta de los trabajadores contra sus propios gobiernos imperialistas sería la mejor ayuda para los trabajadores de Libia, para la instauración de gobiernos obreros y campesinos, para la destrucción del estado colonial sionista, para la aparición de una Federación Socialista de África del Norte y Oriente Próximo, donde árabes, berberiscos, turcos, judíos, kurdos, saharauis, persas, etc, suprimirán juntos las fronteras heredadas del colonialismo.
La crisis mundial del sistema imperialista, sus guerras, las catástrofes ecológicas, los regímenes antidemocráticos, ponen de manifiesto que la avidez del capital ha llevado a la humanidad al borde del abismo. Sólo la clase obrera puede abrir la vía de la revolución socialista, de una economía planificada por los propios productores, y suprimir las fronteras anticuadas. Para eso es necesario construir el instrumento para la victoria: en cada país un partido obrero revolucionario, sección de una nueva Internacional obrera revolucionaria basada en las experiencias de la Internacional Comunista y de la IV Internacional hasta 1940. Sólo así, sin las traiciones reformistas ni las conciliaciones centristas, podremos convertir el programa revolucionario internacional en movimiento de masas por el fin de la propiedad privada y del capitalismo, por la socialización de la economía, por la sutitución de la dictadura de la burguesía por la dictadura del proletariado, por la sociedad comunista mundial.
1 de mayo de 2011
Colectivo Revolución Permanente
(Francia, Austria, Perú)
c_revolucionpermanente@yahoo.es
http://www.revolution-socialiste.info/CoReP.htm
La voracidad por las ganancias causa una catástrofe nuclear en Japón.
La Revolución Socialista es imprescindible en todas partes.
La marcha del capitalismo en declive hacia la barbarie
Los últimos años han confirmado una serie de análisis socialistas científicos formulados por Marx, Engels, Luxemburgo, Lenin y Trotsky.
La crisis bancaria de 2007-2008 en los Estados Unidos y en Europa Occidental, la crisis económica mundial del 2009, la reciente crisis de la deuda pública de varios países europeos y de los Estados Unidos, ilustran que el capitalismo genera inevitablemente crisis y desempleo.
El regreso de las medidas proteccionistas, la competencia entre potencias imperialistas por las materias primas, las tierras cultivables y el agua dulce, se exacerba. La continuación de las operaciones militares en Afganistán, en Irak y ahora en Libia, la ocupación de Haití, los bloqueos a Cuba e Irán, las amenazas recurrentes contra Irán y Corea del Norte, la intervención militar directa de Francia en Costa de Marfil, la invasión de la Franja de Gaza el 2008 por Israel, ponen de manifiesto que el capitalismo en declive genera la opresión y la guerra.
El recalentamiento climático, las devastaciones de la contaminación, la deforestación, la desertización, la catástrofe petrolífera causada por la ineptitud de la transnacional BP en Estados Unidos el 2010, la catástrofe nuclear causada en 2011 por la negligencia de Tepco y la complicidad del Estado japonés que la ha beneficiado, ponen de manifiesto que la ruta de la ganancia capitalista amenaza al medio ambiente.
El ascenso del militarismo, la xenofobia, el clericalismo, el racismo, la hipertrofia de los aparatos represivos, los ataques a las libertades democráticas, la persecución a las minorías religiosas, la caza a los emigrantes, ilustran que el capitalismo se volvió antidemocrático y reaccionario.
Después del hundimiento de la URSS y de la restauración del capitalismo en China, la instauración de una dinastía y el hambre en Corea del Norte, así como el desmembramiento de la economía colectivizada en Cuba, confirman que el socialismo es imposible en un único país, sobre todo en manos de una burocracia oficial privilegiada. Sólo el derribo de esta casta procapitalista por los trabajadores podría salvar las conquistas de la revolución y abrir la vía al socialismo.
La regulación del capitalismo y de las finanzas es un mito. El rescate a los bancos de una parte, la austeridad para los trabajadores del otro, confirman que el Estado no es neutral, sino que está al servicio de la burguesía. La política de los nuevos partidos burgueses ecologistas y de los viejos partidos obreros ("laboristas", "socialistas" y "comunistas") cuando administran lealmente el Estado burgués (en algunos países de América, de Europa o de Oceanía) o cuando sus miembros están a la cabeza de las organizaciones internacionales del capital (como el FMI y la OMC), ha probado que el capitalismo no puede reformarse. Así pues, la huelga de los controladores aéreos de España fue prohibida por el Gobierno del PSOE que militarizó los aeropuertos, a la manera de Reagan y Thatcher.
En los centros imperialistas las masas resisten, pero las direcciones reformistas las sabotean
En todas partes del mundo existe una resistencia a las tentativas de la burguesía imperialista de cargar el fardo de la crisis sobre los hombros del proletariado, los campesinos y la juventud. Los centros imperialistas no ha sido la excepción.
En Estados Unidos, los trabajadores, sobre todo de origen latino, otra vez se manifestaron contra las nuevas leyes antiinmigrantes y los trabajadores públicos de Wisconsin se manifestaron para defender sus empleos y los derechos sindicales. En Grecia los trabajadores asalariados fueron a la huelga, se movilizaron y a veces se enfrentaron a la policía antidisturbios; en Francia los asalariados resistieron en masa los ataques contra las jubilaciones; en Portugal hubo huelgas en el sector público; en España tuvieron lugar gigantescas manifestaciones. En Gran Bretaña los estudiantes y luego los trabajadores se manifestaron. En China, las protestas contra los promotores inmobiliarios y las huelgas de obreros por aumentos de salarios se multiplicaron.
Todas las luchas defensivas de la clase obrera y la juventud chocaron con la resistencia feroz de la clase explotadora, su Estado y su Gobierno. Generalmente, las direcciones de la clase obrera, las burocracias sindicales ayudadas por los partidos reformistas y sus suplentes centristas, alegaron el interés nacional, pretendieron negociar con el Gobierno burgués, capitularon ante sus amenazas, ante sus policías y sus tribunales, se negaron a llamar a la huelga general y a la autodefensa, dispersaron la energía en "días de acción" simbólicos o incluso en hipotéticas elecciones.
El orden mundial es sacudido en África del Norte y Asia del Oeste
En los países dominados, numerosas luchas trabajadoras se han desarrollado, como en Bolivia, en Sudáfrica y en Bengladesh. En particular, los acontecimientos de África septentrional tuvieron una dimensión mundial. La ola revolucionaria que comenzó a finales de 2010 en Túnez y se extendió a toda la región, fue anunciada por el movimiento kabyle en Argelia el 2001, la resistencia palestina el 2008, las manifestaciones en Irán el 2009. Las protestas estallaron contra las condiciones de vida insoportables causada por el desempleo, los incrementos de los precios de los alimentos, contra la incapacidad de las burguesas nacionales de desarrollar el país y contra el carácter despótico de los regímenes existentes, sean resultantes del nacionalismo panárabe (Túnez, Egipto, Libia, Siria, Cisjordania, Argelia, Yemen...), de las monarquías establecidas por los antiguos colonizadores franceses o británicos (Bahrein, Marruecos, Arabia Saudí...) o del nacionalismo clerical (Gaza).
El estalinismo, la socialdemocracia y los liquidadores de la IV Internacional capitularon durante los años 1960 y 1970 ante la pretendida "revolución árabe" y sus dictadores burgueses. La burocracia de la URSS y los partidos sometidos a ella pretendieron impedir la revolución proletaria (que se habría extendido por el mundo y en consecuencia habría amenazado a la burocracia oficial de la URSS) defendiendo una supuesta revolución por etapas y, en la práctica, sometiendo el proletariado a la burguesía. Espontaneísmo y adaptación a las guerrillas y a las dictaduras caracterizaron tanto a la corriente pablista de SI-SU-LIT como la corriente healysta del CI: Pablo fue miembro del gobierno de Ben Bela, Healy recibió dinero de Hussein y Gadhafi. Todos los regímenes "socialistas" que pretendieron unificar al "mundo árabe" y modernizar su país, no solamente oprimieron a las minorías nacionales, sino que aceptaron las fronteras coloniales y capitularon cada vez más ante la religión. La historia acaba de dar su veredicto: en Túnez, en Egipto, en Libia, en Yemen y en Siria, las masas se lanzaron al asalto de las dictaduras mafiosas. Lo harán más pronto o más tarde en Argelia.
En Túnez, el sucesor de Bourguiba, Ben Ali (miembro de la pretendida "Internacional Socialista"), estaba vinculado al imperialismo francés. En Egipto, el sucesor del coronel Nasser, Moubarak, (igualmente miembro de la Internacional « socialista ») se sometía al imperialismo norteamericano y en consecuencia colaboraba con Israel. En Libia, Gadhafi ha colaborado abiertamente desde hace más de una década con el imperialismo: privatización de empresas, apertura a grupos capitalistas italianos y norteamericanos, persecusión a cuenta de la Unión Europea a los trabajadores negros que quieren emigrar a Europa. A partir de la instauración de su dictadura, aunque desafiaba al imperialismo, el coronel Gadhafi prohibió las organizaciones trabajadoras, incluidos los sindicatos, mantuvo el sistema tribal y suministó un numeroso proletariado immigrante (1 millón en una población de 6,6 millones) a la explotación salvaje de la burguesía local. En 1995 expulsó a 10.000 refugiados palestinos.
En Gaza y Cisjordania una parte de la juventud desafió a las dos caras de la burguesía palestina, Hamas y Fatah, a pesar de la represión, reclamando la unidad de acción contra la colonización sionista que continúa en Cisjordania y Jerusalén.
El Ejército burgués y los "gobiernos de transición" contra el movimiento de masas
Ante los ascensos revolucionarios que combinaban manifestaciones masivas y huelgas de los asalariados en Túnez y Egipto, el imperialismo norteamericano dio la señal al Estado Mayor del Ejército para destituir al déspota odiado y así bloquear la aparición de un gobierno obrero y campesino por medio de gobiernos de transición constituidos con antiguos dignatarios del régimen, opositores "democráticos" vinculados al imperialismo o incluso con islamistas rebautizados "moderados" para las circunstancias.
En Libia, cuando las masas se inspiraron en las rebeliones vecinas de Túnez y Egipto y se alzaron en todo el país, hasta en los barrios populares de Trípoli, los imperialistas franceses y británicos apostaron a un gobierno análogo. El "Consejo Nacional Transitorio" llamó en su ayuda a las potencias imperialistas.
En ausencia de organización independiente de las masas, incluso embrionaria, y en ausencia de un partido proletario arraigado en ellas, sectores de la burguesía y de la burocracia estatal han conducido el movimiento resultante de la crisis económica y del odio a la dictadura. Ninguna organización levantó el programa al que aspiran los trabajadores de las ciudades y del campo, así como una gran parte de la juventud: Asamblea Constituyente, separación de la religión y el Estado, derechos sindicales, entrega de las tierras a los campesinos, confiscación de las grandes empresas, igualdad de los inmigrantes, emancipación de las mujeres..., que habría cuestionado no solamente el régimen totalitario, sino las supervivencias tribales y la propiedad capitalista. La demanda de una Asamblea Constituyente plantea objetivamente la cuestión de la legitimidad del poder y conduce a asumir la necesidad imperiosa de una insurrección de masas para tomar el poder. Todas estas banderas corresponden a la concepción de la revolución como un proceso ininterrumpido, permanente, que supone el cumplimiento de tareas democráticas y socialistas desde un gobierno obrero y campesino.
Ante la intromisión de las principales fuerzas armadas de la OTAN, Gadhafi encontró un cierto apoyo popular. Tanto más que Arabia Saudí, monarquía absoluta, régimen islamista y socio de los Estados Unidos, restableció el orden en Bahrein, sin que los derechos del pueblo conmuevan a Cameron, Sarkozy y Obama. Del mismo modo, el Ejército iraquí acaba de destrozar a los refugiados iraníes del campo de Ashraf.
En Túnez, Egipto, Libia, se ha verificado la teoría de la revolución permanente: la burguesía es incapaz de desempeñar en nuestro tiempo un papel revolucionario. Las clases trabajadoras de las ciudades y el campo, los jóvenes que luchan por un futuro decente, son traicionados por los charlatanes burgueses y pequeño burgueses que intentan prohibirles el poder y hacerles abandonar la lucha. El aparato del Estado en general, y el Ejército en particular, no está situado por encima de las clases, sino que es siempre una herramienta de la clase dominante. Los soldados conscriptos, los pequeños campesinos, los pequeños comerciantes, los artesanos, fluctúan entre las clases principales. Están dispuestos a apoyar al movimiento obrero si éste es capaz de abrir una perspectiva y de proporcionarle una dirección revolucionaria.
Contra la intervención imperialista en Libia, Afganistán, Irak, Líbano, en Haití, en Costa de Marfil, por la revolución proletaria
Cualquier país oprimido tiene derecho a resistir la intervención militar de las grandes potencias, incluidos Libia e Irán. Para ayudar a juventud y a los trabajadores de Libia, los trabajadores de Norteamérica y la Europa Occidental no pueden darle ninguna confianza a sus propios gobiernos que están al servicio de los grandes grupos capitalistas, que destruyen todas las conquistas sociales anteriores y que apoyan a la contrarrevolución en todas partes del mundo, a las monarquías clericales y a las peores dictaduras. Deben exigir que las organizaciones de masas de origen obrero, los sindicatos y partidos, se pronuncien a favor de la apertura de las fronteras a los trabajadores y a los estudiantes de todo el África, se posicionen contra toda intervención militar en Libia y en los otros países de la región, por la evacuación inmediata de Irak y Afganistán, por el cierre de las bases militares norteamericanas, francesas y británicas de toda la cuenca Mediterránea, por el levantamiento del bloqueo a Irán, por la destrucción del muro del apartheid sionista y el derecho al retorno de todos los refugiados palestinos. La lucha resuelta de los trabajadores contra sus propios gobiernos imperialistas sería la mejor ayuda para los trabajadores de Libia, para la instauración de gobiernos obreros y campesinos, para la destrucción del estado colonial sionista, para la aparición de una Federación Socialista de África del Norte y Oriente Próximo, donde árabes, berberiscos, turcos, judíos, kurdos, saharauis, persas, etc, suprimirán juntos las fronteras heredadas del colonialismo.
La crisis mundial del sistema imperialista, sus guerras, las catástrofes ecológicas, los regímenes antidemocráticos, ponen de manifiesto que la avidez del capital ha llevado a la humanidad al borde del abismo. Sólo la clase obrera puede abrir la vía de la revolución socialista, de una economía planificada por los propios productores, y suprimir las fronteras anticuadas. Para eso es necesario construir el instrumento para la victoria: en cada país un partido obrero revolucionario, sección de una nueva Internacional obrera revolucionaria basada en las experiencias de la Internacional Comunista y de la IV Internacional hasta 1940. Sólo así, sin las traiciones reformistas ni las conciliaciones centristas, podremos convertir el programa revolucionario internacional en movimiento de masas por el fin de la propiedad privada y del capitalismo, por la socialización de la economía, por la sutitución de la dictadura de la burguesía por la dictadura del proletariado, por la sociedad comunista mundial.
1 de mayo de 2011
Colectivo Revolución Permanente
(Francia, Austria, Perú)
c_revolucionpermanente@yahoo.es
http://www.revolution-socialiste.info/CoReP.htm
abril 04, 2011
marzo 29, 2011
LA LUCHA ES POR NACIONALIZAR LA RIQUEZA DEL PAÍS
LA LUCHA ES POR NACIONALIZAR LA RIQUEZA DEL PAÍS,
SIN PAGO Y CON EL CONTROL OBRERO DE LAS EMPRESAS
Si algo ha identificado a los gobiernos de los últimos veinte años: dictadura fujimorista, toledismo, aprismo, ha sido el remate de los recursos naturales y de las empresas estatales al capital imperialista y a otras multinacionales importantes. Este despojo histórico efectuado por decisión de esos gobiernos antipopulares, contó con la complicidad del resto de los partidos de la burguesía representados en el Congreso y ha sido la causa de que las necesidades más urgentes del pueblo continúen sin solución, a pesar de la intensiva explotación de la naturaleza en el país. Esta realidad no cambiará mientras la riqueza nacional no sea propiedad el Estado y su control administrativo no corresponda a los propios trabajadores que la producen. Sólo así será posible iniciar el camino hacia una sociedad donde las masas productoras sean las únicas en disfrutar del resultado de su esfuerzo, llegando a ella mediante la supresión del actual Estado de los Capitalistas y su reemplazo por un Estado de los Trabajadores.
La Agenda de la CGTP
Ante la situación descrita, la obligación de toda dirigencia obrera es encabezar la lucha por los grandes objetivos sociales y políticos de los trabajadores. Pero la dirección de la CGTP no cumple su deber clasista. En febrero pasado elaboró lo que denomina la “Agenda de los Trabajadores” y que no contiene banderas fundamentales como: la re-estatización de las empresas privatizadas, la anulación de los Tratados de Libre Comercio, el desconocimiento de la Deuda Externa, un salario que cubra la canasta familiar, el acceso a los servicios públicos a precios populares, la tierra y el financiamiento para el campesinado, la ruptura con los gobiernos y organismos económicos imperialistas, y, aunque reivindica una educación gratuita, no defiende la gratuidad de la salud.
Sin embargo la plataforma levanta demandas que no corresponden a las soluciones que exigen los intereses del proletariado y su aguda condición de pobreza: incremento de impuestos a las rentas (un minúsculo paliativo a la explotación del trabajo por el capital); apoyo a la mediana empresa que exprime a los trabajadores como lo hace la gran empresa; exigencia de protección patrimonial para la industria azucarera actual (que beneficia a los capitalistas Oviedo) en lugar de luchar por la expropiación sin pago de los patrones y el paso de las empresas a control obrero; apoyo a las Mypes (concepto en que se fusionan diferentes intereses de clase: el trabajador independiente, la microempresa y la pequeña empresa de masiva explotación); demanda de “cambio de Constitución” (que busca reformar la Constitución actual y mantener una Constitución burguesa para el Perú). Todas estas medidas están encaminadas a reformar tímidamente ciertos aspectos del Estado actual, para que permanezca vigente y el poder económico y político siga siendo ajeno y enemigo de las masas.
La plataforma del nacionalismo burgués
Vista la concepción reivindicativa burguesa de la burocracia sindical, no sorprende que haya otorgado su apoyo al programa con que el Partido Nacionalista acude a las elecciones. El PNP publicó en octubre pasado un documento de 10 puntos que caracteriza muy bien su política de defensa del sistema capitalista y del Estado de la burguesía peruana.
Los pilares de esta plataforma son los siguientes puntos:
1.- Nueva Constitución. Una nueva Constitución “democrática” en nuestra historia, pero que como siempre no toque ninguna de las bases económicas y políticas del poder de la clase dominante. 2.- Economía nacional de mercado. Defensa de la economía capitalista de mercado, sistema explotador de los trabajadores que cautela los intereses de las “inversiones nacionales o extranjeras”. 4.- Recuperar soberanía sobre los recursos de la nación, 6.- Trabajo y pensiones dignas y 7.- Educación y salud para todos. Grandes demagogias. Ni una sola medida concreta para establecer “soberanía nacional” (vale decir propiedad estatal de toda la riqueza), “trabajo decente” (es decir salarios que realmente solventen las necesidades populares), ni “educación y salud universales, gratuitas y de calidad”. Ninguna verdadera voluntad política, porque el Humalismo tendría que expropiar al imperialismo y a la burguesía (a la que pertenece) y para garantizar con esos recursos el desarrollo de la población de todas las regiones. 8.- Vida segura. Estado policiaco. Frente a la situación de miseria estructural de amplios sectores y el resultante crecimiento de la delincuencia, los gobiernos burgueses siempre apelan a la represión pero nunca a la creación de una economía en favor de los trabajadores. El nacionalismo no sería la excepción. 10.- Integración regional y globalización solidaria. La “revisión” de los TLCs, su permanencia, la preservación de la sumisión al imperialismo y el mantenimiento del país en las instituciones creadas por las clases opresoras sudamericanas (CAN, Mercosur, Unasur).
A este programa capitalista le ha brindado hace meses su apoyo la cúpula de la CGTP, que como sabemos está conformada por el PC y Patria Roja.
Los candidatos de la CGTP
La Asamblea de Delegados de la CGTP del 12 de febrero tomó una histórica decisión, muy lamentable desde el punto de vista de los grandes objetivos – históricos - de los trabajadores. Aprobó su apoyo electoral oficial a cinco candidatos que integran las listas de Gana Perú, candidatos que ejercen cargos de representación sindical: Sifuentes, Dammert, Cortez, Ruiz y de la Cruz. Entre ellos Carmela Sifuentes y Manuel Cortez, Presidenta y Secretario de Organización de la Central. Esta decisión respalda candidatos que son producto de un acuerdo entre el PNP, la alta burocracia sindical y el oportunista Partido Comunista Peruano, del que Roberto de la Cruz es Secretario General.
Este respaldo pone el voto de la vanguardia de las masas a los pies de los intereses de la fracción nacionalista de la burguesía peruana y de su candidato, un alto oficial del Ejército con una pública foja de represor. Así La burocracia sindical reformista destruye otra vez la posibilidad de una política clasista independiente frente al conjunto de la clase dominante y de su Estado. El nacionalismo burgués puede jactarse ahora de haber domesticado completamente al movimiento sindical por obra de la misma dirección que durante años se negó a derribar a los detestados gobiernos de Toledo y García, impidiendo la unidad de todas las luchas y levantamientos del país en una Huelga General Indefinida y la articulación de todo el movimiento obrero y popular en una Asamblea Popular Nacional que construya el poder de los explotados. La dirección de la CGTP tuvo la oportunidad de llamar al movimiento de masas a presentar sus propios candidatos que lo representaran y lucharan por sus objetivos de clase, pero prefirió nuevamente el servilismo reformista. Las nuevas generaciones proletarias sabrán juzgarla y deslindar políticamente con ella.
Para tomar en nuestras manos la riqueza nacional producida por los trabajadores,
iniciando el camino revolucionario a la sociedad socialista:
¡Expropiar sin pago al imperialismo y a la burguesía,
poniendo las empresas bajo control de los trabajadores!
Los trabajadores no tenemos candidato a la Presidencia.
No votar por ninguna candidatura de la clase dominante.
¡Voto clasista, voto nulo!
Marzo 23, 2011
Colectivo Revolución Permanente en el Perú
SIN PAGO Y CON EL CONTROL OBRERO DE LAS EMPRESAS
Si algo ha identificado a los gobiernos de los últimos veinte años: dictadura fujimorista, toledismo, aprismo, ha sido el remate de los recursos naturales y de las empresas estatales al capital imperialista y a otras multinacionales importantes. Este despojo histórico efectuado por decisión de esos gobiernos antipopulares, contó con la complicidad del resto de los partidos de la burguesía representados en el Congreso y ha sido la causa de que las necesidades más urgentes del pueblo continúen sin solución, a pesar de la intensiva explotación de la naturaleza en el país. Esta realidad no cambiará mientras la riqueza nacional no sea propiedad el Estado y su control administrativo no corresponda a los propios trabajadores que la producen. Sólo así será posible iniciar el camino hacia una sociedad donde las masas productoras sean las únicas en disfrutar del resultado de su esfuerzo, llegando a ella mediante la supresión del actual Estado de los Capitalistas y su reemplazo por un Estado de los Trabajadores.
La Agenda de la CGTP
Ante la situación descrita, la obligación de toda dirigencia obrera es encabezar la lucha por los grandes objetivos sociales y políticos de los trabajadores. Pero la dirección de la CGTP no cumple su deber clasista. En febrero pasado elaboró lo que denomina la “Agenda de los Trabajadores” y que no contiene banderas fundamentales como: la re-estatización de las empresas privatizadas, la anulación de los Tratados de Libre Comercio, el desconocimiento de la Deuda Externa, un salario que cubra la canasta familiar, el acceso a los servicios públicos a precios populares, la tierra y el financiamiento para el campesinado, la ruptura con los gobiernos y organismos económicos imperialistas, y, aunque reivindica una educación gratuita, no defiende la gratuidad de la salud.
Sin embargo la plataforma levanta demandas que no corresponden a las soluciones que exigen los intereses del proletariado y su aguda condición de pobreza: incremento de impuestos a las rentas (un minúsculo paliativo a la explotación del trabajo por el capital); apoyo a la mediana empresa que exprime a los trabajadores como lo hace la gran empresa; exigencia de protección patrimonial para la industria azucarera actual (que beneficia a los capitalistas Oviedo) en lugar de luchar por la expropiación sin pago de los patrones y el paso de las empresas a control obrero; apoyo a las Mypes (concepto en que se fusionan diferentes intereses de clase: el trabajador independiente, la microempresa y la pequeña empresa de masiva explotación); demanda de “cambio de Constitución” (que busca reformar la Constitución actual y mantener una Constitución burguesa para el Perú). Todas estas medidas están encaminadas a reformar tímidamente ciertos aspectos del Estado actual, para que permanezca vigente y el poder económico y político siga siendo ajeno y enemigo de las masas.
La plataforma del nacionalismo burgués
Vista la concepción reivindicativa burguesa de la burocracia sindical, no sorprende que haya otorgado su apoyo al programa con que el Partido Nacionalista acude a las elecciones. El PNP publicó en octubre pasado un documento de 10 puntos que caracteriza muy bien su política de defensa del sistema capitalista y del Estado de la burguesía peruana.
Los pilares de esta plataforma son los siguientes puntos:
1.- Nueva Constitución. Una nueva Constitución “democrática” en nuestra historia, pero que como siempre no toque ninguna de las bases económicas y políticas del poder de la clase dominante. 2.- Economía nacional de mercado. Defensa de la economía capitalista de mercado, sistema explotador de los trabajadores que cautela los intereses de las “inversiones nacionales o extranjeras”. 4.- Recuperar soberanía sobre los recursos de la nación, 6.- Trabajo y pensiones dignas y 7.- Educación y salud para todos. Grandes demagogias. Ni una sola medida concreta para establecer “soberanía nacional” (vale decir propiedad estatal de toda la riqueza), “trabajo decente” (es decir salarios que realmente solventen las necesidades populares), ni “educación y salud universales, gratuitas y de calidad”. Ninguna verdadera voluntad política, porque el Humalismo tendría que expropiar al imperialismo y a la burguesía (a la que pertenece) y para garantizar con esos recursos el desarrollo de la población de todas las regiones. 8.- Vida segura. Estado policiaco. Frente a la situación de miseria estructural de amplios sectores y el resultante crecimiento de la delincuencia, los gobiernos burgueses siempre apelan a la represión pero nunca a la creación de una economía en favor de los trabajadores. El nacionalismo no sería la excepción. 10.- Integración regional y globalización solidaria. La “revisión” de los TLCs, su permanencia, la preservación de la sumisión al imperialismo y el mantenimiento del país en las instituciones creadas por las clases opresoras sudamericanas (CAN, Mercosur, Unasur).
A este programa capitalista le ha brindado hace meses su apoyo la cúpula de la CGTP, que como sabemos está conformada por el PC y Patria Roja.
Los candidatos de la CGTP
La Asamblea de Delegados de la CGTP del 12 de febrero tomó una histórica decisión, muy lamentable desde el punto de vista de los grandes objetivos – históricos - de los trabajadores. Aprobó su apoyo electoral oficial a cinco candidatos que integran las listas de Gana Perú, candidatos que ejercen cargos de representación sindical: Sifuentes, Dammert, Cortez, Ruiz y de la Cruz. Entre ellos Carmela Sifuentes y Manuel Cortez, Presidenta y Secretario de Organización de la Central. Esta decisión respalda candidatos que son producto de un acuerdo entre el PNP, la alta burocracia sindical y el oportunista Partido Comunista Peruano, del que Roberto de la Cruz es Secretario General.
Este respaldo pone el voto de la vanguardia de las masas a los pies de los intereses de la fracción nacionalista de la burguesía peruana y de su candidato, un alto oficial del Ejército con una pública foja de represor. Así La burocracia sindical reformista destruye otra vez la posibilidad de una política clasista independiente frente al conjunto de la clase dominante y de su Estado. El nacionalismo burgués puede jactarse ahora de haber domesticado completamente al movimiento sindical por obra de la misma dirección que durante años se negó a derribar a los detestados gobiernos de Toledo y García, impidiendo la unidad de todas las luchas y levantamientos del país en una Huelga General Indefinida y la articulación de todo el movimiento obrero y popular en una Asamblea Popular Nacional que construya el poder de los explotados. La dirección de la CGTP tuvo la oportunidad de llamar al movimiento de masas a presentar sus propios candidatos que lo representaran y lucharan por sus objetivos de clase, pero prefirió nuevamente el servilismo reformista. Las nuevas generaciones proletarias sabrán juzgarla y deslindar políticamente con ella.
Para tomar en nuestras manos la riqueza nacional producida por los trabajadores,
iniciando el camino revolucionario a la sociedad socialista:
¡Expropiar sin pago al imperialismo y a la burguesía,
poniendo las empresas bajo control de los trabajadores!
Los trabajadores no tenemos candidato a la Presidencia.
No votar por ninguna candidatura de la clase dominante.
¡Voto clasista, voto nulo!
Marzo 23, 2011
Colectivo Revolución Permanente en el Perú
noviembre 24, 2010
Editorial de Revolución Socialista # 6 (Noviembre 2010)
Quién podría decir que el pueblo trabajador ha carecido de combatividad hacia el gobierno aprista. Algunas veces mejor organizado y otras espontáneamente, no ha dejado de enfrentar los continuos ataques del Ejecutivo burgués, su bloque parlamentario y su aparato judicial. En ciertos momentos consiguió incluso colocar a la defensiva al enemigo de clase, pudiendo llegar a abrirse una situación más favorable.
Ha sido más bien el recurrente boicot a esa disposición de lucha por parte de los propios dirigentes del movimiento obrero, es decir la burocracia sindical con su premeditada política de paros brevísimos, aislados y de engañosas “mesas de diálogo”, lo que produjo derrotas que le dieron suficiente respiro al régimen. En estos días hay encuestas que le otorgan a Alan García hasta un 40 % de aceptación, muy superior al índice del que gozaba Toledo en sus últimos meses. Esto es un reflejo, en la conciencia coyuntural de la población, de la decepción a que la someten estas cúpulas desprestigiadas que se han negado testarudamente a convocar una Huelga General Indefinida contra cada uno de estos gobiernos.
En sustitución de la política clasista que tendría el deber de practicar, la burocracia es siempre electoralista y servil hacia las opciones burguesas. En particular, partidos como los de Humala (PNP) y Villarán (FS) son elogiados, apoyados y obedecidos por la dirección de la CGTP, constituida de partidos reformistas pseudosocialistas. De esta manera se estafa a las masas, generándoles falsas esperanzas en proyectos comprometidos, por su naturaleza social, con los intereses capitalistas y el sostenimiento del Estado burgués. En ausencia aún de una nueva generación de activistas obreros de formación marxista, a las cúpulas les es sencillo imponer esta política ajena y contraria a la Revolución Proletaria Socialista.
La política revolucionaria se propone unir las filas de todos los explotados contra la burguesía en todas sus expresiones, según el principio marxista de la independencia de clase. Esta táctica de la acción unitaria de todas las organizaciones de trabajadores fue históricamente establecida por la Internacional Comunista, desde 1921, con el nombre de “Frente Único”. Basados en ella, los comunistas luchamos al interior del movimiento de masas por la adopción de un programa revolucionario para establecer un Estado de Trabajadores sobre las ruinas del Estado actual. Como parte de ese programa, planteamos la organización de nuevos organismos de poder como una Asamblea Popular Nacional y la construcción de un partido obrero revolucionario que asuma el liderazgo del movimiento.
Cumplido un proceso de decantamiento político y metodológico, los editores de Tribuna Clasista iniciamos la publicación de Revolución Socialista como uno de los órganos nacionales de nuestra agrupación internacional. En el período anterior el esfuerzo estuvo dirigido a intentar tender un puente entre el programa revolucionario histórico y los dispersos elementos y grupos de vanguardia que venían surgiendo. Algunos de ellos acogieron nuestra invitación a expresarse en estas páginas, otros todavía son víctimas de su propio comportamiento sectario. En este nuevo período, ya de prensa partidaria, consideramos a este trabajo una indispensable herramienta en la lucha por crear una organización revolucionaria de trabajadores en el Perú, con un programa político que sintetice la experiencia que la historia de la lucha de clases nos ofrece.
por el camino de Lenin y Trotsky
Colectivo Revolución Permanente en el Perú
Noviembre 07 de 2010
Ha sido más bien el recurrente boicot a esa disposición de lucha por parte de los propios dirigentes del movimiento obrero, es decir la burocracia sindical con su premeditada política de paros brevísimos, aislados y de engañosas “mesas de diálogo”, lo que produjo derrotas que le dieron suficiente respiro al régimen. En estos días hay encuestas que le otorgan a Alan García hasta un 40 % de aceptación, muy superior al índice del que gozaba Toledo en sus últimos meses. Esto es un reflejo, en la conciencia coyuntural de la población, de la decepción a que la someten estas cúpulas desprestigiadas que se han negado testarudamente a convocar una Huelga General Indefinida contra cada uno de estos gobiernos.
En sustitución de la política clasista que tendría el deber de practicar, la burocracia es siempre electoralista y servil hacia las opciones burguesas. En particular, partidos como los de Humala (PNP) y Villarán (FS) son elogiados, apoyados y obedecidos por la dirección de la CGTP, constituida de partidos reformistas pseudosocialistas. De esta manera se estafa a las masas, generándoles falsas esperanzas en proyectos comprometidos, por su naturaleza social, con los intereses capitalistas y el sostenimiento del Estado burgués. En ausencia aún de una nueva generación de activistas obreros de formación marxista, a las cúpulas les es sencillo imponer esta política ajena y contraria a la Revolución Proletaria Socialista.
La política revolucionaria se propone unir las filas de todos los explotados contra la burguesía en todas sus expresiones, según el principio marxista de la independencia de clase. Esta táctica de la acción unitaria de todas las organizaciones de trabajadores fue históricamente establecida por la Internacional Comunista, desde 1921, con el nombre de “Frente Único”. Basados en ella, los comunistas luchamos al interior del movimiento de masas por la adopción de un programa revolucionario para establecer un Estado de Trabajadores sobre las ruinas del Estado actual. Como parte de ese programa, planteamos la organización de nuevos organismos de poder como una Asamblea Popular Nacional y la construcción de un partido obrero revolucionario que asuma el liderazgo del movimiento.
Cumplido un proceso de decantamiento político y metodológico, los editores de Tribuna Clasista iniciamos la publicación de Revolución Socialista como uno de los órganos nacionales de nuestra agrupación internacional. En el período anterior el esfuerzo estuvo dirigido a intentar tender un puente entre el programa revolucionario histórico y los dispersos elementos y grupos de vanguardia que venían surgiendo. Algunos de ellos acogieron nuestra invitación a expresarse en estas páginas, otros todavía son víctimas de su propio comportamiento sectario. En este nuevo período, ya de prensa partidaria, consideramos a este trabajo una indispensable herramienta en la lucha por crear una organización revolucionaria de trabajadores en el Perú, con un programa político que sintetice la experiencia que la historia de la lucha de clases nos ofrece.
por el camino de Lenin y Trotsky
Colectivo Revolución Permanente en el Perú
Noviembre 07 de 2010
En la lucha por la socialización de la economía del país. FRENTE UNICO DE LOS TRABAJADORES CONTRA TODA LA BURGUESIA.
En la recta final del gobierno aprista, podemos constatar que los objetivos fundamentales de la clase dominante para este período se han ido cumpliendo. Especialmente la política privatizadora, proveniente de la dictadura fujimorista y del gobierno de Toledo, que ha dado otro salto exponencial mediante una ofensiva de concesiones de recursos naturales a empresas imperialistas y otros capitales extranjeros. Sólo para mencionar una cifra, hoy en día alrededor del 90 % de la amazonía peruana está concesionada y en situación parecida se encuentran la región andina y el resto del territorio.
Aunque contestada por reiteradas manifestaciones, huelgas y levantamientos populares, esta política reaccionaria ha sido sistemáticamente establecida, tanto por la alianza que mantienen el APRA, el Fujimorismo, PPC, Solidaridad Nacional, UPP, Perú Posible, Restauración Nacional y otros en el Congreso, como por la avalancha de Decretos Legislativos que esa mayoría parlamentaria delegó dictaminar al gobierno de Alan García en estos años. Dentro de esta legislación antipopular se encuentran también los decretos que criminalizan la protesta, la movilización, las paralizaciones, toda acción de respuesta a las agresiones económicas y políticas de la burguesía.
En estas condiciones ha llegado la movilización por la defensa de uno de los recursos más importantes que podría beneficiar a nuestros pueblos: el gas. La provincia cusqueña de La Convención llevó a cabo una huelga indefinida durante casi veinte días a partir del 27 de julio. Una huelga que recibió el apoyo masivo de la población de la región y la convocatoria de huelgas indefinidas semejantes en las provincias de Canchis y Espinar, que ya en meses y años anteriores habían desarrollado el mismo método de lucha. Estas huelgas, sin embargo, al no activarse en las trece provincias del Cusco y habiéndose lanzado des-sincronizadamente, no pudieron acabar con los planes del Gobierno, quedando aisladas y teniendo que suspenderse en base a falaces promesas y engaños del Ejecutivo a las organizaciones populares.
¿Por qué resulta tan sencillo que el Gobierno termine saliendo del aprieto y neutralizando la movilización de las masas? Porque son las propias direcciones burocráticas del movimiento de masas las que en este caso se oponen decididamente a una Huelga Regional Indefinida y a una Huelga Macroregional del Sur, reclamadas hace mucho por las bases trabajadoras. Se trata de la burocracia de la Federación Departamental de Trabajadores del Cusco (FDTC) en colusión con la alta dirección de la CGTP. Son quienes impiden adoptar ese combate a pesar de las firmes y superiores experiencias de huelgas indefinidas a lo largo del período aprista, como han sido por ejemplo, además de las descritas, las de Chumbivilcas, La Oroya, Moquegua, Bagua, Islay y Chala. A las direcciones sindicales burocráticas no les preocupa que estas luchas hayan sido la mejor expresión actual de la conciencia de los explotados y que sólo uniéndolas, fortaleciéndolas y extendiéndolas pueda arrancársele conquistas a la burguesía; no lo admitirán porque su única preocupación son los cargos públicos que pretenden obtener cada vez que llegan los procesos electorales.
Defender una política clasista y no servil
La lucha por el gas es la lucha por toda la riqueza nacional. No es únicamente el gas lo que está en cuestión, sino todos los recursos naturales y la riqueza generada por el pueblo trabajador de todas las regiones, riqueza que los gobiernos burgueses obsequian a los amos imperialistas al precio de su corrupción. Observemos los casos de las empresas estatales, para comprobar que la ofensiva privatizadora sigue en marcha y se pretende liquidar Sedapal, las eléctricas, Corpac, o Enapu (en la línea de la concesión fraudulenta del puerto de Paita).
No hay solución para los trabajadores sin la socialización de la economía, sin que todas las áreas productivas se encuentren en manos de un nuevo Estado de los Trabajadores. El capitalismo, el sistema de la propiedad privada de los medios de producción, significa siempre desempleo, sobreexplotación, salarios ínfimos y permanente pobreza. Es imprescindible acabar con esta economía capitalista en el país y para ello hay que expropiar las empresas imperialistas, los capitales extranjeros y los grandes capitales nacionales, sin retribución económica (pues son bienes que pertenecen legítimamente al pueblo), poniéndolos a funcionar bajo el control directo de sus trabajadores.
El único camino para alcanzar esta meta es luchar con una política que sea independiente de todos los sectores de la burguesía, no con la política colaboracionista y servil que ha caracterizado a las dirigencias del movimiento obrero y popular. Sólo la independencia política de los trabajadores, movilizándonos por nuestras propias reivindicaciones y programa, puede garantizar que habrá victorias. De lo contrario los resultados de las luchas beneficiarán, como hasta ahora, a ciertas fracciones de la clase dominante y no a los explotados.
El fin de las concesiones, la anulación de los TLCs, un salario que cubra la canasta familiar, la desaparición de los services, salud y educación públicas, gratuitas y de calidad, servicios públicos a precios populares, el desconocimiento de la deuda externa…, sólo serán conseguidos sin doblegarse ante los sectores burgueses que se autodefinen como “nacionalistas”, “democráticos”, “progresistas” o “centro-izquierdistas”, los cuales persiguen sus objetivos particulares y atacarán - tanto económica como represivamente - a las masas productoras desde los puestos que logren alcanzar en el actual Estado.
Sus objetivos no son los nuestros, sus métodos tampoco. No son sectores proletarios ni pretenden una sociedad socialista. No nos representan pero sí demandan desesperadamente nuestro apoyo electoral para preservar el Estado capitalista. Por eso el combate contra todos los opresores requiere de una firme táctica de Frente Único entre todos los trabajadores de la ciudad y del campo.
Frente Único combativo y no electoralismo tras el nacionalismo burgués
La responsabilidad de asegurar la unidad de las filas trabajadoras en todas partes, para combatir los proyectos de la burguesía y derrotarlos, corresponde siempre a las direcciones sindicales, especialmente por supuesto a los dirigentes de la central mayoritaria, la CGTP. Pero en lugar de cumplir ese rol, la burocracia del PC y Patria Roja, encabezada por Mario Huamán, ha invertido varios años en propiciar el oportunismo electorerista y rendirse ante el nacionalismo burgués de Ollanta Humala. Ha pretendido convertir artificialmente y por todos los medios, a este miembro de la élite militar y social, en un caudillo del movimiento obrero y popular. Lejos de defender los objetivos y métodos de clase, el propio Huamán, con esa política de postración, se ha hecho designar por la Federación de Construcción Civil para ocupar algún cupo en la futura plancha presidencial de Humala. Adicionalmente, el PC y Patria Roja han llevado a la Alcaldía de Lima a Fuerza Social de Susana Villarán, otra versión partidaria burguesa ya comprometida con los reaccionarios gobiernos privatizadores de Paniagua y Toledo, ahora en alianza con el movimiento pequeño burgués del sacerdote Arana. Para los gobiernos regionales de Arequipa, Cusco o Junín, ha sucedido algo semejante. Qué gran demostración claudicante y pro-burguesa de parte de la tradicional izquierda reformista.
En ese camino, además, la cúpula de la CGTP no ha optado nunca por impulsar la construcción de organismos de poder trabajador como las Asambleas Populares o los Comités de Lucha o Huelga provinciales. Menos por preparar algo superior a las reiteradas e inútiles manifestaciones o paros de un día, como sería una Huelga General Indefinida. Más bien ha llevado de fiasco en fiasco a la vanguardia del movimiento popular: la creación de la Coordinadora Político Social para favorecer al Partido Nacionalista, la destrucción de la iniciativa por una “Asamblea Nacional de los Pueblos” a causa de la propia pugna inter-burocrática PC vs. Patria Roja, la creación de una nueva sigla pro-PNP, el Frenvidas, absolutamente esposada de pies y manos por la política humalista burguesa. No es necesario ser muy zahorí para saber que ese mismo destino le espera al nuevo membrete “Comité Nacional de Lucha en defensa de la Soberanía, los Recursos Naturales y el Medio Ambiente”, abocado a buscar un Referéndum sobre el Gas que la burguesía puede fácilmente sabotear sin tener que resignarse a obedecer su resultado.
Sin voluntad para construir el poder de los trabajadores por medio de nuevos y masivos organismos que nos representen democráticamente en las luchas, a la dirigencia oportunista sólo le ocurre pretender la reforma del Estado de la burguesía mediante una Asamblea Constituyente que “refundaría la República” de los opresores. Este es el señuelo que presentan como panacea, escondiendo que jamás las conquistas históricas de los pueblos han provenido de la provisional existencia de ese tipo de entidades al servicio de la clase dominante, sino de la derrota política (y en algún momento militar) de este enemigo de clase. No de intentar refaccionar lo que hace casi doscientos años fundaron los antiguos oligarcas peruanos, sino de crear un Estado del proletariado por medio de la revolución social, lo que implica levantar un organismo de frente único que pueda ir convirtiéndose en el centro del nuevo Estado, una Asamblea Popular Nacional, opuesta a los poderes burgueses del Gobierno, el Congreso y el Poder Judicial. Al mismo tiempo, para que una táctica electoral tenga algún sentido progresivo clasista, la dirección de la CGTP, es decir el PC y Patria Roja, deben romper toda sujeción a cualquier partido burgués o pequeño burgués, llamando a crear una Candidatura del movimiento obrero y popular, con candidatos elegidos en asambleas democráticas de bases.
El camino del frente único, de la unidad combativa de los trabajadores, es un camino revolucionario, el camino de la Revolución Socialista. Por eso la clase obrera necesita su Partido revolucionario, lo mejor de sus activistas reunidos en torno a un programa de ruptura con el capitalismo y que impulse la alianza obrero – campesina para hacerse del poder político. Sólo así las pequeñas conquistas de hoy no acabarán perdiéndose como en el pasado y toda lucha tendrá un verdadero sentido histórico socialista. A trabajar por construir esa organización con un genuino programa comunista convocamos a nuestros compañeros de todas las luchas, trabajadores y estudiantes.
Publicado en Revolución Socialista # 6 (Noviembre 2010)
Aunque contestada por reiteradas manifestaciones, huelgas y levantamientos populares, esta política reaccionaria ha sido sistemáticamente establecida, tanto por la alianza que mantienen el APRA, el Fujimorismo, PPC, Solidaridad Nacional, UPP, Perú Posible, Restauración Nacional y otros en el Congreso, como por la avalancha de Decretos Legislativos que esa mayoría parlamentaria delegó dictaminar al gobierno de Alan García en estos años. Dentro de esta legislación antipopular se encuentran también los decretos que criminalizan la protesta, la movilización, las paralizaciones, toda acción de respuesta a las agresiones económicas y políticas de la burguesía.
En estas condiciones ha llegado la movilización por la defensa de uno de los recursos más importantes que podría beneficiar a nuestros pueblos: el gas. La provincia cusqueña de La Convención llevó a cabo una huelga indefinida durante casi veinte días a partir del 27 de julio. Una huelga que recibió el apoyo masivo de la población de la región y la convocatoria de huelgas indefinidas semejantes en las provincias de Canchis y Espinar, que ya en meses y años anteriores habían desarrollado el mismo método de lucha. Estas huelgas, sin embargo, al no activarse en las trece provincias del Cusco y habiéndose lanzado des-sincronizadamente, no pudieron acabar con los planes del Gobierno, quedando aisladas y teniendo que suspenderse en base a falaces promesas y engaños del Ejecutivo a las organizaciones populares.
¿Por qué resulta tan sencillo que el Gobierno termine saliendo del aprieto y neutralizando la movilización de las masas? Porque son las propias direcciones burocráticas del movimiento de masas las que en este caso se oponen decididamente a una Huelga Regional Indefinida y a una Huelga Macroregional del Sur, reclamadas hace mucho por las bases trabajadoras. Se trata de la burocracia de la Federación Departamental de Trabajadores del Cusco (FDTC) en colusión con la alta dirección de la CGTP. Son quienes impiden adoptar ese combate a pesar de las firmes y superiores experiencias de huelgas indefinidas a lo largo del período aprista, como han sido por ejemplo, además de las descritas, las de Chumbivilcas, La Oroya, Moquegua, Bagua, Islay y Chala. A las direcciones sindicales burocráticas no les preocupa que estas luchas hayan sido la mejor expresión actual de la conciencia de los explotados y que sólo uniéndolas, fortaleciéndolas y extendiéndolas pueda arrancársele conquistas a la burguesía; no lo admitirán porque su única preocupación son los cargos públicos que pretenden obtener cada vez que llegan los procesos electorales.
Defender una política clasista y no servil
La lucha por el gas es la lucha por toda la riqueza nacional. No es únicamente el gas lo que está en cuestión, sino todos los recursos naturales y la riqueza generada por el pueblo trabajador de todas las regiones, riqueza que los gobiernos burgueses obsequian a los amos imperialistas al precio de su corrupción. Observemos los casos de las empresas estatales, para comprobar que la ofensiva privatizadora sigue en marcha y se pretende liquidar Sedapal, las eléctricas, Corpac, o Enapu (en la línea de la concesión fraudulenta del puerto de Paita).
No hay solución para los trabajadores sin la socialización de la economía, sin que todas las áreas productivas se encuentren en manos de un nuevo Estado de los Trabajadores. El capitalismo, el sistema de la propiedad privada de los medios de producción, significa siempre desempleo, sobreexplotación, salarios ínfimos y permanente pobreza. Es imprescindible acabar con esta economía capitalista en el país y para ello hay que expropiar las empresas imperialistas, los capitales extranjeros y los grandes capitales nacionales, sin retribución económica (pues son bienes que pertenecen legítimamente al pueblo), poniéndolos a funcionar bajo el control directo de sus trabajadores.
El único camino para alcanzar esta meta es luchar con una política que sea independiente de todos los sectores de la burguesía, no con la política colaboracionista y servil que ha caracterizado a las dirigencias del movimiento obrero y popular. Sólo la independencia política de los trabajadores, movilizándonos por nuestras propias reivindicaciones y programa, puede garantizar que habrá victorias. De lo contrario los resultados de las luchas beneficiarán, como hasta ahora, a ciertas fracciones de la clase dominante y no a los explotados.
El fin de las concesiones, la anulación de los TLCs, un salario que cubra la canasta familiar, la desaparición de los services, salud y educación públicas, gratuitas y de calidad, servicios públicos a precios populares, el desconocimiento de la deuda externa…, sólo serán conseguidos sin doblegarse ante los sectores burgueses que se autodefinen como “nacionalistas”, “democráticos”, “progresistas” o “centro-izquierdistas”, los cuales persiguen sus objetivos particulares y atacarán - tanto económica como represivamente - a las masas productoras desde los puestos que logren alcanzar en el actual Estado.
Sus objetivos no son los nuestros, sus métodos tampoco. No son sectores proletarios ni pretenden una sociedad socialista. No nos representan pero sí demandan desesperadamente nuestro apoyo electoral para preservar el Estado capitalista. Por eso el combate contra todos los opresores requiere de una firme táctica de Frente Único entre todos los trabajadores de la ciudad y del campo.
Frente Único combativo y no electoralismo tras el nacionalismo burgués
La responsabilidad de asegurar la unidad de las filas trabajadoras en todas partes, para combatir los proyectos de la burguesía y derrotarlos, corresponde siempre a las direcciones sindicales, especialmente por supuesto a los dirigentes de la central mayoritaria, la CGTP. Pero en lugar de cumplir ese rol, la burocracia del PC y Patria Roja, encabezada por Mario Huamán, ha invertido varios años en propiciar el oportunismo electorerista y rendirse ante el nacionalismo burgués de Ollanta Humala. Ha pretendido convertir artificialmente y por todos los medios, a este miembro de la élite militar y social, en un caudillo del movimiento obrero y popular. Lejos de defender los objetivos y métodos de clase, el propio Huamán, con esa política de postración, se ha hecho designar por la Federación de Construcción Civil para ocupar algún cupo en la futura plancha presidencial de Humala. Adicionalmente, el PC y Patria Roja han llevado a la Alcaldía de Lima a Fuerza Social de Susana Villarán, otra versión partidaria burguesa ya comprometida con los reaccionarios gobiernos privatizadores de Paniagua y Toledo, ahora en alianza con el movimiento pequeño burgués del sacerdote Arana. Para los gobiernos regionales de Arequipa, Cusco o Junín, ha sucedido algo semejante. Qué gran demostración claudicante y pro-burguesa de parte de la tradicional izquierda reformista.
En ese camino, además, la cúpula de la CGTP no ha optado nunca por impulsar la construcción de organismos de poder trabajador como las Asambleas Populares o los Comités de Lucha o Huelga provinciales. Menos por preparar algo superior a las reiteradas e inútiles manifestaciones o paros de un día, como sería una Huelga General Indefinida. Más bien ha llevado de fiasco en fiasco a la vanguardia del movimiento popular: la creación de la Coordinadora Político Social para favorecer al Partido Nacionalista, la destrucción de la iniciativa por una “Asamblea Nacional de los Pueblos” a causa de la propia pugna inter-burocrática PC vs. Patria Roja, la creación de una nueva sigla pro-PNP, el Frenvidas, absolutamente esposada de pies y manos por la política humalista burguesa. No es necesario ser muy zahorí para saber que ese mismo destino le espera al nuevo membrete “Comité Nacional de Lucha en defensa de la Soberanía, los Recursos Naturales y el Medio Ambiente”, abocado a buscar un Referéndum sobre el Gas que la burguesía puede fácilmente sabotear sin tener que resignarse a obedecer su resultado.
Sin voluntad para construir el poder de los trabajadores por medio de nuevos y masivos organismos que nos representen democráticamente en las luchas, a la dirigencia oportunista sólo le ocurre pretender la reforma del Estado de la burguesía mediante una Asamblea Constituyente que “refundaría la República” de los opresores. Este es el señuelo que presentan como panacea, escondiendo que jamás las conquistas históricas de los pueblos han provenido de la provisional existencia de ese tipo de entidades al servicio de la clase dominante, sino de la derrota política (y en algún momento militar) de este enemigo de clase. No de intentar refaccionar lo que hace casi doscientos años fundaron los antiguos oligarcas peruanos, sino de crear un Estado del proletariado por medio de la revolución social, lo que implica levantar un organismo de frente único que pueda ir convirtiéndose en el centro del nuevo Estado, una Asamblea Popular Nacional, opuesta a los poderes burgueses del Gobierno, el Congreso y el Poder Judicial. Al mismo tiempo, para que una táctica electoral tenga algún sentido progresivo clasista, la dirección de la CGTP, es decir el PC y Patria Roja, deben romper toda sujeción a cualquier partido burgués o pequeño burgués, llamando a crear una Candidatura del movimiento obrero y popular, con candidatos elegidos en asambleas democráticas de bases.
El camino del frente único, de la unidad combativa de los trabajadores, es un camino revolucionario, el camino de la Revolución Socialista. Por eso la clase obrera necesita su Partido revolucionario, lo mejor de sus activistas reunidos en torno a un programa de ruptura con el capitalismo y que impulse la alianza obrero – campesina para hacerse del poder político. Sólo así las pequeñas conquistas de hoy no acabarán perdiéndose como en el pasado y toda lucha tendrá un verdadero sentido histórico socialista. A trabajar por construir esa organización con un genuino programa comunista convocamos a nuestros compañeros de todas las luchas, trabajadores y estudiantes.
Publicado en Revolución Socialista # 6 (Noviembre 2010)
Elecciones 2010 – 2011: Un enfoque marxista. El nefasto papel de la "izquierda" y el frentepopulismo.
El proceso electoral burgués, con sus clásicos acomodos y reacomodos, una vez más nos permite apreciar hasta donde están dispuestas a llegar con su traición las actuales dirigencias del movimiento obrero y popular. Las masas movilizadas, agobiadas por la miseria galopante e irreversible dentro del marco capitalista, reiteradamente vienen siendo conducidas a callejones sin salida por burócratas y caudillos cuyas políticas se derivan de la preservación de sus privilegios y desembocan en el sostenimiento del orden burgués.
Es un hecho que las masas trabajadoras en su gran mayoría aun abrigan esperanzas en las elecciones burguesas, por lo tanto, si demandan una alternativa electoral son sus organizaciones las llamadas a unirse para lanzar candidaturas propias sin incluir a representantes de la burguesía. Además, la presentación de candidaturas debería ser una expresión democrática de la voluntad de las bases, desterrando el viejo autoritarismo impuesto por las burocracias sindicales y políticas. Esta forma de erigir una expresión electoral clasista ni de lejos es insinuada por la burocracia sindical; en julio el Secretario General de la CGTP Mario Huamán declaraba a la prensa: “Conversé con el padre Marco Arana, con todas las izquierdas y con el Partido Nacionalista. (...) Reitero, no debe haber ocho candidaturas del sector popular o progresista, deben hacerse los esfuerzos para forjar una sola” (1) , desconociendo que los trabajadores, fuerza productora de la sociedad, jamás deben coaligarse con sectores de la burguesía que una vez en el poder siempre arremeten contra ellos.
El apoyo crítico:
Para los comunistas es claro que la construcción del poder de los trabajadores jamás será por la vía electoral, ya que son los propios trabajadores de la ciudad y el campo quienes deben levantar organismos de confluencia y autodeterminación de masas encaminados a desarrollar su poder político, órganos incompatibles y enfrentados desde el principio con la burguesía y sus instituciones. No existe vía alternativa; el Estado burgués sólo caerá mediante la lucha de las masas organizadas y bajo la conducción de un partido obrero revolucionario. Sin embargo, una táctica electoral consecuente con los intereses de los explotados puede permitir ganar valiosas lecciones de organización política, principalmente a los trabajadores más jóvenes, creando además un espacio dinámico para la discusión y difusión de un programa político revolucionario.
El apoyo crítico no se encuentra fuera del repertorio revolucionario, por ejemplo se le podría brindar a un partido reformista de trabajadores eventualmente enfrentado con una candidatura burguesa, pero criticando abiertamente su programa político reformista (pro burgués) o centrista y sólo si dicho partido cuenta con la simpatía de una porción considerable de las masas. Pero en este momento la situación es muy distinta, los parásitos a la cabeza de las organizaciones obreras obedeciendo a sus apetitos personales llaman a votar por candidatos de partidos burgueses, ante esta política colaboracionista sólo existe lugar para el más enérgico repudio.
Los autoproclamados “socialistas” mantienen un enfoque muy distinto y no tardaron en apoyar, “críticamente” en algunos casos y plenamente en otros, a las denominadas candidaturas “alternativas” o “progresistas” vale decir a la izquierda burguesa. Esa es la táctica electoral del variopinto revisionismo seudo marxista, lo lamentable es que muchos jóvenes en sus filas, tan entusiastas como desorientados siguen dispuestos a seguir esta errada política, tal como ocurrió en las pasadas elecciones municipales y regionales.
Otras opciones… ¿Pizango?
Para los contestatarios y “anti neoliberales” las opciones electorales no se limitan a Villarán, ya coronada con un apretado triunfo, Ollanta Humala o el cura Arana, también tienen a Pizango ¡Caray! Y cómo no apoyarlo si sería el supuesto artífice de levantar en armas a las heroicas masas indígenas en el histórico “Baguazo”, aunque poco después él mismo lo negara rotundamente: “Yo estuve en contra de la toma de carreteras, yo siempre he manifestado eso (…) si me hubieran dicho vamos a matar yo estoy en contra de eso, cuando sucedieron estos hechos lamentables y me comenzaron a perseguir yo dije ¡que culpa tengo yo! ¡Acaso yo he mandado a matar!” (2) .
Un joven activista convencido que Alberto Pizango es un aliado natural de la revolución, me esbozó algunos detalles de su vida; perteneciente a la etnia Shawi, desde los 17 años maestro de escuela en su comunidad, padre de familia con cuatro hijos, más tarde como presidente de la Aidesep (3) asumió una oposición recalcitrante frente al gobierno aprista y su intención de saquear los recursos naturales amazónicos. “¡Pizango es un representante genuino de nuestro pueblo!” me increpaba, eso es cierto, pero lo relevante es que sus aspiraciones son meramente reformistas y si bien los choques más duros que su posición ha tenido con el gobierno fueron fruto de la justificada defensa de los ancestrales territorios indígenas sus perspectivas jamás trascendieron el marco capitalista.
El enfrentamiento en “la curva del diablo” donde decenas de hermanos nativos ofrendaron sus vidas, sirvió para demostrar que la población indígena levantada en armas estaba muy por delante de sus dirigentes, quienes consideran que la insurrección consiste en lanzar a las masas contra las huestes de la burguesía (policía – fuerzas armadas) para conseguir una mísera concesión gubernamental.
Luego del heroico “Baguazo” vinieron las humillantes “mesas de negociación” y el gobierno de García volvía a respirar con relativa tranquilidad, ¡punto para el Estado Burgués!. Quedando claro que el movimiento indígena amazónico tiene en su actual dirigencia un pesado lastre del que debe desembarazarse lo antes posible.
Para los revolucionarios, por el contrario, la insurrección de las masas organizabas tiene como objetivo destruir por completo el poder burgués, esta magna tarea sólo podrá realizarse bajo la dirección de un partido revolucionario de carácter proletario, ya que los intereses de la clase obrera chocan directamente con los de la burguesía. Este tipo de partido es el único capaz de conducir y evitar el extravío de los explotados en el camino hacia su emancipación plena. No existe un instrumento político alternativo, el resto son ilusiones que hace tiempo debieron pulverizarse bajo el peso de la experiencia histórica.
El frentepopulismo, una traición a todos los explotados:
El frentepopulismo, es decir la alianza programática entre representantes de la burguesía y organizaciones de trabajadores (bajo el dominio socialdemócrata o stalinista) constituye una flagrante traición a los explotados, ya que el bloque en su conjunto siempre responde a intereses burgueses, lo que desemboca en un inevitable retroceso del movimiento de masas. Los antecedentes de esta política colaboracionista se remontan a la década del 30, cuando en Francia (4) y España (5) las direcciones stalinistas y socialistas desviaron al movimiento obrero hacia la colaboración con la burguesía enmascarándola como una alianza del proletariado con la clase media.
En Francia el Frente Popular fue un instrumento útil para contener el ascenso de masas mediante algunas concesiones a los trabajadores (reconocimiento del derecho sindical, aumento irrisorio de salarios, etc.). En España otro nefasto frente popular apoyado por stalinistas, socialdemócratas y anarquistas se encargó de anular la posibilidad de una revolución proletaria en el marco de la Guerra Civil (1936 – 1939), además desarmó al proletariado organizado facilitando el ascenso del ultrareaccionario régimen franquista.
Las políticas frentepopulistas, aun cuando no colocan a sus representantes a la cabeza del Estado burgués contribuyen a su sostenimiento, por ejemplo en Argentina la denominada Izquierda Unida (1988), engendro del MAS (Movimiento al Socialismo) y el PC, a pesar del rotundo fracaso electoral (6) brindó su cuota en aras de la estabilidad del Estado burgués pregonando a los cuatro vientos que era necesario “democratizarlo” negando la necesidad de destruirlo. La IU (7) en Perú (1980 - 1995) también le permitió al Estado burgués superar momentos críticos, desviando la atención de las masas e impidiendo el surgimiento de órganos de poder proletario. Como “oposición” sirvió de contrapeso estabilizador a la “democracia” burguesa; la IU jamás planteó el derrocamiento de los gobiernos burgueses con los que convivió, por el contrario, estableció una relación simbiótica con ellos basada en “jugar a la oposición”, así sostuvieron al gobierno genocida y corrupto de Alan García (1985 - 1990), llamando luego a votar por Fujimori (1990) cuyo régimen ultrareaccionario asestaría durísimos embates al movimiento obrero que aun no logra superar.
Los años han pasado y en Lima, nos tomó por sorpresa la candidatura de frente popular presentada por un improvisado partido burgués “Fuerza Social”, que de la mano del PC, Patria Roja – MNI, etc. se convertía en la segunda expresión visible de la izquierda burguesa después del Partido Nacionalista Peruano. Y si bien dentro de este sector existieron algunos “coqueteos”, en estos meses tampoco faltaron los desplantes públicos, siendo incierta la conformación de un frente popular unificado a nivel nacional. Pero es un hecho que la burocracia sindical y los partidos reformistas enquistados en el seno del movimiento obrero continuarán pactando con diversos sectores de la burguesía bloqueando así el surgimiento de la independencia política de los trabajadores.
Nos encontramos en meses aleccionadores en los cuales caudillos, burócratas, reformistas y revisionistas de toda laya exhibirán de cuerpo entero su oportunismo. ¡Estemos atentos! Hoy la demagogia barata satura los medios de comunicación, inunda las calles y las plazas, irrumpe en las asambleas de base, y no proviene sólo de los vasallos del imperialismo, incapaces ya de ocultar sus intenciones, sino también de aquellos burócratas agentes de la burguesía que explotan al máximo la influencia que aun mantienen sobre las organizaciones de los trabajadores y de farsantes “progresistas” que se amparan en la actual desorientación de los explotados.
Carlos García M.
Notas:
(1) Diario “La República” 13 de julio de 2010.
(2) Entrevista emitida por “Cuarto poder” (Canal 4) el 30 de mayo de 2010.
(3) Asociación Interétnica para el Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP); reúne a más de 1,300 comunidades indígenas y casi medio centenar de etnias aborígenes. La AIDESEP es un importante movimiento indígena pero uno de sus principales problemas son las ONGs burguesas que la instrumentalizan.
(4) El Frente Popular de Francia (1935 - 1938): coalición política de socialdemócratas (PSU), comunistas (PC), organizaciones de trabajadores (CGT y CGTU) y la burguesía (El Partido Radical fue el más importante). Ganó las elecciones parlamentarias en mayo de 1936 con Léon Blum como Primer Ministro.
(5) El Frente Popular de España (1935 - 1939), coalición entre partidos burgueses liberales (Izquierda Republicana de Manuel Azaña, la Unión Republicana de Martínez Barrio, Esquerra Republicana de Catalunya de Lluís Companys) y los partidos Socialista y Comunista, con apoyo de los anarquistas y el centrista Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM. El frente popular ganó las elecciones en febrero de 1936 y se mantuvo en el gobierno hasta el fin de la Guerra Civil Española.
(6) Argentina; en las elecciones presidenciales del 14 de mayo de 1989 el candidato de la Izquierda Unida, Néstor Vicente, logró 409,751 votos, apenas el 2,45% del total de electores. Resultando triunfador por el Frente Justicialista de Unidad Popular el peronista de derecha Carlos Saúl Menem.
(7) La Izquierda Unida (IU) en Perú estuvo integrada partidos del movimiento obrero: PC, UNIR (Patria Roja), PCR, FOCEP, UDP (después PUM) y de la izquierda burguesa: PSR (Velasquismo), MAS (de H. Pease, R. Ames y G. Helfer), APS (de G. Mohme).
Publicado en Revolución Socialista # 6 (Noviembre 2010)
Es un hecho que las masas trabajadoras en su gran mayoría aun abrigan esperanzas en las elecciones burguesas, por lo tanto, si demandan una alternativa electoral son sus organizaciones las llamadas a unirse para lanzar candidaturas propias sin incluir a representantes de la burguesía. Además, la presentación de candidaturas debería ser una expresión democrática de la voluntad de las bases, desterrando el viejo autoritarismo impuesto por las burocracias sindicales y políticas. Esta forma de erigir una expresión electoral clasista ni de lejos es insinuada por la burocracia sindical; en julio el Secretario General de la CGTP Mario Huamán declaraba a la prensa: “Conversé con el padre Marco Arana, con todas las izquierdas y con el Partido Nacionalista. (...) Reitero, no debe haber ocho candidaturas del sector popular o progresista, deben hacerse los esfuerzos para forjar una sola” (1) , desconociendo que los trabajadores, fuerza productora de la sociedad, jamás deben coaligarse con sectores de la burguesía que una vez en el poder siempre arremeten contra ellos.
El apoyo crítico:
Para los comunistas es claro que la construcción del poder de los trabajadores jamás será por la vía electoral, ya que son los propios trabajadores de la ciudad y el campo quienes deben levantar organismos de confluencia y autodeterminación de masas encaminados a desarrollar su poder político, órganos incompatibles y enfrentados desde el principio con la burguesía y sus instituciones. No existe vía alternativa; el Estado burgués sólo caerá mediante la lucha de las masas organizadas y bajo la conducción de un partido obrero revolucionario. Sin embargo, una táctica electoral consecuente con los intereses de los explotados puede permitir ganar valiosas lecciones de organización política, principalmente a los trabajadores más jóvenes, creando además un espacio dinámico para la discusión y difusión de un programa político revolucionario.
El apoyo crítico no se encuentra fuera del repertorio revolucionario, por ejemplo se le podría brindar a un partido reformista de trabajadores eventualmente enfrentado con una candidatura burguesa, pero criticando abiertamente su programa político reformista (pro burgués) o centrista y sólo si dicho partido cuenta con la simpatía de una porción considerable de las masas. Pero en este momento la situación es muy distinta, los parásitos a la cabeza de las organizaciones obreras obedeciendo a sus apetitos personales llaman a votar por candidatos de partidos burgueses, ante esta política colaboracionista sólo existe lugar para el más enérgico repudio.
Los autoproclamados “socialistas” mantienen un enfoque muy distinto y no tardaron en apoyar, “críticamente” en algunos casos y plenamente en otros, a las denominadas candidaturas “alternativas” o “progresistas” vale decir a la izquierda burguesa. Esa es la táctica electoral del variopinto revisionismo seudo marxista, lo lamentable es que muchos jóvenes en sus filas, tan entusiastas como desorientados siguen dispuestos a seguir esta errada política, tal como ocurrió en las pasadas elecciones municipales y regionales.
Otras opciones… ¿Pizango?
Para los contestatarios y “anti neoliberales” las opciones electorales no se limitan a Villarán, ya coronada con un apretado triunfo, Ollanta Humala o el cura Arana, también tienen a Pizango ¡Caray! Y cómo no apoyarlo si sería el supuesto artífice de levantar en armas a las heroicas masas indígenas en el histórico “Baguazo”, aunque poco después él mismo lo negara rotundamente: “Yo estuve en contra de la toma de carreteras, yo siempre he manifestado eso (…) si me hubieran dicho vamos a matar yo estoy en contra de eso, cuando sucedieron estos hechos lamentables y me comenzaron a perseguir yo dije ¡que culpa tengo yo! ¡Acaso yo he mandado a matar!” (2) .
Un joven activista convencido que Alberto Pizango es un aliado natural de la revolución, me esbozó algunos detalles de su vida; perteneciente a la etnia Shawi, desde los 17 años maestro de escuela en su comunidad, padre de familia con cuatro hijos, más tarde como presidente de la Aidesep (3) asumió una oposición recalcitrante frente al gobierno aprista y su intención de saquear los recursos naturales amazónicos. “¡Pizango es un representante genuino de nuestro pueblo!” me increpaba, eso es cierto, pero lo relevante es que sus aspiraciones son meramente reformistas y si bien los choques más duros que su posición ha tenido con el gobierno fueron fruto de la justificada defensa de los ancestrales territorios indígenas sus perspectivas jamás trascendieron el marco capitalista.
El enfrentamiento en “la curva del diablo” donde decenas de hermanos nativos ofrendaron sus vidas, sirvió para demostrar que la población indígena levantada en armas estaba muy por delante de sus dirigentes, quienes consideran que la insurrección consiste en lanzar a las masas contra las huestes de la burguesía (policía – fuerzas armadas) para conseguir una mísera concesión gubernamental.
Luego del heroico “Baguazo” vinieron las humillantes “mesas de negociación” y el gobierno de García volvía a respirar con relativa tranquilidad, ¡punto para el Estado Burgués!. Quedando claro que el movimiento indígena amazónico tiene en su actual dirigencia un pesado lastre del que debe desembarazarse lo antes posible.
Para los revolucionarios, por el contrario, la insurrección de las masas organizabas tiene como objetivo destruir por completo el poder burgués, esta magna tarea sólo podrá realizarse bajo la dirección de un partido revolucionario de carácter proletario, ya que los intereses de la clase obrera chocan directamente con los de la burguesía. Este tipo de partido es el único capaz de conducir y evitar el extravío de los explotados en el camino hacia su emancipación plena. No existe un instrumento político alternativo, el resto son ilusiones que hace tiempo debieron pulverizarse bajo el peso de la experiencia histórica.
El frentepopulismo, una traición a todos los explotados:
El frentepopulismo, es decir la alianza programática entre representantes de la burguesía y organizaciones de trabajadores (bajo el dominio socialdemócrata o stalinista) constituye una flagrante traición a los explotados, ya que el bloque en su conjunto siempre responde a intereses burgueses, lo que desemboca en un inevitable retroceso del movimiento de masas. Los antecedentes de esta política colaboracionista se remontan a la década del 30, cuando en Francia (4) y España (5) las direcciones stalinistas y socialistas desviaron al movimiento obrero hacia la colaboración con la burguesía enmascarándola como una alianza del proletariado con la clase media.
En Francia el Frente Popular fue un instrumento útil para contener el ascenso de masas mediante algunas concesiones a los trabajadores (reconocimiento del derecho sindical, aumento irrisorio de salarios, etc.). En España otro nefasto frente popular apoyado por stalinistas, socialdemócratas y anarquistas se encargó de anular la posibilidad de una revolución proletaria en el marco de la Guerra Civil (1936 – 1939), además desarmó al proletariado organizado facilitando el ascenso del ultrareaccionario régimen franquista.
Las políticas frentepopulistas, aun cuando no colocan a sus representantes a la cabeza del Estado burgués contribuyen a su sostenimiento, por ejemplo en Argentina la denominada Izquierda Unida (1988), engendro del MAS (Movimiento al Socialismo) y el PC, a pesar del rotundo fracaso electoral (6) brindó su cuota en aras de la estabilidad del Estado burgués pregonando a los cuatro vientos que era necesario “democratizarlo” negando la necesidad de destruirlo. La IU (7) en Perú (1980 - 1995) también le permitió al Estado burgués superar momentos críticos, desviando la atención de las masas e impidiendo el surgimiento de órganos de poder proletario. Como “oposición” sirvió de contrapeso estabilizador a la “democracia” burguesa; la IU jamás planteó el derrocamiento de los gobiernos burgueses con los que convivió, por el contrario, estableció una relación simbiótica con ellos basada en “jugar a la oposición”, así sostuvieron al gobierno genocida y corrupto de Alan García (1985 - 1990), llamando luego a votar por Fujimori (1990) cuyo régimen ultrareaccionario asestaría durísimos embates al movimiento obrero que aun no logra superar.
Los años han pasado y en Lima, nos tomó por sorpresa la candidatura de frente popular presentada por un improvisado partido burgués “Fuerza Social”, que de la mano del PC, Patria Roja – MNI, etc. se convertía en la segunda expresión visible de la izquierda burguesa después del Partido Nacionalista Peruano. Y si bien dentro de este sector existieron algunos “coqueteos”, en estos meses tampoco faltaron los desplantes públicos, siendo incierta la conformación de un frente popular unificado a nivel nacional. Pero es un hecho que la burocracia sindical y los partidos reformistas enquistados en el seno del movimiento obrero continuarán pactando con diversos sectores de la burguesía bloqueando así el surgimiento de la independencia política de los trabajadores.
Nos encontramos en meses aleccionadores en los cuales caudillos, burócratas, reformistas y revisionistas de toda laya exhibirán de cuerpo entero su oportunismo. ¡Estemos atentos! Hoy la demagogia barata satura los medios de comunicación, inunda las calles y las plazas, irrumpe en las asambleas de base, y no proviene sólo de los vasallos del imperialismo, incapaces ya de ocultar sus intenciones, sino también de aquellos burócratas agentes de la burguesía que explotan al máximo la influencia que aun mantienen sobre las organizaciones de los trabajadores y de farsantes “progresistas” que se amparan en la actual desorientación de los explotados.
Carlos García M.
Notas:
(1) Diario “La República” 13 de julio de 2010.
(2) Entrevista emitida por “Cuarto poder” (Canal 4) el 30 de mayo de 2010.
(3) Asociación Interétnica para el Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP); reúne a más de 1,300 comunidades indígenas y casi medio centenar de etnias aborígenes. La AIDESEP es un importante movimiento indígena pero uno de sus principales problemas son las ONGs burguesas que la instrumentalizan.
(4) El Frente Popular de Francia (1935 - 1938): coalición política de socialdemócratas (PSU), comunistas (PC), organizaciones de trabajadores (CGT y CGTU) y la burguesía (El Partido Radical fue el más importante). Ganó las elecciones parlamentarias en mayo de 1936 con Léon Blum como Primer Ministro.
(5) El Frente Popular de España (1935 - 1939), coalición entre partidos burgueses liberales (Izquierda Republicana de Manuel Azaña, la Unión Republicana de Martínez Barrio, Esquerra Republicana de Catalunya de Lluís Companys) y los partidos Socialista y Comunista, con apoyo de los anarquistas y el centrista Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM. El frente popular ganó las elecciones en febrero de 1936 y se mantuvo en el gobierno hasta el fin de la Guerra Civil Española.
(6) Argentina; en las elecciones presidenciales del 14 de mayo de 1989 el candidato de la Izquierda Unida, Néstor Vicente, logró 409,751 votos, apenas el 2,45% del total de electores. Resultando triunfador por el Frente Justicialista de Unidad Popular el peronista de derecha Carlos Saúl Menem.
(7) La Izquierda Unida (IU) en Perú estuvo integrada partidos del movimiento obrero: PC, UNIR (Patria Roja), PCR, FOCEP, UDP (después PUM) y de la izquierda burguesa: PSR (Velasquismo), MAS (de H. Pease, R. Ames y G. Helfer), APS (de G. Mohme).
Publicado en Revolución Socialista # 6 (Noviembre 2010)
junio 03, 2010
Independencia de clase y no electoralismo pro-burgués
PARA DERROTAR AL RÉGIMEN APRA-PPC-FUJIMORISMO
INDEPENDENCIA POLÍTICA CLASISTA
Y NO ELECTORALISMO PRO-BURGUÉS
La masacre de mineros artesanales en Chala, el 4 de abril de este año, representó un nuevo episodio sangriento de la lucha entre las masas trabajadoras y el gobierno basado en la alianza parlamentaria de los partidos que lideran Alan García, Lourdes Flores y Keiko Fujimori. La matanza de Bagua en junio de 2009 señaló el punto más crítico de este enfrentamiento, aunque cada uno de estos años ha sido un recuento de presos, heridos y muertos en las filas del movimiento obrero y popular.
Luego de Bagua, la indignación y las movilizaciones de las distintas vertientes del movimiento popular (Regiones, Mineros, Campesinos, Maestros, Transportistas…) nuevamente abrieron la posibilidad de convocar una Huelga General Indefinida, pero esa no fue, una vez más, la política de la dirección de la CGTP, que volvió a desgastar a las bases en inofensivas y repetitivas marchas sin cuestionar la permanencia del gobierno antipopular. Es decir lo mismo que ha sucedido durante diez años de democracia y en general a lo largo de cuarenta años desde la reconstitución de la CGTP. Por eso en los doce meses transcurridos, y con nuevos apaleamientos, detenidos, baleados y asesinados, el movimiento de masas ha tenido que soportar más frustraciones y la supervivencia del aborrecido gobierno reaccionario.
Desde el 2006, la burocracia sindical no ha dejado de ponerse a la cola del aparato nacionalista burgués del partido de Ollanta Humala, desapareciendo todo margen para una política proletaria independiente que defienda consecuentemente los intereses de los explotados. Primero creando la Coordinadora Político Social en función de los planes electorales de Humala, ampliándola luego al Frenvidas, tratando de introducir dirigencias indígenas en esos planes. Ningún rastro de política clasista que pueda fortalecer la alianza obrero-campesina contra el régimen, ninguna intención de generar un poder de los trabajadores a partir de las masas movilizadas. En el camino, abortaron incluso un proyecto burocrático y manipulado de Asamblea de los Pueblos, a causa del eterno sectarismo de la “Izquierda” y principalmente de las disputas entre el PC y Patria Roja-MNI, que también carcomen la CGTP.
Todo por los cargos en el Estado
La clase dominante está poniendo a punto sus candidaturas para alcaldes, concejales, autoridades regionales, congresistas y presidentes. Sus candidatos municipales ya están campaña. En cambio, el movimiento obrero y popular no tiene la posibilidad de utilizar esa tribuna para defender sus verdaderas reivindicaciones y sus objetivos estratégicos, porque sus dirigentes han decidido portarse servilmente ante las candidaturas de la burguesía. En todas las ciudades y regiones los dirigentes de la CGTP y los partidos “socialistas” reformistas apoyan a candidatos ajenos a las organizaciones trabajadoras y buscan desesperadamente formar parte de esas listas.
En Lima apoyan a Susana Villarán, ex – ministra de Paniagua, gobierno privatista de Acción Popular, UPP, Somos Perú… En el resto del país corren a cobijarse en las candidaturas burguesas nacionalistas y otras semejantes que nunca beneficiarán a los trabajadores, porque su compromiso es con los grandes capitales y la conservación del Estado de los opresores. Al igual que al militar Humala, adulan al sacerdote Arana, aventurero candidato pequeño burgués.
Los trabajadores de la ciudad y del campo somos la fuerza productora de la sociedad y no necesitamos coaligarnos con representantes de sectores burgueses. La experiencia histórica demuestra que más temprano que tarde los sectores nacionalistas de la burguesía arremeten contra las masas populares que los encumbraron. Pero sucede que la burocracia sindical traidora y los líderes políticos oportunistas han hecho del arbitraje mercenario entre patrones y trabajadores, una forma de vida. Y para defender estos privilegios necesitan ampliar su poder, persiguiendo cargos con gruesas retribuciones económicas mientras negocian su respaldo a candidatos reaccionarios, como en el pasado hicieron con Fujimori (1990) y Toledo (2000). Este es el sentido de la política de Mario Huamán y de los partidos de la “Izquierda”.
La política revolucionaria
Otra debería ser la táctica electoral de las organizaciones de masas en este momento. Candidaturas obreras y populares, elegidas en asambleas representativas de bases y que defiendan un programa de grandes reivindicaciones contra los capitalistas y sus políticos, ayudarían a separar el voto proletario del voto por la burguesía. Esto sería una obligación de la dirección de la CGTP, si de verdad quisiera defender al pueblo. Sería una lección de política clasista para las nuevas generaciones de trabajadores que no han conocido forma alguna de articulación colectiva. Permitiría además proponer y discutir en las bases el programa revolucionario de acción que necesitamos para liberarnos de la explotación y de la represión.
No obstante, ninguna elección traerá la construcción del poder de los trabajadores y un nuevo Estado de los Trabajadores en reemplazo del Estado Capitalista. Esto sólo se consigue con organización y lucha de masas, con organismos que hay que crear y desarrollar como las asambleas populares, con un programa para la expropiación de la clase dominante, y con un partido obrero revolucionario que conduzca esas luchas a la victoria, a la toma del poder. La táctica electoral no es más que un instante, una circunstancia que puede ayudar a propagandizar la lucha revolucionaria, pero que nunca debe servir para reforzar el Estado de los opresores, para apoyar a sus caudillos ni para beneficiar a líderes sindicales oportunistas.
La consigna de la Asamblea Constituyente y la lucha por nacionalizar el gas
La burocracia sindical y los partidos reformistas tienen como objetivo, según sus propias declaraciones, “refundar la República, con una nueva Constitución”. Esto es, buscan lavarle la cara al actual Estado de la burguesía, para que todo continúe como está. Hablando en nombre de los explotados no plantean una República de Trabajadores sin los capitalistas y sus políticos, sino servirle a la clase dominante para maquillar su opresiva República. Ese es el significado de la campaña que realizan por una Asamblea Constituyente. Estas cúpulas añaden además la “lucha contra la corrupción” y por “la soberanía”, como banderas. La soberanía significa enfrentarse al imperialismo y derrotarlo, impedir su expoliación del país; la lucha contra la corrupción significa, precisamente, acabar con la clase dominante que actúa como agente del imperialismo, y con su Estado. Los sectores oportunistas, sin embargo, pretenden combatir al imperialismo elevando en algo los impuestos a sus transnacionales, pero garantizando su permanencia, y combatir la corrupción con más denuncias ante el corrupto Poder Judicial burgués. Sobre estas bases programáticas que defienden al Estado de la burguesía, pretenden organizar un nuevo movimiento unificado de Izquierda.
Al mismo tiempo, el Partido de los Trabajadores de la Ciudad y el Campo (PTCC) promueve también la Asamblea Constituyente, y no obstante declararse adversario de la burocracia sindical, levanta esta consigna como el supremo fruto de una amplia unidad electoral de “las izquierdas”, tratándose pues de la misma política de la burocracia. Nosotros recordamos que ya a finales de los años ’70 las cúpulas desorientaron la creciente disposición combativa de las masas, reemplazando cualquier perspectiva de poder proletario por el parlamentarismo burgués, vía la Asamblea Constituyente. De esta manera se allanó el terreno al reaccionario gobierno de Belaunde Terry (1980). Está visto que al PTCC no le preocupa repetir el vergonzoso espectáculo que dieron los partidos reformistas y centristas en aquella ocasión, ya que desempolva esta vieja fórmula exclusivamente democrático-burguesa, que sabotea la radicalización de las masas y las aleja de la revolución socialista.
Para derrotar al gobierno, al bloque parlamentario que lo sostiene, a la burguesía y a sus amos imperialistas, hay que salir a luchar por la expropiación sin pago, y bajo control de los trabajadores, de todas las empresas transnacionales. Este es el caso de la TGP que controla el gas de Camisea. El gas pertenece a los pueblos del Perú, no a la TGP ni a la alianza APRA-PPC-Fujimorismo. Para defender el gas y todos los recursos naturales, necesitamos más organización, más unidad combativa y una Huelga General Indefinida. En ese camino no es necesaria una Asamblea Constituyente, sino una Asamblea Nacional Popular que unifique a todos los oprimidos. Una Huelga Indefinida en todo el Sur fue propuesta hace unos días por el Comité de Lucha de la provincia de La Convención (Cusco) donde se encuentra Camisea, pero la burocracia PC-Patria Roja-PS la ha saboteado una vez más, convocando por enésima oportunidad a un inútil paro de 24 horas para el 17 de junio. Esta es la demostración, en la vida misma, del programa pro-capitalista de la “Izquierda”, que quiere refundar la República burguesa.
2 de junio de 2010
Colectivo Revolución Permanente en el Perú
INDEPENDENCIA POLÍTICA CLASISTA
Y NO ELECTORALISMO PRO-BURGUÉS
La masacre de mineros artesanales en Chala, el 4 de abril de este año, representó un nuevo episodio sangriento de la lucha entre las masas trabajadoras y el gobierno basado en la alianza parlamentaria de los partidos que lideran Alan García, Lourdes Flores y Keiko Fujimori. La matanza de Bagua en junio de 2009 señaló el punto más crítico de este enfrentamiento, aunque cada uno de estos años ha sido un recuento de presos, heridos y muertos en las filas del movimiento obrero y popular.
Luego de Bagua, la indignación y las movilizaciones de las distintas vertientes del movimiento popular (Regiones, Mineros, Campesinos, Maestros, Transportistas…) nuevamente abrieron la posibilidad de convocar una Huelga General Indefinida, pero esa no fue, una vez más, la política de la dirección de la CGTP, que volvió a desgastar a las bases en inofensivas y repetitivas marchas sin cuestionar la permanencia del gobierno antipopular. Es decir lo mismo que ha sucedido durante diez años de democracia y en general a lo largo de cuarenta años desde la reconstitución de la CGTP. Por eso en los doce meses transcurridos, y con nuevos apaleamientos, detenidos, baleados y asesinados, el movimiento de masas ha tenido que soportar más frustraciones y la supervivencia del aborrecido gobierno reaccionario.
Desde el 2006, la burocracia sindical no ha dejado de ponerse a la cola del aparato nacionalista burgués del partido de Ollanta Humala, desapareciendo todo margen para una política proletaria independiente que defienda consecuentemente los intereses de los explotados. Primero creando la Coordinadora Político Social en función de los planes electorales de Humala, ampliándola luego al Frenvidas, tratando de introducir dirigencias indígenas en esos planes. Ningún rastro de política clasista que pueda fortalecer la alianza obrero-campesina contra el régimen, ninguna intención de generar un poder de los trabajadores a partir de las masas movilizadas. En el camino, abortaron incluso un proyecto burocrático y manipulado de Asamblea de los Pueblos, a causa del eterno sectarismo de la “Izquierda” y principalmente de las disputas entre el PC y Patria Roja-MNI, que también carcomen la CGTP.
Todo por los cargos en el Estado
La clase dominante está poniendo a punto sus candidaturas para alcaldes, concejales, autoridades regionales, congresistas y presidentes. Sus candidatos municipales ya están campaña. En cambio, el movimiento obrero y popular no tiene la posibilidad de utilizar esa tribuna para defender sus verdaderas reivindicaciones y sus objetivos estratégicos, porque sus dirigentes han decidido portarse servilmente ante las candidaturas de la burguesía. En todas las ciudades y regiones los dirigentes de la CGTP y los partidos “socialistas” reformistas apoyan a candidatos ajenos a las organizaciones trabajadoras y buscan desesperadamente formar parte de esas listas.
En Lima apoyan a Susana Villarán, ex – ministra de Paniagua, gobierno privatista de Acción Popular, UPP, Somos Perú… En el resto del país corren a cobijarse en las candidaturas burguesas nacionalistas y otras semejantes que nunca beneficiarán a los trabajadores, porque su compromiso es con los grandes capitales y la conservación del Estado de los opresores. Al igual que al militar Humala, adulan al sacerdote Arana, aventurero candidato pequeño burgués.
Los trabajadores de la ciudad y del campo somos la fuerza productora de la sociedad y no necesitamos coaligarnos con representantes de sectores burgueses. La experiencia histórica demuestra que más temprano que tarde los sectores nacionalistas de la burguesía arremeten contra las masas populares que los encumbraron. Pero sucede que la burocracia sindical traidora y los líderes políticos oportunistas han hecho del arbitraje mercenario entre patrones y trabajadores, una forma de vida. Y para defender estos privilegios necesitan ampliar su poder, persiguiendo cargos con gruesas retribuciones económicas mientras negocian su respaldo a candidatos reaccionarios, como en el pasado hicieron con Fujimori (1990) y Toledo (2000). Este es el sentido de la política de Mario Huamán y de los partidos de la “Izquierda”.
La política revolucionaria
Otra debería ser la táctica electoral de las organizaciones de masas en este momento. Candidaturas obreras y populares, elegidas en asambleas representativas de bases y que defiendan un programa de grandes reivindicaciones contra los capitalistas y sus políticos, ayudarían a separar el voto proletario del voto por la burguesía. Esto sería una obligación de la dirección de la CGTP, si de verdad quisiera defender al pueblo. Sería una lección de política clasista para las nuevas generaciones de trabajadores que no han conocido forma alguna de articulación colectiva. Permitiría además proponer y discutir en las bases el programa revolucionario de acción que necesitamos para liberarnos de la explotación y de la represión.
No obstante, ninguna elección traerá la construcción del poder de los trabajadores y un nuevo Estado de los Trabajadores en reemplazo del Estado Capitalista. Esto sólo se consigue con organización y lucha de masas, con organismos que hay que crear y desarrollar como las asambleas populares, con un programa para la expropiación de la clase dominante, y con un partido obrero revolucionario que conduzca esas luchas a la victoria, a la toma del poder. La táctica electoral no es más que un instante, una circunstancia que puede ayudar a propagandizar la lucha revolucionaria, pero que nunca debe servir para reforzar el Estado de los opresores, para apoyar a sus caudillos ni para beneficiar a líderes sindicales oportunistas.
La consigna de la Asamblea Constituyente y la lucha por nacionalizar el gas
La burocracia sindical y los partidos reformistas tienen como objetivo, según sus propias declaraciones, “refundar la República, con una nueva Constitución”. Esto es, buscan lavarle la cara al actual Estado de la burguesía, para que todo continúe como está. Hablando en nombre de los explotados no plantean una República de Trabajadores sin los capitalistas y sus políticos, sino servirle a la clase dominante para maquillar su opresiva República. Ese es el significado de la campaña que realizan por una Asamblea Constituyente. Estas cúpulas añaden además la “lucha contra la corrupción” y por “la soberanía”, como banderas. La soberanía significa enfrentarse al imperialismo y derrotarlo, impedir su expoliación del país; la lucha contra la corrupción significa, precisamente, acabar con la clase dominante que actúa como agente del imperialismo, y con su Estado. Los sectores oportunistas, sin embargo, pretenden combatir al imperialismo elevando en algo los impuestos a sus transnacionales, pero garantizando su permanencia, y combatir la corrupción con más denuncias ante el corrupto Poder Judicial burgués. Sobre estas bases programáticas que defienden al Estado de la burguesía, pretenden organizar un nuevo movimiento unificado de Izquierda.
Al mismo tiempo, el Partido de los Trabajadores de la Ciudad y el Campo (PTCC) promueve también la Asamblea Constituyente, y no obstante declararse adversario de la burocracia sindical, levanta esta consigna como el supremo fruto de una amplia unidad electoral de “las izquierdas”, tratándose pues de la misma política de la burocracia. Nosotros recordamos que ya a finales de los años ’70 las cúpulas desorientaron la creciente disposición combativa de las masas, reemplazando cualquier perspectiva de poder proletario por el parlamentarismo burgués, vía la Asamblea Constituyente. De esta manera se allanó el terreno al reaccionario gobierno de Belaunde Terry (1980). Está visto que al PTCC no le preocupa repetir el vergonzoso espectáculo que dieron los partidos reformistas y centristas en aquella ocasión, ya que desempolva esta vieja fórmula exclusivamente democrático-burguesa, que sabotea la radicalización de las masas y las aleja de la revolución socialista.
Para derrotar al gobierno, al bloque parlamentario que lo sostiene, a la burguesía y a sus amos imperialistas, hay que salir a luchar por la expropiación sin pago, y bajo control de los trabajadores, de todas las empresas transnacionales. Este es el caso de la TGP que controla el gas de Camisea. El gas pertenece a los pueblos del Perú, no a la TGP ni a la alianza APRA-PPC-Fujimorismo. Para defender el gas y todos los recursos naturales, necesitamos más organización, más unidad combativa y una Huelga General Indefinida. En ese camino no es necesaria una Asamblea Constituyente, sino una Asamblea Nacional Popular que unifique a todos los oprimidos. Una Huelga Indefinida en todo el Sur fue propuesta hace unos días por el Comité de Lucha de la provincia de La Convención (Cusco) donde se encuentra Camisea, pero la burocracia PC-Patria Roja-PS la ha saboteado una vez más, convocando por enésima oportunidad a un inútil paro de 24 horas para el 17 de junio. Esta es la demostración, en la vida misma, del programa pro-capitalista de la “Izquierda”, que quiere refundar la República burguesa.
2 de junio de 2010
Colectivo Revolución Permanente en el Perú
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